24 de abril de 2019
Pasar por calles como Américo Reynoso (ex Quintana) a la altura de Entre Ríos, Las Heras y Chacabuco; o la mismísima Diagonal Illia en la subida al Parque Independencia, obliga a los autos y motos a frenar en forma intempestiva, casí a cero km por hora, porque los reductores de velocidad en su modalidad "banda amarilla" garantizan que los conductores tomen las precauciones del caso y vayan lento. Muy lento.
Pero los "efectos colaterales" en la carrocería, y los trenes delantero y trasero de los vehículos, parecen ser demasiado costosos, a juzgar por las opiniones de los vecinos que exteriorizan sus quejas. Como si se tratara de un continuo examen de VTV (Verificación Técnica Vehicular), pasar los elevados, finos y en ocasiones duplicados montículos municipales es un tembladeral, aunque el velocímetro baje al mínimo.
Para muchos, el necesario control de la velocidad ante la falta de conciencia colectiva sobre las precauciones a tomar, se convirtió en un factor de daño innecesario para los rodados, costos que después hay que pagar a los mecánicos y vendedores de repuestos.
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