8 de noviembre de 2010
Hugo Ramírez y Virginia Sánchez viven muy humildemente, junto a dos hijos, en la casita de Magallanes 1177. Ceban un rico mate y cuentan que sólo alguna changa da lugar a los escuálidos ingresos que permiten cubrir gastos mínimos e indispensables. Ellos mismos reconocen que en esa situación de “indigencia”, si es por sustento económico, el Defensores de Villa Italia, junto al comedor “Por una sonrisa” debieron haber cerrado hace mucho tiempo. Pero algo inexplicable los mantiene de pie. Quizás ver la emoción de tantos pibes correr tras la pelota, escapando de los riesgos sociales que propina la injusticia global.
La asociación civil ubicada en Villa Italia Norte, personería jurídica 32.969, motivó el último fin de semana un recital de rock a beneficio, donde 5 bandas tocaron en un boliche de avenida Santamarina, pues la tormenta había jugado una mala pasada –iba a realizarse en la Glorieta de la Plaza Independencia-.
Muestras solidarias como estas dan forma al comedor, que lleva 13 años de funcionamiento, cuando la pareja vino desde el partido de San Miguel.
Se trata de un servicio de merienda reforzada que sirven a los cerca de 60 chicos, de 8 a 18 años, que patean la redonda en un baldío cercano a la entidad -carecen de cancha-. Algunos chicos llegan desde el barrio Arco Iris para practicar su deporte predilecto en el “Defensores”.
Más allá del fútbol, en la vivienda de calle Magallanes también se dictan clases de folclore. Hugo, además de arquero y coordinador de la ONG, es un músico de años.
Ya consultados por el panorama social en el barrio, Virginia indica que si bien no hay casos de miseria extrema, y los pibes comen todos los días en sus casas, las necesidades son palpables. La Asignación Universal por Hijo, como en tantos rincones del país, caló favorablemente en el sector.
Acaso los principales trastornos y peligros para los adolescentes, “como en todos lados” –señalan en conversación con LA VOZ-, redundan en el consumo de drogas. Las adicciones jaquean a muchos chicos, “y lamentablemente caen en la peor de todas”, se refirió Sánchez en relación al paco, una sustancia que de sólo nombrarla en los medios, muchos actores institucionales de Tandil ponen el grito en el cielo para desmentir.
Por eso la asociación civil insiste tanto con integrar a los pibes desde la actividad física, tanto en la competencia con otros clubes de barrio como en los propios entrenamientos, a los que los jugadores llegan dos horas antes, ansiosos por empezar.
“Les inculco que jueguen bien, festejo un caño y una gambeta”, transmite Ramírez sobre la filosofía futbolística que baja a sus dirigidos. Aún ante la desventaja física con el rival circunstancial, en “Defensores de Villa Italia” se pregona la importancia de salir adelante.
NECESITAN MATERIALES DE CONSTRUCCION
Aunque resulte increíble, esta organización no gubernamental, con la gran función social que desempeña, recibe sólo un minúsculo respaldo estatal. La Municipalidad abona la boleta de la luz y una garrafa, más la beca del profesor de folclore. Y nada más.
Las experiencias con referentes políticos de la ciudad no fueron para nada fructíferas. A Ramírez una vez le quisieron presentar a un concejal, y el referente social le dio la mano, pero le aclaró que “para la foto” prefería desistir de cualquier relación. Nunca más lo vio.
Otro edil, en una reunión del Centro Provincial de Adicciones, le dijo: “a vos no te conocía”. Cuando hace años estaban ayudando a los niños en Villa Italia. El comentario denotó que el legislador camina poco y nada por la periferia.
Pero más allá del desencanto con la política, la ONG sí tuvo agradables sorpresas de vecinos “ilustres” y algunos que eligieron donar sin darse a conocer. “Una vez aparecieron 30 pelotas de una reconocida marca deportiva, las regaló Juan Martín Del Potro”; rememoran. En otra oportunidad, alguien dejó una heladera en forma anónima. Cabe señalar que la comida para los chicos se adquiere mediante el Banco de Alimentos.
Entre otras ricas anécdotas, no se borra el viaje a Mar del Plata tras una dura clasificación en los Torneos Juveniles Bonaerenses (en épocas donde federados y no federados competían aparte, no como ahora que es una ?carnicería?, describen). La mitad de los chicos no conocía el mar. Y a la mañana, el hotel los esperaba con el desayuno en el hall. Alegría indescriptible para los jovencitos.
“Te queda ese placer de ver a muchos chicos que pasaron por acá y hoy son grandes, te saludan con respeto por la calle y ves que no se metieron en ningún problema. Y alguno hasta viene a preguntarnos si necesitamos algo para darnos una mano”, manifestó Ramírez.
Por estos días, el “Defensores de Villa Italia” necesita la colaboración de la comunidad, sobre todo con materiales de construcción para terminar las instalaciones donde meriendan los chicos. Los interesados en dar una mano pueden comunicarse al teléfono: 15496960.
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