7 de septiembre de 2023
La causa Lava Jato puesta en evidencia. El Supremo Tribunal Federal brasileño llegó a la conclusión, a través de una sentencia publicada este miércoles, que el proceso que condenó y encarceló a Luiz Inácio Lula da Silva, se apoyó en pruebas viciadas y estuvo a cargo de una una gavilla, liderada por el exjuez Sergio Moro, responsable de varios delitos. Incluso haber contado con la colaboración legal de la CIA.
En abril de 2018, cinco meses antes de las elecciones, el entonces candidato presidencial Lula fue arrestado por orden del juez federal de primera instancia Moro: una medida "que puede ser llamada como uno de los más grandes errores judiciales de la historia del país", según el fallo del Supremo. De hecho ese "error histórico", sigue la sentencia, fue "un montaje fruto de un proyecto de poder de determinados agentes públicos cuyo objetivo era la conquista del Estado por medios aparentemente legales, pero con métodos y acciones contrarios a la ley".
Lawfare
El parecer de la corte citado arriba resume en dos líneas la idea del "lawfare", es decir emplear medios judiciales para llevar adelante una guerra política. Moro, con la complicidad del exfiscal Deltan Dallagnol, utilizó a Lava Jato como un biombo de disimulación para acabar con Lula, y por elevación con el Partido de los Trabajadores (PT). Repasando los archivos del período 2014-2018 ( durante el apogeo lavajatista) se ve como los aliados políticos de Moro, entre ellos el entones diputado Jair Bolsonaro, proponían tipificar al PT como una "organización delictiva" a la cual se debía declarar ilegal.
Pruebas mal habidas
El juez José Antonio Dias Toffoli, autor de este fallo del Supremo, sostiene que en su afán de acabar con Lula los responsables de Lava Jato utilizaron métodos propios de la "dictadura militar" para obtener delaciones premiadas de varios ejecutivos de la constructora Odebrecht. Debido a esa ilegalidad todas estas confesiones fueron declaradas nulas así como las consecuencias a las que dieron lugar.
Manos limpias
Moro a menudo citó como su modelo judicial a la causa Manos Limpias ( Mani Pulite) lanzada en Italia a comienzo de los años 90 contra una trama de corrupción entre empresas constructoras y partidos políticos, principalmente la ya desaparecida Democracia Cristiana. Incluso llegó a escribir un ensayo sobre aquel proceso y organizar eventos con fiscales italianos, probablemente para proyectar su imagen en Brasil y el exterior.
Tal paralelismo entre los procesos brasileño e italiano fue refutado por el ex procurador Gherardo Colombo, uno de los responsables de Manos Limpias, a quien este corresponsal entrevistó dos veces en Milán. Según Colombo hay una diferencia de fondo entre esas causas: y es que mientras en Italia ninguno de los fiscales se sumó al gobierno de Silvio Berlusconi, surgido en 1994 sobre los escombros del sistema político, Moro aceptó ser ministro de Justicia y Seguridad Pública del presidente Bolsonaro, beneficiado directo de la prisión y virtual proscripción de Lula.
(Dario Pignotti, Página 12)
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