29 de abril de 2010

Espectáculos y sociales

Espectáculos y sociales. Rincón Tradicionalista: Enfermedades del caballo

por Ernesto R. Sangineto


Entre los diferentes achaques que pueden atacar nuestro mejor amigo que según la figura del genial Tito Saubidet no son pocas, trataré de exponer algunas curas camperas, que supongo no serán del total agrado de muchos de la gran legión de veterinarios de nuestra ciudad, cuna de sobresalientes profesionales en la materia. Pero sin duda y en muchísimos casos comprobados han sido de total eficacia en su aplicación, si tenemos en cuenta los pocos elementos con los que contaba el gaucho para esos menesteres.
Tratamientos que el día hoy aún se aplican, trayendo a cuento una experiencia personal en el campo de los señores Gastambide vecino a Rauch, en el cual se crian caballos criollos de primer nivel y genética con todo el apoyo profesional y veterinario a su disposición para el tratamiento de equinos y oh sorpresa al entrar al establecimiento en compañía de mi amigo Alberto “el vasco” Aldaz vimos un hermoso gateado atado a estaca y con un tremendo sapo colgado del cogote, supuestamente para curarle alguna bichera ¿? En casa de herrero…
Ahora veremos lo que los antiguos hacían (y aún hacen):
Algunos paisanos con palabras hacen voltear los gusanos.
La manquera del encuentro, el paisano la cura de varias maneras, la más eficaz es la que se hace con dos sedales en cruz, atravesando el cuero en el lugar enfermo del encuentro, y con dos manojos de cerdas de la cola del animal pasados con una aguja colchonera y anudados después fuertemente, formando dos anillos en forma de que puedan girar dentro de los agujeros del cuero. Fricciona después durante varios días con una solución de ajenjo, aceite y algo más, haciendo girar las cerdas en redondo para que salga todo el pus formado. Hay muchos paisanos que hacen esas fricciones con grasa del perro gordo en vez de ajenjo y aceite.
Para curar el caballo agusanado el remedio más usado consiste en colgarle del cogote un sapo vivo, una pata de oveja, un collar de paja trenzada, un cráneo de perro, así cae el gusano.
Al caballo desortijado, el paisano lo sana atándole unas cerdas de la cola en la pata contraria a la enferma, como también le aplica un remedio eficaz que consiste en introducirle el contenido de un jarro de agua en la oreja opuesta a la pata enferma.
Las nubes en el ojo del caballo, el criollo la cura con aceite de oliva, sal, azúcar o cenizas de cáscara de sauce.
Al caballo que sufre del mal del vaso, el criollo lo cura de varias maneras distintas, entre las cuales hay una que consiste en sangrarle el vaso, pasándole después una pinceladas de huevo batido y engrasándole bien luego el vaso por dentro con unto sin sal.
Para curar el mal de orina en el yeguarizo, el paisano procede lanzando en forma de cruz el rebenque o el chuchillo con su vaina por debajo de la panza del caballo, una vez de derecha a izquierda y otra en sentido contrario. También lo saca colocándole una cataplasma de barro podrido sobre los riñones, dándole vuelta la pisada o poniéndolo en un corral de ovejas, pues el vapor que se desprende del estiércol y orín de estas le produce gran efecto.
El romerillo o mio mio empleado como cáustico se usa mucho para curar ciertas enfermedades de los caballos, los gajos triturados y mezclados con grasa se aplican en emplastos para golpes y manqueras.
Para combatir el moquillo del yeguarizo el criollo le coloca en el pescuezo un collar de trozos de marlo atravesados por una piolita. Otras veces lo hace tomar vahos calientes de eucalipto y aguarrás. En muchos casos hace respirar al animal casi ahorcado por un lazo el humo de una bolsa quemada y azufre. Otro procedimiento consiste en poner dentro de un morral una lata con carbón encendido sobre el se echa azufre, sal y romero para que el caballo respire el vapor por la boca en este caso no ciñe el pescuezo del animal enfermo.
Al caballo abombado se le cura sangrándolo en el paladar o en la vena del ojo.
Para curar la nube de la vista del caballo el criollo lo sangra en el interior del parpado o le pone excremento de cristiano en el hueco o pozo arriba del ojo.
Antiguamente defendía sus caballos contra las picaduras de las víboras colocándoles collares con el pelo de cuero de venado (macho) pues el olor nauseabundo que este despide este animal, marea y ahuyenta las mismas.
Con una pasta formada por hollín del fondo de una olla o cacerola y grasa se curan las mataduras, nacidos y lastimaduras del lomo del caballo.
Estas y muchas otras curas camperas comprendían la botica de nuestro gauchos que habrán sido aplicadas con éxito o no pero esto es como las brujas “yo no creo, pero que las hay, las hay” un abrazo y hasta la próxima.
Correo de Lectores abierto.

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