30 de enero de 2010

Locales

Locales. Tandilense varado en Machu Picchu colaboró con la organización de los rescates

Las vacaciones del ingeniero agrónomo Mauricio Lavayén, su esposa Dora Farías y sus hijos de 5 y 8 años, seguramente serán siempre un motivo de conversación para familiares y allegados, porque de haber estado río de por medio de Machu Picchu con boletos para la excursión a las ruinas incaicas, un temporal arrasó con el plan vacacional y de turistas pasaron a ser poco menos que refugiados a la merced de los imponderables del tiempo.
Cuando el matrimonio Lavayén-Farías, jamás imaginó lo que el destino les tenía planeado hasta convertir a Mauricio en uno de los organizadores de los vuelos de rescate desde la localidad peruana de Aguas Calientes.
Las vacaciones de Lavayén transitaban por los carriles normales habiendo pasado por Chile, y luego ingresar a Perú para dirigirse a Arequipa.
El matrimonio arribó a Cuzco e hizo una serie de excursiones por los paseos más cercanos para hacer noche en Oyataitambo.
Al llegar a esa localidad se está a unos 130 kilómetros de Aguas Calientes, una ciudad con estructura hotelera ubicada enfrente de las ruinas de Machu Picchu, separadas por un río.
Esos 130 kilómetros que separan a Oyataitambo de Aguas Calientes se pueden realizar en tren o auto, eligiendo esta última alternativa el matrimonio serrano con el consentimiento de guías y la policía local.
Mencionó que la historia tiene cosas muy tristes y el final feliz, “ustedes vieron el final feliz anoche(por el viernes) en Buenos Aires”.
“El domingo salimos de Oyataimbo por un camino bastante sinuoso, 135 kilómetros, 80 asfaltados y el resto de tierra. En enero y febrero llueve casi de manera constante. Lloviznaba muy poquito y en los pueblos anteriores a la llegada a Machu Picchu en todas las comisarías íbamos preguntando si podíamos continuar”, indicó Lavayén.
Dijo sentirse sorprendido por la nula comunicación existente en los distintos puestos policiales, ubicados cada 10 ó 15 kilómetros “nos dejaban continuar siendo que veíamos que el río estaba creciendo y seguía llovizando. Encima estaba lloviendo cuenca arriba en la zona de Cuzco y en el lago Titicaca en Bolivia, a unos 4.000 metros de altitud y nosotros estábamos en los 2.200 metros”.
Mauricio Lavayén dejó el auto en Santa Teresa, un poblado de unos 1.500 habitantes, sin saber que ese sería el último contacto con su rodado, puesto que debió dejarlo tras ser evacuado.
Desde Santa Teresa hasta la zona de Hidroeléctrica, cubrieron el trayecto en una combi para dirigirse al ingreso al denominado Parque Nacional de Machu Picchu.
“Nos tomaron los datos y nos dijeron que caminaramos. Es un trekking de 15 kilómetros al costado de la vía para llegar a este pueblo Aguas Calientes que está enfrente a las Ruinas del Machu Picchu. Muchos confunden Aguas Calientes con Machu Picchu. Está enfrente, del Machu Picchu. Es el pueblo con la infraestructura hotelera para quedarse y visitar las ruinas”, contó Lavayén en comunicación telefónica con AM1560.
DOMINGO DE LLUVIA
La familia Lavayén junto a otro número importante de turistas empleó unas tres horas para recorrer un sendero de trekking de unos 15 kilómetros y si bien la vista se recreaba con el panorama “pero veíamos un río muy embrabecido. Nos llamaba mucho la atención a todos los que ibamos”.
Tras arribar al pueblo, los Lavayén compraron las entradas para visitar las ruinas al día siguiente, tras desembolsar unos 200 pesos (150 soles peruanos) cada uno.
Sin embargo a la mañana las vacaciones empezarían a tomar un rumbo impensado “al día siguiente a la mañana el río empezaba a carcomer el camino lindero al pueblo Aguas Calientes y había empezado a tapar la vía por la cual nosotros habíamos llegado. También la vía proveniente del sur”.
El pueblo quedaba a empezar aislado por un río “muy bravo que trae tierra mezclada y barro. Fue una lucha que nos devuelvan el dinero de la excursión”.
PRINCIPIO DE LA ODISEA
En la mañana del lunes, ya los turistas entre los que se encontraban los tandilenses llegaban a los 2.000 a los que deben sumarse los 3.000 habitantes de Aguas Calientes, mientras que la gente de turismo de Cuzco seguía vendiendo excursiones como si no pasara nada y por el camino del Inca, un recorrido de cuatro días, seguía saliendo gente, “gente que debe estar llegando hoy caminando al lugar, porque tampoco tienen retorno por ahí”.
“Esa mañana empezó la crisis. Yo con mi familia y los niños intentamos regresar. Dijeron que iban a poner helicópteros. Pusieron uno solo para evacuar ancianos, enfermos y niños. Eso dicen las leyes y la conciencia de la gente normal. No fue asi la del alcalde pueblo. El helicóptero hizo tres viajes con 20 personas cada uno. Bueno, ese helicóptero llevó 60 amigos del alcalde, dueños de hoteles, de restaurantes del pueblo y ningún turista. Eso fue el primer día”, contó Lavayén.
Entre rumores que daban cuenta de ciertas dadivas para convertirse en privilegiados viajeros de heliópteros pasó primer día de refugiados de los Lavayén.
