16 de diciembre de 2009

Espectáculos y sociales

Espectáculos y sociales. Rincón tradicionalista: Matrereando

Por Ernesto R. Sangineto


Entre el sin número de personajes que habitaron nuestras pampas especialmente el desierto, más allá del río Salado, como se solía definir a la frontera con el indio fue sin duda un habitante ocasional dada sus características la figura del matrero. Término que habremos escuchado más de una vez sin saber bien a que se refiere tal definición pues era denominación que se le daba generalmente al gaucho alzado o que por algún delito vivía a campo y por lo tanto durmiendo sobre el recado y sobre las matras, tejidos cuadrilongos de vivos colores que protegían el lomo del caballo y también por la noches al dueño de este que se cubría con ellas.
Pensé en destacar a estos personajes de singular comportamiento y personalidad, puesto que manifestaban en su accionar todo lo que e l gaucho admiraba y quería para si, una libertad sin límites.
Solo se llegaba a las casas donde sabía ser bien recibido, pues alguna muerte que debía o la persecución de algún juez de paz, las partidas de milicos en sus levas en busca de soldados para los fortines de frontera lo habían hecho arisco a las autoridades y sabía que en esos lugares no solo era recibido sino también admirado por el gauchaje, conocedor de sus hazañas; sino también por las niñas del lugar que ponderaban su comportamiento las cuales en demostración de afecto y un poco de piedad cocían y lavaban su ropa a pedido de este, el cual reparaba durante su estadía su recado o alguna soga rota con infinita paciencia y prolijidad, afilando la hoja de su cuchillo si en la casa había piedra pues la huida rápida y desaprensiva a los ojos de sus perseguidores estaba siempre latente cargando también su maleta con yerba (si la había), algún charque, fiambre, tabaco para fumar, etc.
Al divisar la partida solía montar tranquilamente y con displicencia apuntando su caballo hacia el desierto sin siquiera voltear la cabeza sabedor de que no lo perseguirían puesto que montaban sin excepción algún caballo sobresaliente que le sacaría un campo desventaja a los milicos que generalmente mal montados en sus sufridos “patrios” (reyuno, caballo perteneciente al estado al que se lo señalaba cortándole la mitad de una oreja o de las dos y era utilizado por cualquiera que lo necesitara, estando los mismos en general desechos de los vasos y bichocos), y si por casualidad se topaba con estos no dudaba en desmontar enrollando su poncho en el brazo izquierdo peleándolos a todos en una profunda convicción de matar o morir.
Una de sus diversiones predilectas era la de robar las mujeres de otros, no teniendo inconveniente alguno en dejar algún muerto a su paso con tal de lograr su fin, devolviendo a lo mejor al poco tiempo a la niña secuestrada (o no) a su familia recibiendo de esta las maldiciones del caso pero como su accionar lo indica sin inmutarse por todo eso encaraba nuevamente el desierto su morada sin límites.
Divorciado de la sociedad y proscripto por leyes que trataban de hacer cumplir personajes de la época tal vez más bandidos que él no es salteador, ni asesino profesional, tal vez robaba lo que consumía pero con códigos muy particulares que no afectaban la economía de nadie, tal vez algún caballo, los que codiciaba a ultranza por su gusto por ellos al punto que al ser preguntado por algún pelaje en especial en la búsqueda de algún paisano por poseerlo, luego de algunos momentos de reflexión, confirmábale a este último: no existe actualmente un caballo así, dando por sentado que conocía pelos y manchas de todo los caballos sobresalientes de la provincia de Buenos Aires, tal era su memoria y baquia.
En unos minutos recorrió con el pensamiento mil estancias, examinando todos los caballos con pelos marcas y señales particulares como un registro inigualable, y tal vez, al pasar algunos meses se aparecía con el pedido tal como se lo hicieron sin mediar pago ninguno por el encargo, no era este motivo para no cumplir con lo requerido.
Sirvió en los frentes de batalla en todas las guerras del país, externas e internas, y fue perseguido injustamente al no ser ya requerido sus servicios, tanto en poblaciones como en la frontera, para obtener su voto para algún caudillo o por serle codiciada su mujer o bienes o por el mandamás de turno, lo vemos en la historia de Martín Fierro del inmortal José Hernández o la de Juan Moreira que hasta la edad de treinta años no se conoce de él más una vida normal y de trabajo y que al serle en cierta forma invadida su forma de vivir por tratarse de un líder natural entre el gauchaje de la época por su valor habilidad como domador y otras yerbas que le dieron fama de guapo lo utilizaron los lideres políticos de esos años lo que lo llevo con el tiempo en gaucho alzado y paria en su propia tierra y huyendo de los mismo que una vez lo emplearon y que para no seguir siendo carne de cañón elude en constante huida hasta el día de su muerte en el boliche “La Estrella” del partido de Lobos causado esta por una comisión en cierta forma desafiada por Moreira el que había declarado y repetido que “ …no había una partida de policía suficientemente fuerte para prenderlo.”
Era como la mayoría de nuestros gauchos un ser de alma fuerte y corazón generoso que de haber estado al frente de un regimiento de caballería hubierase convertido en una gloria patria, pero todo ese empeño se trastoco en crímenes e instintos salvajes despertados en el por la saña y el odio con que se le persiguió una vez que dejo de ser útil a los intereses de quienes hábilmente lo manejaron y lo convirtieron en matrero y perseguido de la justicia como tantos otros de la época que vivieron situaciones similares teniendo como única escapatoria la cárcel, la frontera del país o la frontera con el indio que cobijo innumerables como el personaje que hoy nos ocupa, obligados a vivir en sus toldos y a veces en condiciones infrahumanas.
En la foto que acompaña la nota tomada aproximadamente en 1870 vemos un posible personaje de nuestra nota con todos sus avios de viaje donde se destacan las enormes potreadoras atadas a su cintura, de chiripa y botas de potro.
Buenos amigos un saludo y hasta la próxima.
Correo de lectores abierto.

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