16 de octubre de 2011

Locales

Locales. Se reanuda la parodia proselitista

Por Guillermo Liggerini

Apenas siete días restan para que los tandilenses vuelvan a las urnas. El próximo domingo se reeditará la sana tradición de ir a las urnas para que el ciudadano elija a sus representantes.

Escasa, casi nulo el clima electoral que reinó, y que tímidamente por éstos días se buscará modificar al son del último esfuerzo de los candidatos por reeditar o modificar lo ocurrido en agosto.

Es que resultó toda una novedad las primarias y, principalmente, representó un sacudón electoral que trastocó todas las especulaciones, no sólo en torno a los pronósticos sobre porcentajes de ganadores y perdedores, sino también sobre la participación ciudadana, que sorprendió a propios y extraños, demostrando una vez más que el vecino de a pie está más allá de lo que muchas veces se instala en el microclima político y mediático.

La ya de por sí atípica circunstancia, y con el resultado que develó las urnas, se transformó cual primera vuelta y, con ello, pocas chances, casi nulas, para que aquellos que no ganaron pudieran -puedan- cambiar la historia a escribirse el venidero 23.

Alguna vez desde éstas páginas, antes del resultado de las primarias, se aludió al clima de resignación que reinaba en buena parte de los protagonistas de la contienda. Pues bien, si algo más faltaba era precisamente lo que dejó aquella elección de agosto.

A tal punto que algunos cambiaron el eje de la anodina campaña. Como en la oposición a nivel nacional, ya ni se habla de la elección ejecutiva, el mensaje, la consigna, es buscar un equilibrio parlamentario, como si se estuviera afrontando un comicio legislativo.

En medio de esa apatía, están los candidatos, que a sus modos y sus formas, con más o menos recursos y aparato detrás, hacen el esfuerzo por demostrar que no todo está perdido -o ganado- y estoicamente van en busca de una vecindad que ya habló en agosto y, difícilmente cambie de idioma o mensaje el venidero domingo.


CAMPAムAS

Casi al unísono las campañas se replican en la misma dirección. Mucha recorrida barrial, el contacto directo con el vecino puerta a puerta y la respectiva entrega de boletas.

Tan atípico resultó que ni siquiera se programaron grandes actos. El lunghismo apenas organizó un par de actos en Gardey y Vela durante el fin de semana que se va, precisamente éste último el único bastión político que le sigue resultando esquivo al oficialismo.

El Frente para la Victoria por éstas horas define si hace el distingo con un cierre, más para estrechar filas y fidelizar la propia militancia, como así también dejar en claro quién está y quién no para el seguro pase de facturas que acostumbra a protagonizar el peronismo tras toda elección.

El resto de las fuerzas en pugna, no perderán tiempo y lo aprovecharán con recorrer la mayor cantidad de cuadras posible. Quieren presentarse como los terceros en discordia y más que debatir con las fuerzas mayoritarias pugnan por convencer al electorado que puso como tercera fuerza el voto en blanco.

Claro que en estos partidos hay mucho de artesanal, sin el aparato propagandístico que supo desplegar el radicalismo y el justicialismo. Pero también es dable aclarar que si bien la brecha económica es escandalosa, si el candidato es bueno puede trasvasar cualquier estructura, y sino que pregunten al propio Lunghi cómo hizo en el 2003.

Dentro de la singular, inédita campaña, tampoco hubo tiempo siquiera para el debate que, afortunadamente Tandil acostumbraba a tener. Aquí también prevaleció el interés del propio oficialismo por no participar (“yo debato con la gente”, dice Lunghi en consonancia con aquel pensamiento que el que gana no debate), pero también la coyuntura se llevó buena parte de los días proselitistas. Básicamente el lock out del transporte canteril trastocó cualquier estrategia de campaña, asunto que también merecerá un interrogante a la hora de saber si la postura de uno u otro candidato será medido a la hora de decidir el voto que aún se presentaba como indeciso.

En definitiva, no queda otra que aguardar por los aprestos de una especie de parodia proselitista, en la que los candidatos y hasta los vecinos pondrán la mejor de sus caras para transitar un camino que parece conocer su final, un desenlace cantado en agosto, con lo que las primarias se llevó.

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