3 de abril de 2010

Locales

Locales. Sin presencias rutilantes, la Procesión se vivió con un mensaje esperanzador

Miles de peregrinos participaron ayer de la tradicional Procesión del Santo Entierro, en lo que constituye una cabal muestra de fe de la grey católica.
Según las estimaciones de quienes tuvieron a cargo de la organización del sentido acto litúrgico, unas 7 mil personas formaron parte del conmovedor trayecto que dio comienzo en el Monte Calvario con destino a la parroquia Santísimo Sacramento, donde el obispo Monseñor Hugo Salaberry junto al párroco Raúl Troncoso bendijo a los fieles.
La celebración católica contó con una jornada por demás agradable en materia climática, lo que ayudó también para que la concurrencia al solemne acto sea masivo.
La Procesión resultó el corolario de los actos desarrollados durante el Viernes Santo, jornada en que los cristianos conmemoran la pasión y muerte de Jesucristo. Horas antes del inicio de la Procesión, ya el Monte Calvario se había transformado en el epicentro de la feligresía, y se veían lo aprestos para protagonizar una ceremonia que serviría para orar por el bienestar de la familia cristiana.
Por la mañana ya la zona del Calvario registró un incesante arribo de visitantes, sumándose a los ya instalados desde jornadas anteriores. Las calles abarrotadas de colectivos, combis y otros vehículos. Con peatones que enfilaban hacia la cima del Calvario, desde donde partiría la peregrinación.
Las inmediaciones del paseo mutaron su fisonomía acostumbrada, con gente que pugnaba por subir para recorrer las estaciones del Vía Crucis, otros eternizando el sentido momento con una imagen fotográfica, y hasta los que se apostaron en plena vía pública y la plaza San Martín para concretar “otro rito”, el que hace al mate y facturas, mientras vendedores ambulantes hacían su propio calvario haciéndose de algunos dineros.
MASIVA PROCESION
Minutos después de las 17.30, a pleno sol, se inició el tradicional Vía Crucis que esta vez no contó con rutilantes presencias que hacen al quehacer nacional ni provincial. Las autoridades del clero junto a las municipales encabezaron la columna de fieles.
Entre cánticos y oraciones, la columna avanzó lenta, abarrotada por el gentío, para luego descender e iniciar la Procesión hasta el Santísimo.
La conmovedora columna de almas puso marcha la Solemne Procesión por la avenida Monseñor de Andrea encabezada por la imagen del Cristo Yacente, y a medida que avanzaba se unían más creyentes para formar parte del sentido rito.
El obispo Salaberry y el padre Raúl Troncoso, demás religiosos y autoridades locales acompañaron en la avanzada de la columna al resto de las imágenes, en medio de un clima de profunda reflexión, los rezos esperanzadores e intenciones por los que más necesitan, acompañando a Jesús, también con un cancionero de alabanzas alusivas.
Más atrás se desplazaron la feligresía y, cerrando la marcha, delegaciones de alumnos de distintos establecimientos educativos de la ciudad.
A medida que se avanzaba en el trayecto, la fila se acrecentaba, porque se iban agregando personas esperaban en cada esquina del trayecto. Ese incremento fue cobrando más notoriedad cuando la columna avanzó sus pasos por calle Chacabuco, para llegar a Belgrano y apostarse frente a la Iglesia Matriz, el destino programado de la marcha, donde también esperaba un notable marco de católicos.

Salaberry pidió compromiso para
“hacer una patria de hermanos”

Ya en las puertas del Santísimo, el padre Raúl se dirigió a la grey pidiendo que se dejen amar mucho por Dios, porque “cuando uno se deja amar por Dios, el Señor va sacando los obstáculos que impiden su presencia y los hace vivir y crecer como él lo tenía pensado para cada uno de nosotros un proyecto distinto. Demos nuestro compromiso a él y a nuestros hermanos”.
El párroco indicó que “una manifestación de fe nos una cada día más como lo dicen nuestros obispos de latinoamérica: ser discípulos, que es el que aprende, el que escucha, es el que abre el corazón”.
Ya sobre la necesidad de asumir el compromiso de fe, Troncoso señaló que “como Jesús, cada uno lleva su cruz. La cruz del temperamento, la cruz de nuestra impotencia a veces para solucionar un problema, la cruz de aquellos que no pueden conformar la familia que quisieran, de la iglesia que quisiéramos tener”, por lo que pidió asumir el compromiso de crecer, de madurar, que todos participen de la vida de Dios, y que sepamos llevar la cruz de cada día con fe. “Porque una cruz sin fe nos destroza, pero una cruz con fe nos madura, nos va haciendo resistentes y capaces”.
“Jesús como nosotros -siguió- , nace, vive, predica, muere y resucita. Ese es nuestro camino. Realmente tomemos conciencia de nuestro compromiso para con Dios, porque ese mismo compromiso con Dios nos lleva al compromiso con el resto de nuestros hermanos y al bien común de nuestra comunidad”.
También apeló a la imagen de la Virgen María, para creer sin ver. “Como María estemos disponibles para que Dios haga lo que nosotros por nosotros mismos nunca vamos a poder dar”.
Cerrando para dar paso a la bendición del obispo Salaberry, Troncoso dio gracias a todos los que hacen que esta Procesión sea como un signo de una credibilidad cada día más grande, “sabiendo que el Señor puede hacer lo que nosotros solos jamás podríamos solos”.
APELAR A LA FUERZA DE LA FE
Tras sentidos aplausos, el obispo Salaberry dijo que “cada Viernes Santo, la Iglesia, la comunidad cristiana nos hace dirigir la mirada hacia el paradigma del amor”.
“Nosotros desde aquí pedimos humildemente que estemos por consumar nuestra vida estemos acompañando al que sufre. Que no olvidemos nunca, menos en momentos así”, indicó.
Explicó que “si nos encontramos caminando por la tristeza, la amargura, la muerte, por la desesperanza, volvamos como María a elevar la mirada a la cruz para tener fuerzas para seguir caminando”.
Salaberr© invitó a todos a rezar juntos, pidiendo en particular por los que estaban allí y agradeció la presencia. “Nos hace bien a nosotros, los sacerdotes, saber que tenemos tanta gente querida que reza por nosotros, para que hagamos lo que tenemos que hacer y no lo que no tenemos que hacer”.
Finalizando, pidió rezar por la familia que tenemos, por “nuestra querida comunidad diocesana, para que existan corazones generosos que la continúen. Para que el Señor nos ayude a hacer una patria de hermanos”.

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