18 de agosto de 2015
El proceso de recuperación de empresas en la Argentina generó un interés muy particular luego de la crisis sistémica que se produjo en el país en el año 2001.
Como en todas las experiencias de vaciamiento y recuperación ocurrida por entonces, la mirada cortoplacista del empresariado nacional redundó en las mismas prácticas: dejar de pagar sueldos, dejar de pagar al estado, suprimir el mantenimiento de las fábricas, en tanto se ve donde reubicar el capital para que éste rinda más.
Mientras el mundo se enfrentaba a esta nueva lógica del capital vinculada estrechamente al mundo de las finanzas, la realidad de Ronicevi y la de muchas otras fábricas se vió oscurecida.
En el 2009 se decretó la quiebra, pero el proceso de vaciamiento ya venía de años, al igual que el incumplimiento en los pagos y en las condiciones de seguridad y salud en el trabajo, hasta que finalmente las contradicciones se hicieron carne en los que más habían resistido.
“A partir de ese momento, decidimos que la fabrica era ahora nuestra herramienta de trabajo” comentó uno de los trabajadores que fue parte en este proceso.
Con la conformación de la cooperativa, Ronicevi y sus trabajadores pasaron a formar parte del universo de los trabajadores de la economía popular, empleos que ocupan entre el 30% y el 40% de la mano de obra de la Argentina actual. La incorporación de estas nuevas formas de trabajo, surgidas de la lucha y de los barrios al mundo de los derechos y la dignidad, se presenta como un nuevo desafío para esta etapa.
“Recuperar una fábrica abandonada es recuperar el trabajo, no es aumentar la ganancia, sino crear fuentes de trabajo para poder seguir llevando el ingreso al hogar de los trabajadores”, afirmó Nicolás Carrillo, dirigente del Movimiento Evita y actual candidato a concejal por el FPV, y agregó “El esfuerzo por recuperar tanto años de abandono nos hizo comprender que debíamos adecuarnos a los tiempos que corren, no solo al hecho de que ahora la fábrica era una cooperativa de trabajo, sino al hecho de que el mundo de las autopartes al que pertenecía Tandil se había reconfigurado, que la industria a nivel local ya no era una prioridad para el desarrollo y que la fábrica lamentablemente ya no era parte del mercado.”
Con ese horizonte posible, trabajadores, militantes y profesionales comprometidos con la industria metalmecánica, pusieron en valor una planta con una capacidad productiva única en nuestra región, logrando pasar de la fundición tradicional de hierro gris a la nodular y de aluminio, explorando nuevos mercados, alcanzando la elaboración de nuevos productos como bombas de agua y piezas para el sector naviero, con la puesta en marcha, junto a la UNICEN, de un laboratorio que permite certificar la calidad de sus piezas, inclusive incorporando alumnos avanzados de escuelas técnicas locales para que terminen sus prácticas y finalmente se incorporen de pleno a la cooperativa.
“Ronicevi es posible si su objetivo es el trabajo, pero para que el trabajo exista, la actividad deberá ser rentable, y ahí es donde la mirada de desarrollo y de trabajo del Estado se vuelve central para las experiencias de recuperación; si sus trabajadores se convierten en sujeto de asistencia y el eje es el subsidio individual, la fabrica no lograra el desarrollo necesario para la generación de empleo digno. La dignidad radica en que los socios sean reconocidos como trabajadores, no como excluidos”, concluyó Carrillo a propósito de la iniciativa planteada desde el Movimiento Evita para la creación de un Ministerio de la Economía Popular que atienda este tipo de soluciones que surgen desde el desempleo para el empleo.
Y añadió finalmente “Hoy celebramos que Ronicevi Coop. Ltda es de los trabajadores y para los trabajadores, en el camino por recomponer el trabajo digno y nuestra industria nacional”.
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