1 de octubre de 2009

Locales

Locales. RINCON TRADICONALISTA: La carreta

Por Ernesto Sangineto

Entre los elementos que fueron de uso corriente y este caso absolutamente necesario, en la vida nomade y ya después en el asentamiento de nuestros gauchos tanto en el transporte de usos y mercaderías que nos llegaba desde el norte hacia Buenos Aires y luego de esta más allá de la frontera con el indio, al establecerse estancieros y colonos la carreta fue la que permitió por su amplitud y diseño que aunque tosco muy útil y adaptada a los caminos en que se circulaba.
Tandil tiene un gran referente en Don Ramón Santamarina que el siglo XIX con sus tropas de carretas abasteció a nuestra ciudad y otras vecinas amasando en su comercio una enorme fortuna y de las cuales aún se conservan en campos de propiedad de sus herederos algunos de estos vehículos. Tal fue su éxito en su uso que en nuestro museo local se muestra un eje con dos ruedas de carreta de más de tres metros de diámetro que según se comenta son únicas en el mundo.
La carreta era un vehiculo de transporte tirado por bueyes en la cual se transportaban productos del país y todo tipo de artículos de uso cotidiano que se comercializaban entre las poblaciones habitadas por familias enteras y personal en diferentes asentamientos. La misma se desplazaba sobre dos grandes ruedas sin llantas de diferentes diámetros llegando hasta medir como ya lo he descripto tres metros de diámetro lo que le permitía atravesar pantanos, vados o ríos sin mojar la carga. Estas ruedas se construían en madera de lapacho con grampas de hierro y el eje era casi siempre de madera de naranjo, famoso por su extrema dureza. Podían tener techo o no, las llamadas castillo eran abiertas sin techo fijo, las convencionales llevaban una especie de quincho de totóra, simbol o junco, por lo que se las denominaba “quinchadas” y las denominadas toldadas llevaban techo de lienzo, chapas o cueros de vacuno o yeguarizo con el pelo hacia fuera, los cuales eran cosidos entre si con tientos. El eje al cual se ataban las yuntas de bueyes se llamaba pértigo y al final de este va unido el yugo que colocado de través sirve para uncir los bueyes los que a su vez eran ayudados por así decirlo de otras parejas de animales que a través de cuartas y coyundas favorecían el desplazamiento. Este pértigo al estar la carreta en descanso se apoyaba sobre un pie llamado muchacho que la mantenía en posición horizontal. Era de suma importancia el cuidado y mantenimiento de los componentes tanto en el engrase de los ejes y refuerzos de cuero como el evitar que se mojaran las partes factibles de pudrirse con la intemperie y también el ordenamiento interno del vehículo donde cada cosa o elemento de uso debía estar en el lugar indicado para facilitar su ubicación. El carretero o conductor iba sentado sobre el pértigo y as través de la picana, larga vara de caña también llamada “cantramilla” que llegaban hasta los delanteros para animarlos en su andar.
Eran construidas totalmente en madera que llegaba del norte (Mendoza o Tucumán) no así las de la provincia de Buenos Aires que tenían ejes de hierro, argollas y cabezales del mismo material y fueron reemplazadas con el correr del tiempo los laterales de cuero por tablones de madera y los toldos por chapas de cinc. Eran miles las carretas de media carga y carga entera que entraban y salían de la provincia de Buenos Aires transportando todo tipo de cargas y viajando en tropas de varios vehículos que tardaban por ejemplo aproximadamente seis semanas para unir Buenos Aires con Mendoza. Los términos buche, candelero, castillo, catre, coyunda, lecho y tantos otros eran de uso corriente en el lenguaje particular del carretero que nombraba las parte de su carreta así como el marino nombra las partes de su barco, con un idioma propio y específico solo entendido por sus pares lo que hacia a esta especia de “tragaleguas” convertirse en algo misterioso y a la vez pintoresco trazando y recorriendo las huellas de la patria nueva que al son de su cansino andar se iba transformando de desolado desierto ha estancias y poblaciones que se construyeron sin duda alguna a la sombra de sus innegables servicios.
En la foto que acompaña la nota tomada por Esteban Gonnet en 1864 vemos un grupo de carretas y carreteros en la estación Constitución en Capital Federal.
“Una carreta toldada
Sobre un rodao de mi flor
Y su eje superior
Lecho nuevo y bien quinchada
Hasta la tolda cargada
Llevaba n esa ocasión
Con trastes de precisión
Porque ni la leña es maula
Menos el catre y la jaula
Las sillas, mesa y colchón.”
Hilario Ascasubi (1807- 1875)

Buenos amigos espero les haya gustado la nota un saludo y hasta la próxima.
Correo de lectores abierto.

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