“Ese día nosotros quedamos en la puerta. Había una reja que daba paso al helicóptero, quedaron mis dos niños apretados, mi señora. La policía me quería separar de los niños. Hay prioridades de la madre con los niños o las embarazadas, pero fue todo un cuento, las embarazadas y las madres quedaron apretadas contra esa reja al igual que los viejitos. Había un canadiense con cinco by pass que quedó apretado contra la reja con mis hijos. Fue toda una lucha inerte, porque fueron 60 amigos del alcalde los que viajaron ese día”, añadió.
Si bien reconoció que habia comentarios sobre que los viajes se cobraban no pudo corroborarlo “no lo puedo decir, porque no lo vi”.
AVIVADAS A LA PERUANA
Claro que la situación de indefensión en la que se encontraban cientos de hombres, mujeres, niños y ancianos, no despertó el alma altruista de empresarios hoteleros, por lo menos en el que se hospedaban los tandilenses “esa noche dormimos en el hostal. En la segunda noche nos cobraron el doble y nos dieron una habitación más pequeña, siendo muy correcto en los términos que uso”.
Los nervios de Mauricio Lavayén a esta altura de las vacaciones comenzaban a hacerse sentir
“yo dije me tengo que volver por donde vine caminado. Mi señora no quería, yo pensaba que era la única posibilidad, porque ya eramos 3.000 los turistas, porque habían evacuado los de las ruinas, inclusive la chica argentina muerta y su amiga herida”.
El razonamiento de Lavayén tenía elementos más que claros “si un helicóptero sacaba 60 personas por día, mi cuenta daba o que nos moríamos de hambre o nos peleábamos todos. Además había peligro de alud”.
FALSA ALARMA
Como si fuesen pocas las dificultades que afrontaban a poco de estar instalados en Aguas Calientes las noticias no deseadas seguían sucediéndose “el primer día nos hicieron ir corriendo a todos montaña arriba, entre un monte; porque se rompió un dique en Pisac, unos 70 kilómetros arriba, un dique mucho más grande que el de Tandil y el río creció un metro y medio o dos en su nivel. Venía arrasando, plantas, piedras, vías, todo. Creíamos que iba a tapar el pueblo. La alarma Gracias a Díos quedó en eso y bajamos. Nos pusieron a todos en el estadio del pueblo, como resguardo; una parte medianamente alta, unos 3 metros arriba del río”.
MARCHA Y RETORNO
Con el cariz que tomaban los acontecimientos, los Lavayén decidieron dejar Aguas Calientes caminando y recorrer esos 15 kilómetros de treeking río abajo.
Sin embargo cuando habían recorrido unos 7 kilómetros tuvieron que desistir y regresar a Aguas Calientes “nos dimos cuenta que el agua nos llegaba a la rodilla y era muy peligroso salir”. En esa caminata se encontraron con un tucumano y una joven alemana, quienes continuaron el camino,
más dos guías de la zona.
Al tucumano y la alemana volvieron a verlos en Cuzco “nos volvimos y los chicos que siguieron estuvieron desaparecidos dos días. Gracias a Dios posteriormente los encontramos en Cuzco.
La caminata que nosotros hicimos de prueba ellos la continuaron. Tardaron 36 horas, luchando monte arriba porque con el río no podían ya que se había llevado la vía”.
Treparon un monte de más de 1.000 metros, bajaron de noche hacia otro lado, “perdidos, mojados, sin experiencia”.
“Todo esto Perú lo tapaba, nadie se enteró de la verdad. Yo gracias a Dios podía hablar con mi hermana en Tandil. Estaban todos tranquilos porque sabían que estábamos bien; bien pero luchando.
SEGUNDO DIA
La salida del sol en el segundo día de estada en Aguas Calientes trajo esperanza de una pronta evacuación, aunque con el correr de las horas, esa ilusión se transformaría en frustración y desesperanza .
“Otra vez haciendo cola, por ahí se iba mi señora con mis hijos, llegamos de vuelta hasta la reja con un canadiense que tenía cinco by pass. Seríamos unas 500 personas con prioridad para salir, todos apretados contra la reja y seguían saliendo amigos del alcalde o de los policías del pueblo”, indicó Lavayén.
El final del día sería con la misma frustración “todos muy enojados terminanos contra la reja a las seis de la tarde cuando no volaban más helicópteros”.
La impotencia movilizó a Mauricio Lavayén y otros dos padres “un francés que había trabajado 15 años en Bayer de Perú, un chileno y yo y algunos representantes de los ancianos nos juntamos, porque la policía se iba”.
“Nos organizamos los tres padres más los ancianos. Hicimos listado de los que habíamos quedado contra la reja, hicimos noche en los vagones del tren. Los chicos amontonados, sin frazadas, sin ropa. La ropa la teníamos mojada porque habíamos caminado entre el agua. Le conseguíamos la comida lo mejor posible, creo que nunca pasaron hambre, por ahí un poco los padres y los ancianos, pero los chicos no”, dijo Lavayén.
Las urgencias y las necesidades motivaron que las raciones de agua y arroz la pagaran dos o treces veces más que el precio normal, aunque los chicos no pasaron situaciones desagradables “para ellos era una aventura, para los padres una película de terror, muy parecido a 2012”.
En virtud de la organización que se daba entre los damnificados y el nulo compromiso de las autoridades “el médico del pueblo me pidió por favor sacar a la chica de Macachín, compañera de la que murió, porque veía que nosotros estábamos organizando la cosa”.

