2 de septiembre de 2009
El desarrollo industrial tendrá en nuestro continente una importancia decisiva desde el mismo momento en que se ponen en contacto dos realidades (la americana y la europea) en distintos niveles de desarrollo. Por lo que nuestra evolución industrial (como así también la político-social) se vio perturbada por este “encuentro” histórico. Por aquel entonces las potencias europeas se lanzan, a caballo de su mayor desarrollo, a conquistar nuevas tierras para acrecentar sus dominios territoriales y comerciales.
Luego de la conquista española de América, durante la época colonial el germen del desarrollo industrial de lo que sería nuestro país no estuvo en la zona litoral donde hoy se asienta la gran mayoría de la actividad; sino en el interior vinculado económicamente al virreinato del Perú. Debido al férreo monopolio español que estaba al servicio de la obtención de plata y oro, las mercancías que llegaban al continente recorrían un largo camino desde Panamá para llegar a nuestras tierras, por lo que todo lo vinculado a las necesidades primarias era abastecido por las nacientes industrias del interior: telas, harinas, vinos, carretas, arreos, aceites, azúcar, etc.
El Norte, Cuyo y Córdoba eran las regiones más importantes y más pobladas; Allí se harán los primeros intentos de pasar de la economía de subsistencia a una incipiente división del trabajo para superar la producción inmediata. En el rubro textil será donde esos esfuerzos den frutos más rápidamente: En Tucumán y Misiones despuntan primitivos obrajes de telas para abastecer a la mayoría de la población y aún para exportar a Brasil y otros lugares de América. Es así que el 2 de Setiembre se conmemora el Día de la Industria en nuestro país recordando la primer exportación de hilados tucumanos por el puerto de Buenos Aires en 1587.
Será solo hacia finales del siglo XVIII cuando el interés de la corona española por la zona del Río de la Plata crecerá; a medida que decrece la importancia de la plata de Potosí por su agotamiento, la actividad comercial va girando hacia el Atlántico favoreciendo a Buenos Aires. La creciente competencia entre una España que busca controlar el comercio de sus colonias y una Inglaterra que busca abrir nuevos mercados para sus productos, tendrá su reflejo en la creación en 1776 del Virreinato del Río de la Plata abriéndose Bs. As. como puerto habilitado al comercio. Esta situación coincide con la Revolución Francesa y con la pujante Revolución Industrial británica. Esta última se desarrollará bajo un tenaz proteccionismo hacia adentro y el más absoluto “librecambio” hacia afuera. Esa fue la fórmula que permitió que un país agrícola en el siglo XVII fuera la principal potencia industrial del siglo XIX. Esa misma realidad es la que se le pasó de largo a nuestra miope clase dirigente...
Porque ninguna razón había para que, en una sociedad que al decir de D. Lamas, en sus “Noticias retrospectivas sobre industrias argentinas”: “Hace un siglo todo el virreinato del Plata era un taller industrial en activo movimiento...”; no se pudiese lograr un desarrollo industrial que integrara sus distintas regiones y aprovechara sus enormes potencialidades.
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