17 de febrero de 2009
Por Ernesto Sangineto
“Y el gaucho sabe arreglarse
Como ninguno se arregla
El colchón son las caronas
El lomillo cabecera
El cojinillo blandura
Y con el poncho o las jergas
Para salvar el rocío
Se cubre hasta la cabeza.”
Sabias palabras las de Don José Hernández en su inmortal “Martín Fierro” donde práctica y simplemente describe el uso de una prenda que fue pieza fundamental en el vestuario del gaucho a través de los tiempos y que de distintos orígenes recibió y utilizó en sus trabajo de campaña en sus paseos domingueros o para taparse él o su china bajo el quincho de su rancho.
La palabra poncho proviene de la voz “punchu” del idioma quechua y fueron del norte de donde llegaron los primeros en manos de aquellos pobladores de la conquista, aumentando luego los aborígenes su producción de textiles al adoptar como propios a los ganados lanares introducidos por los españoles al igual que vacunos y yeguarizos. Los mismos se reprodujeron rápido y espectacularmente dada la calidad de los pastos de nuestras praderas, porque hasta ese momento el indígena se había valido para la confección de sus tejidos del ganado camélido oriundo del país guanacos, vicuñas, llamas, etc.
El poncho listado es el más antiguo en manos de nuestros gauchos, al igual que los chiripas, de menor tamaño pero elaborado con las mismas técnicas y más adelante, al avanzar la conquista del desierto hacia el sur y tomar contacto con los aborígenes de más allá del río Salado (pampas y mapuches del Arauco, en todos sus grupos tribales) aparece el “macuñ” o poncho pampa que tiene su origen en los pueblos araucanos (chileno) que hilaban su propia lana en un huso similar a la de los pueblos andinos, el “coliú” y tejían sus mantas, ponchos y matras en el “wuitral” (telar vertical) y otro para tejer fajas de parantes verticales donde se tiende transversalmente la urdimbre especial para trabajos de laboreo. Los indios valoraban a sus mujeres según la habilidad que tuvieran para tejer, porque contribuía grandemente en la economía del hogar y aumentaba por ende el precio que el novio debía pagar por ella a sus padres en caso de casamiento.
La fabricación de estas prendas, formalizó un verdadero intercambio comercial entre los indígenas y los comerciantes de frontera, los que ha su vez hacían llegar estas a Buenos Aires (capital) logrando de esta forma pingües ganancias (sobre todo para los pulperos) en el intercambio que como sabemos fue históricamente desventajoso para el aborigen. Tabaco, aguardiente, y baratijas de toda especie eran intercambiadas en las ferias de Chapaleufú, Choele- Choel, Melinqueil, Sierra de la Ventana y el Tandil, por blancos y mapuches pudiéndose observar en las mismas los finos trabajos de laboreo y teñido ideado por las mujeres aborígenes.
La entrada del siglo XIX hizo que los nuevos sistemas de desplazamiento en los medios de transporte hicieran ingresar a nuestras zonas artículos importados desde Europa como orfebrería, quincallería (Londres o Bélgica) y también textiles que nos llegaban desde la ciudad de Birmingham (Inglaterra) donde se tejían ponchos “pampas”, chiripas y cojinillos de hilo que competían con los de aquí pero solo en precio por ser estos industrializados, nunca en calidad por ser las nuestras verdaderas joyas artesanales. La llegada de estas mercaderías al país desde el exterior hizo que decayeran las industrias textiles del nordeste y noroeste argentino, Córdoba, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja y otras provincias de la zona vieron disminuir sus ingresos a manos de intereses extranjeros por no poder ubicar sus productos en la capital, que como es historia siempre rindió culto a lo extranjero prefiriéndolo a lo nacional.
El Macuñ o poncho pampa, el chiripa, fajas, matras araucanas o mapuches junto con otros elementos indígenas, como es el caso de las boleadoras o la chuza fueron adoptadas por nuestros gauchos, y en especial las prendas tejidas que aparte cubrirlo en su vestimenta servían como cama en las frías noches pampeanas. El poncho pampa se teje de una sola pieza dejando una sola abertura central para el paso de la cabeza lo que lo diferencia del poncho norteño que se teje en dos paños paralelos, unidos en el centro con algún tipo de costura decorativa, en la actualidad se encuentran en el comercio de regionales o de venta de artículos criollos ponchos confeccionados en dos paños pero con diseños pampas dado el gusto de los usuarios por lucir esos dibujos pero que son tejidos en fábricas del norte del país. Los ponchos de “laboreo” llevan diseños entretejidos listados o con dibujos, también se los trabaja en la urdimbre con técnica “ikat” (teñido por lista atada) y el “plangi” (teñido por reserva con el que se logran anillos y polígonos de diferentes colores). Para el teñido se utilizan productos de origen vegetal, como el roble, raíces de relbún, molle, michai, chilco, laurel y otros, de los cuales se obtienen los diferentes colores usados que al ser combinados mantienen estrecha relación con el pensamiento religioso de los mapuches las regiones celestes del bien y el mal, los colores positivos como el blanco y el azul, negativos como el rojo y el negro y todo entrelazado en los campos (superficie principal) “tue” equivalente a la pampa, las franjas o columnas “wirin” y los bordes “Chuñai”. El campo negro de un “macuñ” (poncho pampa) significa nobleza, el rojo la sangre y el valor, los senderos “wirin” la ascensión de los espíritus protectores y cada escalón una acción exitosa del portador. El poncho cacique de lista atada “trarikan macuñ” puede tener hasta 1.600 amarras en una sola prenda y los símbolos que lleva son complejos indicando la jerarquía e historia genealógica de su dueño como así también sus triunfos en la guerra.
Las antiguas tejenderas conocedoras de los diseños y significado de los símbolos araucanos y tehuelches, caracteres transmitidos de generación en generación se han ido perdiendo en la actualidad junto con las costumbres y hoy existen muchas tejedoras de origen mapuche de las cuales muy pocas conocen el significado de los dibujos que realizan en ponchos, fajas y matras verdaderos mensajes de sus antepasados. Actualmente el criollo lo utiliza para cubrirse de los fríos del Sur o los de más lujo y antigüedad en los desfiles gauchos o jura de recados donde podemos observar verdaderas obras de arte que nos hacen pensar en un pasado que a pesar de las tecnología e Internet nos conmueve hasta las fibras más intimas al verlas descansar sobre el hombro de un paisano o cruzado sobre un recado, tal vez quemado por las chispas de un fogón o agujereado por algún chuzazo en las montoneras o defendiendo el cuero de su dueño en algún duelo criollo arrollado en el antebrazo.
En la foto que acompaña la nota vemos un importante poncho pampa overo con tres calles doble troncal y listas rojas y de laboreo, una pieza de colección.
Buenos amigos espero les haya gustado la nota los saludo y hasta la próxima.
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