11 de septiembre de 2020
Por María Alicia Alvado
La cuarentena por el coronavirus, que en las grandes
ciudades es sinónimo de un espacio vital reducido a cuatro paredes pero también
de teletrabajo, generó que algunas personas terminen de madurar la decisión de
mudarse a pequeños pueblos y en los últimos meses se multiplicó por 10 el
número de inscriptos en una ONG que promueve el repoblamiento rural.
La tendencia se confirma en las inmobiliarias, donde
advierten que "cambió el perfil del comprador", que hoy sacrifica
comodidades internas y cercanía, por un balcón o patio y contacto con la
naturaleza.
"Aumentó mucho la consulta por propiedades retiradas de
las grandes urbes porque también varió el perfil del comprador, que hoy
prefiere más un lugar con esparcimiento que la comodidad dentro del hogar, algo
impensado antes", dijo a Télam Alejandro Bennazar, presidente de la Cámara
Inmobiliaria Argentina.
Bennazar explicó que "si es departamento, la condición
es que tenga un balcón o amenities; y si es casa, están dispuestos a alejarse
de la ciudad para mejorar la calidad de vida con un mayor contacto con la
naturaleza, siempre que haya buena conectividad".
Para el titular de la cámara, el cambio es consecuencia de
la cuarentena más que de la situación económica, que por un lado implicó
"un cambio radical de vida" con mucha permanencia dentro de los
hogares y, por otro, demostró la potencialidad del "home office".
En tanto, la directora ejecutiva de la Fundación Es Vicis,
Cintia Jaime, aseguró que el número de personas interesadas en repoblar pueblos
del interior "creció 10 veces en relación a marzo" y "siguen en
alza" las consultas realizadas a esta ONG cuyo objetivo es contribuir a
revertir la constante migración a las ciudades.
"Sin haber hecho una nueva convocatoria, siete pueblos
por semana que levantan la mano para recibir migrantes y 300 familias nos dicen
que quieren salir de la ciudad con nuestro programa 'Bienvenidos a mi
pueblo'", agregó.
Esta iniciativa tuvo su prueba piloto en la pequeña
localidad santafesina de Colonia Belgrano, donde 20 familias lograron
insertarse con el apoyo de esta organización que, en asociación con el Gobierno
provincial y la embajada de Suiza ofreció capacitaciones y articuló con los
diferentes niveles del Estado para hacer "sustentable" la mudanza.
"Reforzadas las evidencias de que no hace falta poner
el cuerpo para ser eficientes, muchos no quieren volver al trabajo presencial y
otros no quieren estar más entre cuatro paredes y se van a los pueblos, donde
había casas que no se vendían y hoy salen como pan caliente", dijo.
Jaime explicó que este movimiento que invierte la lógica imperante los últimos dos siglos, "es una tendencia instalada a la hay que dar una respuesta" porque "si no hay plan, hay caos".
En ese sentido, dijo "los pilares de sostenibilidad de
cualquier migración" son tres, que son también los del programa:
bienvenida garantizada para las familias en la sociedad de recepción, trabajo
asegurado e infraestructura adecuada, lo que incluye la vivienda pero también
la disponibilidad de escuelas, centros de salud, comercios, servicios, caminos,
conectividad "y todo lo que implica el habitar".
Básicamente, el programa consiste en "matchear"
pueblos del interior que se anotan para recibir migrantes, cumplen con
"los tres pilares" y requieren determinados tipos de emprendimientos
o servicios profesionales; con personas dispuestas a migrar que tengan la
preparación necesaria o el proyecto de negocio demandado.
"Quien migra con nuestro programa, lo hace con trabajo
y está garantizada la satisfacción de necesidades tanto para el pueblo como
para el migrante porque se necesitan mutuamente", señaló.
Jaime recordó que las ciudades ocupan "sólo el 2% del
(territorio del) planeta" pero concentran más de la mitad de la población
mundial y Argentina es uno de los países con más alta urbanización, con un 92%.
Tras una primera experiencia exitosa en el pueblo
santafesino de 1.300 habitantes, el programa entró en "una fase de
escala" con la idea de replicarla en otros 20 pueblos de todo el país.
Entre los porteños que decidieron mudarse a pequeñas
localidades del interior bonaerense, se cuenta la periodista Candelaria Schamun
(38), quien hace dos años cerró para siempre la puerta del PH que alquilaba en
Parque Avellaneda para irse a vivir con su perro y su gata a un pueblo
bonaerense de 523 habitantes y calles de tierra, a 120 kilómetros de Capital.
Junto a un colega que hizo el mismo proceso, creó desde allá
el portal "Somos Arraigo", un "proyecto periodístico narrativo
sobre el interior" al que ahora se dedica, donde ambos cuentan
"historias de emprendedores, personajes e iniciativas solidarias" con
"la apuesta por cumplir los deseos" como común denominador.
"Yo trabajaba como productora televisiva y tenía un
sueldo que me permitía tener una vida apacible económicamente; pero todos los
días cuando me quedaba en la barrera esperando infinitamente que pasara el
tren, pensaba que a pesar de estos privilegios no era feliz porque estaba
gastando años de vida a un ritmo que no podía seguir", contó Schamun a
Télam.
Cuando empezó a buscar un lugar para "agarrar las
cosas" e irse, dentro de sus "prioridades" estaba la
"cercanía con Capital" y "una buena conectividad", porque
"no quería perder el contacto con mis afectos ni tampoco con cosas de
Buenos Aires que me encantan, como ir al cine o caminar por Corrientes",
pero que ahora hace como "turista".
"Con mis ahorros compré un lote y mi mamá me ayudó a
construir la casa, que en ese momento era la primera de la cuadra donde hoy hay
seis y tres más en construcción", contó.
Lo que a ella le hacía un ruido durante sus últimos años en
la Ciudad de Buenos Aires, resuena con más fuerza en tiempos de coronavirus,
que "nos expuso sin escapatoria a la vida que llevamos", opinó.
"La pandemia funciona como una espejo para medir dónde
estamos y si estamos porque queremos o estamos obligados y nos queremos ir, y
hay un montón de gente que se está replanteando irse", dijo.
Además, "muchas pibas y pibes que se fueron a Buenos
Aires y vivieron años allá, ahora están volviendo".
"Pero para que haya una repoblación del país hace falta un acompañamiento del Estado con políticas públicas que garantice conectividad, telefonía celular, medios de transporte, actividades culturales y universidades en los pueblos del interior", concluyó.
Fuente: Télam.
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