30 de septiembre de 2008
Los que estamos cerca de esta actividad (El tradicionalismo) tratamos de manifestarnos o expresarnos en nuestra vocación de distintas maneras, está el hombre verdaderamente campero que aún existen y muchos y que a diario da muestra de su baquía en el manejo de la hacienda y el caballo, el que a través de sus costuras y trenzas logras figuras primorosas sobre una lonja bien sobada, el que le canta a la tierra, el que dibuja, pinta o escribe sobre ella y sus hombres, mujeres y todos forman un conjunto de personajes representativos del ser nacional más autentico.
Hoy trataré de describir a una figura que al igual que Molina Campos, E. Amadeo Artayeta y Jorge D. Campos ayer y Gustavo Solari, Rodolfo Campos, Guillermo Madero Marenco o Carlos Montefusco hoy, volcaron y vuelcan sobre la tela y el papel sus dibujos, que a base de seria investigación histórica reflejan la vida y vivencias rurales de nuestro hombre de campo.
Caballos, pilchas y estilos de ensillar, tusos y hasta el largo de las colas fueron retratados por así decirlo por este autodidacta comprometido con su tierra y el afán por mostrar en forma fidedigna las huellas del pasado, el perfil de cada época y de cada personaje consiguiendo que sus trabajos se convirtieran en verdaderos documentos, siendo hoy serios referentes para aquellos que buscan la rigurosidad histórica.
Lápiz, carbonilla, pluma, témperas, acuarelas y óleos, reflejaron el caballo y el hombre de a caballo que fueron sus temas primordiales en las múltiples facetas del gaucho, el indio, el soldado, el caballo criollo, el flete. El parejero, el reservado, la doma, la yerra, los arreos y las pilchas gauchas que inmortalizó.
Ilustró más de treinta obras, las más encumbradas de la literatura gauchesca: Martín Fierro (José Hernández), La Cautiva y el Matadero
(Esteban Echeverría) Fausto (Estanislao del Campo), Una excursión a los Indios Ranqueles (Lucio Mansilla), Equitación Gaucha (Justo P. Sáenz, h.), retrató a soldados de la patria en su carpeta “Evolución histórica de los uniformes militares” y hay láminas de sus carpetas como por ejemplo “Nuestro Campo”, “La Estancia Vieja”, “La retreta del desierto” y “Gauchos”.
Como los almanaques y los libros que ilustró están presentes en antiguos almacenes, en establecimientos rurales, en museos, Instituciones Tradicionalistas de todo el país, que aficionado al tema no tiene en su poder algún cuadro o reproducción de la obra de Marenco en su rincón de las pilchas o en la sala de su casa.
Nació el 13 de julio de 1914 y su fallecimiento acaecido el 17 de junio de 1996, dejó un espacio muy difícil de reemplazar, pero su obra continúa viva para quienes aman la patria y la tradición, siendo emblema y un ejemplo, no solo para los que lo conocieron, tanto a él como a su obra, sino para las nuevas generaciones, que aprecian con admiración sus dibujos y pinturas.
En la ilustración que acompaña la nota vemos la obra denominada “El patrón viejo” de su autoría donde se aprecia el profundo conocimiento de Marenco en las costumbres de antaño, el overo está de chapeado de
Plata, lomillo porteño, tuse de cogotillo y el clásico arreador con virolos de plata símbolo inequívoco de la condición de mando de su propietario.
Buenos amigos por hoy los dejo y será hasta la próxima.
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