8 de abril de 2008
En medio de las discrepancias entre el juzgado de Menores y la fiscalía, en torno a la situación de un menor sospechado del homicidio, surgieron contradicciones en algunos testimonios que obligan a los investigadores a trabajar sobre otras hipótesis para dilucidar quienes pudieron formar parte del hecho que terminó fatalmente.
Se trata del crimen de Margarita Herrera, la ex mucama del Hospital que padecía de hemiplegia y en agosto próximo pasado fue asesinada en su departamento de los monoblock de avenida Perón al 1600.
Tal se vino detallando, para el fiscal interviniente, doctor Gustavo Morey, hay un menor de edad involucrado en el trágico hecho, por lo que luego de ultimas las averiguaciones y diligencias procesales se dio traslado del caso al Tribunal de Menores. En tanto, también la jueza de Garantías interviniente aceptó la solicitud del fiscal para continuar la investigación ante la sospecha de posibles cómplices en el homicidio.
Sobre la situación del menor, finalmente, desde el Tribunal se informó que fue citado a una audiencia informativa, en la cual se le dio conocimiento sobre lo que era sujeto a sospecha, mientras que el joven se negó a prestar declaración.
Ya desde estas páginas se había anticipado que desde el juzgado que conduce la doctora Mabel Berkunsky, se consideraba que no habría elementos de prueba suficientes para involucrar a un menor en el homicidio.
Contrariamente a lo concluido en la Instrucción Penal Preparatoria, desde Menores concluyeron en que del expediente se desprenderían solo “algunos indicios” para con el sospechado, los cuales no resultarían categóricos para un pronunciamiento en su contra.
Cabe señalar que se está hablando de un menor de 16 años, por ende inimputable, por lo que las medidas que se arbitren deben estar sujetas a estrictas normas que atañen a sus derechos. De haberse comprobado su autoría del crimen, se podría resolver su institucionalización. Cuestión que, al considerando de la jueza y compañía, resultaría aún no probadas.
Para la justicia de Menores, la causa solo alude a escuchas telefónicas cuyos diálogos no resultarían trascendentes para esclarecer alguna complicidad.
Asimismo, se añade la declaración de un testigo, que sólo referiría a que vio en cercanías al departamento de la víctima a un joven subido a una bicicleta similar a la que utilizaba el menor sospechado.
De todas formas, se aclaró, una vez practicado el reconocimiento, el testigo no habría sido certero para el tribunal. Aunque sí habría reconocido a la bicicleta como una campera.
Empero, tal vez la prueba que resultaba sumamente esperada, y que desde el tribunal exponen como la demora por parte de la fiscalía –no de ellos-, versó sobre un estudio de ADN practicado en un cabello hallado en la escena del homicidio que no era de la víctima. El análisis habría arrojado resultados negativos para con el patrón genético del menor sospechado.
Más allá de las disidencias entre los agentes judiciales involucrados para con la situación del menor, desde Menores trascendió que mantendrán abierta la causa, consustanciando su propia investigación en pos de determinar con certeza –a su criterio- la participación o no del sospechado en el hecho.
Pero más allá del menor involucrado, también surgieron curiosidades en lo que concierne a la pesquisa que mantiene abierta el fiscal para dilucidar la participación de otras personas.
En las últimas jornadas, se habrían practicado una serie de diligencias, entre ellas toma de declaraciones testimoniales, que aportarían otros elementos no tenidos en cuenta con antelación, lo que motivan por éstas horas a direccionar los trabajos hacia otras hipótesis.
En consecuencia, la causa que parecía encaminarse a un esclarecimiento va entorpeciéndose a medida que transcurren los días y se conocen contradicciones, provocando incertidumbre a la hora de confiar en un pronto esclarecimiento.
EL HECHO
Tal se vino informando, un lunes de agosto la ciudad se conmovía con un nuevo hecho de sangre. En uno de los departamentos de los monoblock de avenida Perón al 1600, vecinos alertaron desesperados a la policía sobre el macabro hallazgo. Una mujer tendida en su casa, rodeada de un charco de sangre y muebles revueltos, sería la escena de un homicidio en lo que se presumió un intento de asalto.
Transcurrido los meses de aquel trágico suceso policial, los investigadores habían llegado a una conclusión: uno de los responsables de la muerte resultó un joven que no superó los 18 años de edad, quedando en manos de la Justicia de Menores, quien por éstas horas busca resolver el entuerto.
Desde éstas páginas, se informó oportunamente que el fiscal interviniente, doctor Gustavo Morey, había cerrado el primer gran interrogante que deparó la pesquisa. Tras recoger una importante cantidad de elementos probatorios, arribó a la conclusión preliminar de que el autor material de la muerte de la ex mucama del Hospital, resultaba un menor de edad.
Consecuentemente, el fiscal peticionó ante el juzgado de Garantías N° 2, a cargo de la doctora Stella Maris Aracil, que se decline su competencia frente al sospechado (por ser menor de edad), cuestión que fue avalada por la magistrada, derivando así la causa a consideración de la justicia de Menores, como así también al fiscal transitoriamente responsable, doctor Agustín Echeverría.
Según se confió por aquellos días desde la UFI, paralelamente a la solicitud de incompetencia se acompañó un pedido para mantener abierta la Instrucción Penal Preparatoria, a los efectos de despejar sospechas que aún se mantienen en torno a posibles complicidades, más allá de la responsabilidad máxima del menor.
También la jueza dio visto bueno a la segunda petición, lo que implicará que el fiscal siga con la investigación en pos de determinar si existen elementos de prueba como para imputar a otra persona, teniendo en cuenta que para lo que trabajaron en las pesquisas, no sería extraño que hayan existido cómplices a la hora de cubrir el luctuoso suceso ocurrido entre el sábado 11 y domingo 12 de agosto pasado.
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