16 de septiembre de 2011
Entendidos en la materia, como es el caso de Justo P. Sáenz, autor del primer libro que registra los diversos estilos de los avios (prendas) utilizadas para la equitación en las diversas zonas del país, reconoce por lo menos, ocho tipos de recados diferentes de acuerdo a la zona de utilización, adaptados por sus características al terreno a recorrer por nuestros paisanos.
En notas anteriores he descrito a varios de ellos y en el caso de hoy me referiré al casco cuyano, recado de arzones utilizado en las provincias de San Juan, Mendoza y San Luis y también en las zonas aledañas, adoptado por gente del campo que han apreciado su utilidad, sobre todo en los terrenos quebrados, que es donde este tipo de montura demuestra su verdadera utilidad.
Este tipo de silla muestra a las claras la influencia española en su construcción, pues fue desde Chile, que llego a nuestra tierra el fundador de la ciudad de Mendoza en 1571 en épocas realistas y todos los aperos de la época, pertenecían a la escuela de La Jineta, con altos borrenes que protegían al jinete, tanto en las subidas empinadas como en bajadas pronunciadas ayudados también por pretales y baticolas. Dichos borrenes a veces de una altura exagerada fueron con el tiempo y la labor de artesanos locales, remodelados y adaptados a las necesidades de uso local.
Se usaba con un pelero como sudadera, tejido con una trama no muy apretada hecho con lana de oveja criolla en telares verticales o en su defecto un cuero de cordero entero, curtido y con la lana para abajo, los talabarteros también impusieron el uso de una lona de escaso uso por carecer de la absorbencia que tiene la lana natural. También se utilizan mandiles, jergones o ristros en forma combinada y a gusto del usuario, según el uso a darle, sobre todo al dormir a campo y tener que usar el recado como cama.
Usa carona normalmente de suela y en algunos casos de cuero crudo convenientemente sobado para amoldarlo a la silla, evitando con su uso como en todos los casos de caronas de diferentes recados, el paso del sudor del animal hacia el jinete, las hay también de finísima confección y hermosos repujados, con punteras de plata y hasta de piel de yaguareté según la importancia del recado.
La encimera es del estilo común a las de uso en todo el país, aunque en algunos modelos de paseo de observan argollas para la cincha colocadas en las tablas laterales del casco un tanto mas atrás de las argollas acioneras de donde penden las estriberas de los estribos que son en general del modelo “capacho” estribo de gran tamaño de suela y armazón de hierro tipo “sueco” que por su forma protege grandemente el pie del jinete de espinas y golpes en los frondosos montes del norte.
Es de uso el pellon o cojinillo de largas dimensiones, con un largo de 1,20 o 1,40 m. de largo que tapa toda la silla, permitiendo también como antes mencione su uso en la cama del gaucho norteño en la largas noches de recorrida, el sobrepuesto suele ser de vaqueta pero es de preferencia el de carpincho rematado todo esto con peguales de exquisita terminación con costuras de tiento, terminados en argollas o dados del tipo “damasquinado”, en los correones del pegual suelen utilizar sobre todo los mendocinos hermosos destorcedores “damasquinados” de enorme utilidad para el uso del lazo al prenderlo precisamente de allí.
En los juegos de cabeza o “correajes” son de uso las trenzas y argollas, de cuatro redonda, de cinco chata, de seis redonda, de ocho redonda o cuadrada, de trece plana (patria) o doce redonda que de acuerdo al ingenio y capacidad de los sogueros hacen de ellas verdaderas obras de arte de largas riendas terminadas en “pencas” al decir de los cuyanos las cuales se sujetan al casco por medio de un gancho en forma de “S”, o “cabeza de víbora” prendido del arzón delantero, cuando el jinete hace una parada.
El bozal lleva lo que llaman “carretilleras” para no ser confundido con un bozalejo con un cabresto de por lo menos dos brazadas con un macho doble y terminado en una presilla más chica.
Una de las piezas que caracteriza a los recados de aquellas regiones, es el guardamonte, para trabajar en el monte de jarillas tupido y espinoso, el mismo es de una pieza, el que colocado sobre el casco es sujetado a las acioneras, a diferencia del salteño el cuyano termina recto, ofreciendo muy buena protección al jinete.
En la foto que acompaña la nota vemos una montura “vallista” o sanjuanina retobada en cuero crudo y armazón de madera con altos borrenes y acioneras para los estribos, en el caso de los cascos mendocinos, estos no están retobados y tienen gran similitud con las cangallas chilenas o malvineras de las cuales hablaré en otra oportunidad.
Bueno amigos espero les haya gustado la nota, un saludo y hasta la próxima. rincontradicionalista@hotmail.com
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