RELEVO Y EVACUACION
Esa noche lo relevaron al alcalde y trajeron a un coronel del Ejército, “Tejada, con quien me comunicaré cuando pueda, un tipo muy malo de bigotes, pero fue él que empezó a ordenar la cosa. Nos dijo ustedes tienen razón”.
En dos días evacuaron entre 150 y 200 personas, y ninguno era niño, anciano o enfermo. “Este coronel que había llegado en helicóptero con gente del ejercito, dijo esto no puede ser”.
El tercer día de caos, el coronel le dijo “Mauricio elegí los 10 más ancianos. Nos dio participación en la organización de la evacuación a mi, al chileno y al francés”.
“A mi me tocó elegir los 10 primeros ancianos, los más viejitos. Había un peruano de 85 años, peruano, sordo, el más viejo, estaba la hija que tenía unos 50 años y tuvo que ir el padre solo. Asi empezamos a armar los helicópteros del tercer día. Había helicópteros de 10, 7 y 20 personas, máquinas del año 50, pero eran los únicos que podían operar por la altitud”, graficó.
Armaron el primer grupo de 10; el segundo de 20, “siempre en degradé por la edad; un tercer grupo mezclado entre ancianos y enfermos. Así armamos unos 6 ó 7 grupos, unas 120 personas. A mi me escoltaban oficiales del Ejército de Perú con fusiles para separar a las personas, porque obviamente todos querían subir”.
“Le miraba los pasaportes, sacaba la cuenta de la edad y descartaba por edad. En el tercer grupo que armamos la gente vio que era cierto lo que le decíamos, que había un critero de evacuación y nos aplaudieron”.
Llegaron hasta los grupos de turistas de 70 años de edad. Luego el coronel “decidió sacar un heclióptero de 70 a 65 años; y uno de niños en orden ascendiente de edad; embarazadas, de 0, 1, 2 años, cuando había hermanos se promediaban las edades. Ese fue el acuerdo que se hizo en el lugar, con mucho orden y nosotros logramos salir al final del tercer día junto a una familia de San Andrés de Giles. Fuimos los primeros siete argentinos en salir esa esa la realidad”.

