15 de septiembre de 2008
La mañana de fútbol de ayer en el San Martín, presentó a dos viejos conocidos: Santamarina y Rivadavia, que se enfrentaron por la tercera fecha del Argentino A. La visita mostró algunas caras que conocen y mucho de estos cruces que se han transformado en uno de los clásicos de la provincia. Bassa, Gho, Manzoco, Zuñiga y Pringles ya sabían lo que es jugar en Tandil con la camiseta de Rivadavia. Por el lado de los tandilenses solo dos referentes, Adrián Arévalo y Javier Elizondo, dado que para esta temporada se confeccionó una nueva plantilla.
En el inicio el local presionó a un rival que estuvo más preocupado por defenderse que por atacar. De arranque Santamarina tuvo la iniciativa y estuvo mucho más cerca de conseguir adelantarse en el tanteador con un remate cruzado de Elizondo que se fue cerca; un córner de González que se cerró y terminó en el techo del arco; otro remate de Elizondo y una buena jugada colectiva que Giménez mandó arriba del travesaño.
Rivadavia no modificaba su libreto, pero generó una situación muy clara que por poco no se transformó en la apertura del marcador. Y si el Albirojo no mandó el esférico al fondo del arco, fue por una notable intervención de Daniel Bertoya. La jugada preparada nació en un tiro libre que realizó Barboza, tocó Amato quien habilitó a Gho. El lateral ingresado por la derecha mandó el centro pasado para que el solitario Roca convirtiera de cabeza, pero apareció el “1” Aurinegro con sus piernas para impedir que la pelota fuera a la red. Esa jugada fortaleció a la visita, que tuvo otra aproximación con un desborde de Barboza por la izquierda que terminó rechazando Arévalo en el área chica y con otra buena intervención de Bertoya saliendo y evitando lo que era gol de Barboza, en una jugada que nació luego de una salida desordenada del local.
Cuando parecía que Rivadavia pasaba a dominar las acciones, Santamarina pegó un certero golpe. Primero Jofre le tapó la definición a Barrios Suárez y en la continuidad de la jugada Junior Ischia se hizo del balón por calle izquierda, mandó un preciso centro para que Darío González, ante una defensa visitante sin reacción, de cabeza estableciera el 1 a 0.
Orden, sacrificio y practicidad, son algunas de las cosas que muestra este nuevo Santamarina ante un Rivadavia que le entregó el protagonismo al rival en el arranque y que cuando generó claras situaciones de gol chocó contra un seguro Bertoya.
Obligado por las circunstancias, la visita se adelantó en el campo de juego, con una buena circulación del balón y con el tridente conformado por Amato – Vázquez y Barboza buscando vulnerar a la última línea tandilense.
Barboza tuvo su ocasión mediante un tiro libre, de frente al arco, que se fue alto, en un partido que se enrareció por un arbitraje que no estuvo a la altura de las circunstancias. Fallos erróneos e interpretaciones desacertadas hicieron calentar a los adentro y a los de afuera. Mientras muchos se preocupaban más por pegar y protestar que por jugar, a Alejandro Sepúlveda le quedó servido el empate. El volante ingresando por la izquierda quedó cara a cara con Bertoya y una vez más el golero evitó la caída su arco.
Santamarina estaba muy retrasado en el campo de juego y soñaba con meter una contra para liquidar el pleito. Y esa jugada se dio en el minuto 29. Rivadavia volcado de lleno al ataque, tuvo un córner a su favor que hicieron rápido. La pelota dentro del área fue rechazada por Adrián Arévalo y le cayó a González. La “Vizcacha”, una de las figuras del partido, habilitó con una categoría extraordinaria al recién ingresado Alfredo Avalos quien solo ante Jofre no falló y decretó el 2 a 0.
Ese nuevo tanto tranquilizó a los Aurinegros y le generó mayores responsabilidades a Rivadavia, que no pudo recuperarse del golpe sufrido.
En un partido por demás cerrado y muy reñido, Santamarina volvió a demostrar su temple para hacer suyo los tres puntos en juego y cosechar el segundo triunfo consecutivo como local.
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