8 de octubre de 2010

Espectáculos y sociales

Espectáculos y sociales. Rincón Tradicionalista: La Galera

Año 2010, tercer milenio llamada la época de las comunicaciones en las que las grandes empresas del rubro se disputan la hegemonía de lograr servicios cada vez más eficientes y rápidos entre los humanos por lo que el tema de hoy parecerá viejo y anticuado, por ser en la actualidad algo incomprensible y solo perteneciente a nuestra historia y la de otros países que utilizaron a destajo este sistema para comunicarse entre si.

Países, poblaciones y provincias estaban conectados por los servicios que prestaban compañías propietarias de estos transportes, que se usaron como servicio de mensajería y traslados de personas a cualquier punto del país haciendo de cada viaje verdaderas travesías por las vicisitudes de los mismos no solo por la lucha contra el medio ambiente sino en la defensa de los transportado contra el ataque de forajidos o de grupos de aborígenes alzados que luchaban por la invasión a sus territorio.

Eran coches grandes tipo diligencia o mensajería de cuatro ruedas y muchos asientos, con ventanillas y pescante. Se usaba como antes dijimos para el traslado de pasajeros y numerosos generales de los ejércitos se sirvieron de ellas durante sus campañas.

Las mensajerías las utilizaban para transporte, correspondencia y carga. En el techo se llevaban los bultos, petacas, etc. Generalmente la galera llevaba diez pasajeros y en tiempo normal eran tiradas por diez caballos. Cuando llovía mucho o había que transponer los malos pasos de los arroyos pantanos, etc., se le agregaban cuatro y más cuartas. La dirigía el mayoral y dos o más postillones que conducían las cuartas delanteras montados en sus recados. El mayoral también se encargaba de la correspondencia y era él quien tocaba la corneta al llegar a las poblaciones anunciando la proximidad de la mensajería.

Don Timoteo Gordillo fue uno de los primeros empresarios de mensajerías en la provincia de Buenos Aires. En el año 1856 introdujo de Norteamérica gran cantidad de carros y carruajes destinados al transporte de personas y mercaderías para sus diligencias. Refiere en sus memorias que trajo tres buques cargados con instrumentos de agricultura, maquinarias, dos molinos, cien carruajes, ciento cincuenta carros de cuatro ruedas y de elásticos, los primeros de esta clase que se introdujeron en el país.

En el año 1863 las mensajerías más conocidas y que más trabajaban eran:
“El Lucero Sud” entre Dolores y Chascomús.

“El Progreso” de Serapio Juárez, recorrido Azul.

“Las Mensajerías Nacionales”: Lobos, 25 de Mayo y Saladillo.

“Mensajerías del Comercio”: Azul y Tandil.

“Mensajerías Argentinas”: Luján, Salto, Rojas, Pergamino y Junín.

“La Argentina del Sud”: Azul y Bahía Blanca.

“La Pobladora”,”La Protegida”, “El Sueño de la Mañana”, “La Brisa del Desierto”, “La Porteña”,
“La Invariable Vascongada”, “La Protegida de los Saladeros”, “Comercio del Norte”, “La Constante”, “La Humildad” “La Unión del Monte”, “La Prestigiosa”, “La San Pedrona”, “La Unión del Saladillo y Bolívar”, “La Nueva Esperanza”, “ La Infalible” y muchas otras.

En el año 1881 las mensajerías principales en la provincia de Buenos Aires, que servían los pueblos a donde no llegaba el ferrocarril sumaban 150, que disponían de 262 vehículos, 935 empleados fijos y 10.998 caballos.

Estos servicios recorrieron durante su prestación miles de kilómetros uniendo los puntos más distantes y llevando la civilización más allá de las fronteras en un sacrificio por formar la Patria que solo se conoció en esas épocas y a propósito del servicio, paso a relatar una simpática anécdota vivida por Don Miguel Corol Lugones que en una oportunidad tuvo que hacer un viaje en galera y al requerir al dueño del transporte el precio del pasaje, este a su vez le pregunto: -?Cómo quiere viajar Usted, de primera, segunda o tercera clase?- con sorpresa y sin animarse a preguntar en que consistía la diferencia ya que todos estaban igualmente mal instalados, optó por decirle que viajaría de segunda. Cruzando una acequia que se hallaba desbordada, la mala suerte hizo que las ruedas de atrás de la galera quedaran encajadas hasta los ejes. De repente se escuchó la voz enérgica y autoritaria del mayoral que les avisaba a los pasajeros: - Los de primera quedensen, los de segunda bajensen, y los de tercera a hombrear ruedas.- y ahí entendió perfectamente el Señor Lugones la forma en que se había resuelto el problema de las clases en la venta de pasajes.

Si volvemos a ver el viejo y excelente cine argentino en películas de época como “Pampa Bárbara” o “El ?ltimo Perro” podremos ver escenas maravillosas de las galeras y las postas de recambio, aunque tal vez lo veamos más en películas del viejo oeste norteamericano donde su cine exploto el tema con mucha mas asiduidad y habilidad.

Bueno amigos espero le haya gustado la nota, será hasta la próxima.
Correo de Lectores abierto.

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