28 de septiembre de 2012
Un caso de negligencia policial en su máxima expresión tuvo lugar el fin de semana pasado en Tandil, donde una moto robada y secuestrada por la policía, fue sustraída de la Comisaría Primera en las narices del damnificado y los efectivos de servicio, a quienes les espera una dura sanción.
Lo insólito de la historia no termina ahí. El autor del segundo robo sería el papá del menor de 11 años al que le incautaron el vehículo en primera instancia. Así lo mostrarían las imágenes de circuito cerrado que posee la seccional de calle Fuerte Independencia al 200.
Fuentes confiables indicaron a LA VOZ que ya se investigan las responsabilidades administrativas del increíble episodio.
Las pesquisas internas podrían recaer, entre otros, sobre el segundo jefe de la Primera. Concluidas las actuaciones de rigor, a los efectivos les correspondería una suspensión de aplicación directa, es decir, no resultará necesaria la intervención del Area de Asuntos Internos del Ministerio de Seguridad.
Todo empezó cuando el joven dueño del rodado, entusiasmado con un dato sobre el posible paradero del vehículo, comunicó a la Policía que en un lugar de Las Tunitas estaría el bien sustraído.
Un uniformado fue al barrio y detectó que la moto era conducida por un chico de 11 años. Entonces, tras una discusión en el sitio del secuestro, el damnificado, el menor, el ciclomotor y el hombre de la fuerza terminaron en la seccional ubicada a metros de la Plaza Independencia.
Debe recalcarse que cursaba el fin de semana largo y pese a la gran afluencia turística en Tandil, era escaso el movimiento de gente y reinaba una relativa tranquilidad en ese sector céntrico de la ciudad.
Al parecer, el ciclomotor quedó aparcado en el patio lateral de la comisaría, pero muy cerca de la vereda: no en el fondo como circuló en las últimas horas. Nadie imaginó que la audacia delictiva haría desaparecer el rodado de la principal repartición de la Bonaerense en nuestra ciudad. Y menos cuando se labraban las actuaciones en el interior del edificio.
"Al verificar el estado de la moto -antes de la entrega al dueño se constata que no esté dañada- el ciclomotor no estaba", relató una voz interna de la dependencia.
La sorpresa fue aún mayor cuando las cámaras de vigilancia identifican al caco como el progenitor del niño de 11 años.
La inseguridad, que tantos dolores de cabeza le da al ciudadano de a pie, no parece encontrar límite alguno. La inolvidable crónica quedará en las retinas por mucho tiempo: una moto robada, recuperada y nuevamente sustraída en la comisaría; el padre del juvenil demorado, filmado cuando se la lleva de la repartición policial, y los uniformados que estaban de servicio, suspendidos por tamaño descuido.
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