4 de mayo de 2012
Amén de denominarse así también la Agrupación de mi amigo Ludovico Larraya de De la Canal, este accesorio del que voy a hablar hoy es tan campero como este gaucho de Roberts, partido de Lincoln.
Netamente gauchos fueron los cencerros y de uso en todo el territorio de la nación y por lo que se conoce y registra existen en nuestras tierras desde el siglo XVI obviamente traídos por los colonos españoles.
Se construían y construyen hoy en bronce, pero también los había en metales parecidos o simplemente lata, aunque estos últimos no tenían la misma sonoridad y su tañido no era tan nítido ni se escuchaba a la distancia como los primeros.
Su principal función era que su buena sonoridad fuera escuchada por el hombre buscando sus animales en el monte, o también que los caballos se acostumbrasen a sentir en ese tañido tan peculiar proveniente de un mismo cencerro, llevado por un animal al que se encontraban amadrinados.
El espectáculo más soberbio que me toco ver en esta práctica, fue en la Fiesta Nacional del Gaucho en Navarro, provincia de Buenos Aires en donde en un entrevero de tropillas de aproximadamente 700 yeguarizos, al ser apartados de sus madrinas, como es de estilo en esas pruebas en muchos casos los “Ahijados” llegaron a saltar los alambres en busca del sonido del cencerro de su madrina y solo tardaron 3 a 4 minutos en volverse a reunir con ellas cuando fueron liberados junto al tropillero, sepa el lector que una tropilla consta de no menos de 7 integrantes más la madrina y el lunar; eso nos da una idea de cuantas tropillas que en más o menos cantidad de caballos o redomones buscaban ese cencerro que los atraía como un cabresto invisible y que cada uno tenía un tañido particular que lo individualiza en el oído del yeguarizo.
El cencerro se usó tanto en el monte como en la llanura y es de asombrar como uno puede llegar a encontrar en pocos momentos la yegua madrina con toda la tropilla, sea dentro del monte como en una mañana cerrada de tupida niebla en la llanura pampeana guiándose solamente por el sonido metálico del cencerro producido por la madrina cuando esta come, camina o se rasca.
Este adminículo gaucho se asegura al cogote de la madrina mediante una guasca de cuero crudo, algo parecida a un fiador, pues lleva presilla y botón.
He tenido ocasión de ver grandes cencerros de magnifico tañido y peso construidos con variadas y bonitas formas así como otros que eran de latón usados en majadas de cabras y ovejas.
Aquí en Tandil la mejor colección de ellos que he visto la poseía el recordado Pedro “Perico” Staneck, eran unos 100 y los había para todos los gustos.
En la foto que acompaña la nota vemos un viejo cencerro en el cual en una cara figura el partido donde estaba la tropilla y en la otra el nombre del dueño de la misma.
Bueno amigos, espero les haya gustado la nota y ¡ah! Paisano no se olvide hágase una gauchada y pase por la Sala de Hemoterapia de nuestro Hospital y done sangre, el pago agradecido, un saludo y hasta la próxima. rincóntradicionalista@hotmail.com
Lo elaboró el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) y fue financiado por el BID. Sobre 31 distritos, Tres de Febrero fue el municipio mejor ubicado, seguido por las ciudades de Córdoba y Santa Fe.
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