6 de marzo de 2025
La Supercopa Internacional (nombre dema siado rimbombante para el duelo tardío que enfrentó a los mejores de la temporada 2023) fue para Talleres. Media ciudad de Córdoba celebró anoche como nunca. La T lo ganó en los pena les, sufriendo. Después de jugar 120 minutos interminables, lloró de emoción. River volvió a caer y no puede levantarse.
En consonancia con los partidos que disputó el Millonario en los últimos tiempos, el primer capítulo de la final de anoche frente a Talleres el elenco del Muñeco hizo más de lo mismo. Es decir, volvió a controlar los espacios y la pelota y... nada más que eso. Le faltó, otra vez, rebeldía, ser picante en los últimos metros. Juego asociado en velocidad. En síntesis: le faltó jugar bien.
Enfrente, el equipo cordobés que sabe a la prefección como juega su rival y que seguramente había ensayado com lastimarlo, intentó eso. Se paró con muchas ganas de defender y lastimar de contra pero sin recluirse demasiado cerca de arco de Guido Herrera para no complicarse más de la cuenta.
En ese planteo, con River dominando pero sin potencia y Talleres a la defensiva, pero sin casi poder llegar al arco de Franco Armani, el primer tiempo fue un bodrio.
Si bien es cierto que el encuentro era una final, la sensación es que los dos podían haber dado algo más que esas llegadas con cuentagotas. Apenas un par de sustos para Hererra con una volea que enganchó mal Franco Mastantuono y un cabezazo cerca del descanso de German Pezzella. O con un remate de media distancia de Ortegoza que despejó a un costado con solvencia el Pulpo Armani. Eso fue todo.
Recién en el complemento hubo un poco más de emoción pero no gran cosa. Cansados en la noche húmeda y calurosa de Asunción, River y Talleres em pezaron a dejar más espacios y los arqueros a pasar más sobresaltos. Borja tuvo la más clara pero no pateó al arco, la jugó para atrás y a Co idio lo taparon.
Fueron al alargue. Ninguno de los dos mereció ganarlo en los 90 minutos. Y ese tiempo extra fue un suplicio. Para los jugadores, que no podían más. Y para los espectadores, que se soportaron un partido eterno y tedioso. Así fueron a los penales. Se patearon catorce y se erraron siete. Hasta Montiel mandó el suyo a las nubes.
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