21 de diciembre de 2012
Entre la variedad de pilchas que usó y usan nuestros gauchos siempre se ha destacado como emblemático el recado, que de acuerdo a la regionalidad tiene características propias de uso por su funcionalidad adaptada generalmente a la topografía o tipo de terreno donde se usaba.
En este caso hablaré del sirigote, a mi gusto uno de los más bonitos y completos, que junto al lomillo porteño y el apero salteño reflejan en su confección toda la gama del arte talabarteril, platero, textil y soguero.
Este recado que tuvo su área de influencia en Río Grande do Sul en Brasil, Uruguay y la Mesopotamia argentina sobre todo en la provincia de Entre Ríos, inclusive en la República del Paraguay, introducido durante la guerra de la Triple Alianza, en el siglo XIX, obviamente la cercanía de nuestro litoral con brasileños y uruguayos la conformaba la existencia de la Confederación la que también entreveró usos y costumbres a los tres estados.
Pero volviendo a nuestro invitado de hoy, el sirigote, que tras estudios realizados por investigadores brasileños o uruguayos no se ponen de acuerdo sobre el nombre que recibe lo que si se sabe que el vocablo es de origen portugués como el lomillo que se usó en territorio argentino es un tipo de silla, de dos cabezales solo que más alto que el porteño debido sin duda al uso en terrenos diferentes a nuestra pampa, plana y repleta de vizcacheras verdadera trampa para el galope de los caballos lo que obligaba en las rodadas, una pronta salida del jinete echando una parada con el cabresto en la mano de ahí los arzones o cabezales bajos del porteño. Como decía los arzones altos del sirigote aptos para zonas de cuchillas y campos quebrados lo que obligó también al uso de pretales y baticolas para evitar la corrida del recado en cuestas y bajadas empinadas.
La confección del mismo siempre en madera liviana y resistente, con los bastos rellenos de junco o crin podían tener o no los cabezales enchapados en plata o metal blando realizado por artesanos o importados de Europa labrados y en algunos casos con incrustaciones de oro, los de gran lujo, que acompañados por bajeras de lana gruesa y rústica tejidas en telar y dobladas al medio, carona grande de suela, encimera del mismo material y la barriguera de piola ancha con los espejos también de suela con argolla para los correones de cuero crudo.
La argolla de la encimera del lado del lazo lleva cosida o prendida la acionera para prenderlo de ahí, cojinillos de cuero de oveja y un sobrepuesto de badana de carpincho o ciervo, con una sobrecincha del mismo material del sobrepuesto y barriguera de suela con correón de cuero crudo del lado de montar.
Las estriberas pueden ser de suela o cuero crudo con argolla o hebilla para regularlas. Los estribos generalmente son de campana, de plata y oro o metal blanco con sus correspondientes pasadores de estribera del mismo material y gusto, teniendo por característica que el caso de llevar estribera de plata o metal blanco chatas, el florón que habitualmente lleva el lomillo porteño a mitad de estos, el sirigote lo lleva pegado al estribo, en cuanto al juego de cabeza, este debe ser de cabezada con frentera y hociquera, freno de patas largas, articuladas en el bocado, con o sin coscoja, con barbada y falsa barbada, riendas con yapa, cuerpo y azoteras, bozal bien ajustado de manera que la hociquera quede montada sobre la nariz, bien arriba dejando libre el hocico, con su correspondiente cabresto. De llevar pretal deberá ser igual al juego de cabeza, en cuero crudo, cosido o a tiento o cualquier trenzado el más frecuente es el chato doble (trenza patria) o el redondo de 12.
De este modo estaría ensillando a la orientala y vistiendo a su montado con uno de los recados más bonitos, lujosos y funcionales que conoce la equitación rioplatense.
En la foto que acompaña la nota vemos aunque en forma parcial un hermoso sirigote mesopotámico en las expertas manos de Don José Antonio Ansola en el momento de ensillar, siendo este personaje autor el libro “Che Patrón” y uno de los últimos referentes del criollismo correntino y a la vez, transcribo un párrafo de su autoría del mencionado libro el cual recomiendo como una gran obra descriptiva de hechos y sucesos de una zona del país tan campera, como la provincia de Corrientes y que a mi ver, deja bien a las claras el sentir del hombre de a caballo un sentir que le es común a todo aquel que tenga o haya tenido contacto con el en el trabajo campero. Y decía ya cerca de los 90 cuando se acortaba el carretel de su vida “…En estos días he pasado emociones lindísimas. Todos los días salgo al campo al aclarar, mi caballo al tranco y con las riendas flojas haciendo un movimiento de péndulo, desapareciendo de un lado y apareciendo en el otro. Cuando lo saco del tranco y lo pongo al galope, hace sonar las narices soplando ¡otra cosa que me encanta! Después de un momento acompasa el sonar con el galope. Tan escuchada esta música por mi y siempre el mismo agradable efecto. Que lindo que el viento te acomode las pilchas, te eche el sombrero a la nuca, el pañuelo con las puntas a la espalda y el caballo haciendo sonar las narices al compás del galope”. Una pintura.
Como dato ilustrativo fue el sirigote el recado que utilizó el profesor Aimée Schiffely en su inigualable viaje a los EE.UU. sobre el lomo de Gato y Mancha.
Bueno amigos espero les haya gustado la nota, y ah! paisano, hágase una gauchada, dése una vuelta por la sala de Hemoterapia de “nuestro” Hospital y done sangre, el pago agradecido. Que pasen una hermosa Navidad y hasta la próxima. rincontradicionalista@hotmail.com
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