LA LLEGADA A CUZCO
Cuando arribó a Cuzco el matrimonio Lavayén aún quedaban otras 2.500 personas, entre las cuales había casi 700 argentinos.
Lavayén destacó la labor del Cónsul argentino de Cuzco y los demás compatriotas que colaboraron en la emergencia.
El funcionario había sido informado sobre que ese día serían evacuados 120 argentinos, aunque en realidad apenas dejaron Aguas Calientes 7 turistas connacionales.
Hubo un elemento fundamental en el cambio de las operaciones. Al llegar a Cuzco, Mauricio Lavayén le entregó el chip de su cámara al Cónsul.
Cuando el funcionario observó la realidad se “volvió loco, todos los cónsules y embajadores presionaron fuerte y al cuarto día recién operaron 11 helicópteros, sacando a 1.300 personas , ahí salieron casi 300 argentinos en un día, porque eramos mayoría”.

NO MOSTRAR LA REALIDAD
Mauricio Lavayén indicó que desde Perú no se quería dar trascendencias al asunto “cuando yo salí me hace una nota un medio peruano. Yo sigo hacia el helicóptero, al representante del medio peruano lo interceptan, lo taclean oficiales del Ejército. Los meten en la selva. Yo no se que pasó con esa gente”.
Si bien se pretendía ocultar la realidad “era como tapar el sol con la mano. Yo hablaba por teléfono con mi hermana y ella por Internet ya sabía”.
“El problema es que para Perú es un gran medio turístico. Todos lo entendíamos, se les cae un negocio gigante, pero bueno fue una catástrofe climática. Si hubieran dicho la verdad desde el primer día señalando que tenían un solo helicóptero, nos decían salgan trepando la selva y hacíamos eso, pero nos mentían, el problema era que mentían”, argumentó.
VOLUNTARIOS Y MENTIRAS
Lavayén mencionó que había entre 30 y 40 voluntarios que operaban de fiscales y ayudaban, mientras que los guías turísticos de los japoneses y alemanes, ni prestaban colaboración, por el contrario “trataban de inventar enfermos. Hubo gente que robaba sueros y se los ponía con cinta en los brazos, se tiraban y se hacían los desmayados. Me tocó escuchar historias, como un chico que decía que se le moría el papá en Israel. No se si era cierto o mentira para que lo sacaran de ahí. El coronel me miró y me dijo es una muy buena historia, porque no sabíamos si era verdad o no”.
Calificó a la experiencia como “durísima, tristísima, pero con un final feliz”.
Al llegar a Cuzco debieron ir de compras “tuvimos que comprar ropa, de todo, porque no teníamos nada”.
EL AUTO
Mauricio Lavayén confirmó que el auto de la familia quedó en Santa Teresa, “está con gente de campo, creemos que es gente buena”.
Si bien pudo acreditar que el rodado está en una zona de catástrofe a los efectos de la cobertura del segudo, no es así. No obstante efectuó todos los trámites.


SUELO TANDILENSE

Mauricio Lavayén llegó con su esposa y sus hijos ayer poco después de las cinco, tras haber abordado un micro en la medianoche del viernes en Retiro.
Desde Cuzco a Lima fueron trasladados en un avión Hércules C-130 y desde la capital peruana viajaron en un F-28 de la Fuerza Aérea que hizo escala en Tacna y Tucumán.
En el final de la charla Lavayén detalló que “para los nenes fue una aventura, con algunas partes tristes, mucho no lo entienden. Lo triste es cuando se acuerdan de todo lo que le quedó en el auto. No tienen más ropa ni sus juguetes más valiosos. Ahora lo que hicimos fue juntarnos bien los cuatro, comer bien, contenos que estamos acá de vuelta”.

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