26 de febrero de 2008

Locales

Locales. RINCON TRADICIONALISTA: Policías en acción (campera)

Desde tiempos inmemoriales sufrió el hombre el problema de la inseguridad y sobretodo en una provincia y/o un país como el nuestro en donde las extensiones son enormes y daban posibilidades a los amigos de lo ajeno a esconderse o simplemente desaparecer sin llegar a ser vistos meses luego de sus atropelladas a las poblaciones o establecimientos de campo.
Ya sobre fines del siglo XIX y comienzos del XX los Juan Moreira, Bairoletto o Mate Cocido dejaron su huella en los anales del delito, hombres muchos de ellos camperos como el que más, dejaban descolocados a los milicos al esfumarse sin dejar rastros a la vista y para eso las fuerzas de seguridad de la época (milicos de a caballo) crearon el sistema de rondines, que consistía en la labor de un oficial y dos milicos que recorría diariamente y en horarios determinados, casas, negocios y estancias, haciendo sonar un silbato para anunciar su presencia, sistema que al igual que hoy con las sirenas de los patrulleros lo único que lograban era advertir a los malhechores, dándole tiempo a huir puesto que en el supuesto caso de ocurrir algo donde nunca pasaba nada, capturar a alguno solo sería obra de la casualidad.
Sin duda alguna una de las funciones del rondín era hacer ver a los milicos en actividad por las calles y campos y de paso ahorrarse la comida para estos y sus montados ya que era costumbre que en los campos que visitaban se los alimentara y alojara.
El rondín portaba una libreta donde anotaba todas las novedades acaecidas en el recorrido que invariablemente terminaran con un “sin novedad”.
Como novedad para el sistema un comisario de de la ciudad de Navarro allá por el 1918 tuvo la idea de entregar a cada vecino jefe de familia un silbato de los usados en el rondín para que esta manera cualquier persona que viese alguna actitud sospechosa, lo haría sonar de esa forma concurrirían en su ayuda no solo los milicos sino los propios vecinos.
Supongo yo que ese tipo de actitudes habrán creado más de una situación embarazosa o cómica obviamente por el mal uso del silbato por nerviosismo o el de ver cosas que no son.
Los policías, otro tipo de cómo se dice hoy armados (no siempre) de tercerolas Remington y el famoso latón (sable) recorrían las extensiones casi siempre mal montados en caballos patrios trataron de la mejor manera de imponer un orden en la campaña que como suele pasar en nuestro bendito país tuvo un éxito relativo perdiéndose las mejores intensiones en pasillos de alcaldías y corruptelas de jueces de paz non sanctus que como es costumbres desde siempre solo echaban agua para su molino.
En la ilustración que acompaña la nota vemos una obra de De la Valle (1852-1903) denominada “La captura del Bandido”, donde se observa como detalle en el fondo al policía herido luego de la acción de la captura.
Bueno amigo espero les haya gustado la nota, los saludo y hasta la próxima.

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