16 de marzo de 2012
Entre los elementos que rodearon la vida de nuestro hombre de campo, al afincarse este en fortines y estancias, que fueron poblando nuestro suelo, el rancho, su vivienda, fue uno de los más emblemáticos. “...irse pa’l rancho”, “…hacer rancho aparte”, “…cada carancho a su rancho” o un chamamé que si por si alguno no lo sabe, es el tema más vendido en la historia de la música popular argentina “El rancho de la Cambicha” que interpretara el inolvidable Antonio Tormo, son frases y motivos que ligan al que fuera lugar de reunión, cobijo y descanso, para luego de las largas horas del durísimo trajín que significa el trabajo campero.
Como se sabe, el hombre de nuestras pampas utilizó siempre los medios que lo rodeaban para mejorar su subsistencia, lo hizo con el cuero y el material de la tierra que en realidad era de lo único que disponía y claro ejemplo de esto era la construcción de su choza o vivienda la cual se componía de paredes de barro, techo de paja y piso de tierra.
A las paredes laterales con poste verticales se lo llama “costaneras” estos postes llevan adheridas cañas, alambres o sogas horizontales y paralelas para sostener la pasta de barro y paja llamada “chorizo” que se usa para su construcción. En un rancho a dos aguas, al frente triangular se le denomina “mojinete” y lleva una viga principal en que descansa la “cumbrera”, al centro de esta parte y apoyados en ambos lados de ella van las “tijeras” que bajan hasta la pared costanera y sobresalen un trecho para formar el “alero”, sobre las tijeras van horizontal y paralelamente las cañas o ramas de sauce que sostendrán la paja quinchada de la techumbre.
El rancho de “Cespede” o de terrón se construye con terrones o panes cuadrangulares de césped y tierra superpuestos, dándole a la pared un ancho mínimo de cincuenta centímetros. Para cortar los panes de césped se usaban palas especiales de la misma forma que para cortar “leña de oveja”.
El paisano deja de ocho a diez días el barro que prepara para trabajar las paredes, a fin de que se pudra bien. El revoque lo hace con paja bien picada mezclada con bosta de caballo. El último revoque lo efectúa sin paja pero con estiércol de caballo casi un blanqueo.
Juan Manuel de Rosas en su libro de “Instrucciones para la Administración de Estancias” de 1825 aconsejaba a sus mayordomos y capataces: “Deben cuidar los capataces que los peones no corten pajas de las alas de los ranchos para hacer prender el fuego, los mojinetes y caballetes de los ranchos deben componerse cuando se descompongan”.
Se utilizaban para las costuras o amarras que se hacían con cuero o alambre una caña fina de largo suficiente con un ojo en la punta para el paso del alambre el cual atravesaba el quinchado del techo y de esta forma poder atar y ceñir el armado del mismo. Solían también tener una “ramada” que era ni más ni menos que un alero extendido un par de metros que ofrecía más sombra y reparo a sus ocupantes, si tenemos en cuenta la escasa vegetación alta que existía en nuestros campos pampeanos donde el sol caía a pleno e impiadoso.
A propósito si el lector observa los dibujos o pinturas de época verá que casi nunca se da un rancho derecho o a escuadra como si el que lo construía no tuviera noción de las proporciones, era esto debido a que la pampa no contaba con plantas altas y derechas, los talas, piquillines y hasta el mismo quebracho no ofrecen palos largos y derechos lo cual motivaba las desproporciones en algunas construcciones.
En la foto que acompaña la nota obtenida por Esteban Gonnet aproximadamente en 1866 vemos un típico rancho pampeano.
Bueno amigos espero les haya gustado la nota, y ah! paisano, hágase una gauchada, dése una vuelta por la sala de Hemoterapia de “nuestro” Hospital y done sangre, el pago agradecido, hasta la próxima. rincontradicionalista@hotmail.com
Lo elaboró el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) y fue financiado por el BID. Sobre 31 distritos, Tres de Febrero fue el municipio mejor ubicado, seguido por las ciudades de Córdoba y Santa Fe.
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