22 de febrero de 2008

Locales

Locales. Testigos afirmaron que los acusados se conocían entre sí antes del homicidio

Ayer se concretó la tercera y última audiencia de prueba por el juicio oral y público en el que se ventila la causa por el homicidio de José Luis Gárate y se evalúa la responsabilidad penal de los cinco imputados. Ahora, se abre un paréntesis hasta el lunes, cuando el Ministerio Público Fiscal desarrolle su alegato acusatorio, en tanto que el venidero jueves será el tiempo de las defensas, a la espera de confirmaciones sobre la fecha en la que el Tribunal Criminal de a conocer su veredicto.
La jornada de ayer resultó más compleja de lo previsto, con interrupciones varias que prolongó hasta la exasperación. El motivo de los tensos como densos intervalos no fue otro que la incertidumbre generada por el trío de testigos que restaban completar la nómina de deponentes citados por la fiscalía. Vecinos juarenses éstos, que el fiscal necesitaba y mucho para cerrar el círculo de complicidades entre los imputados. Más precisamente dejar sentada la relación previa que había entre Román Espinosa, los hermanos Santiago y Esteban Pugni y Daniel Sasali.
Especialmente, la fiscalía buscaba plasmar que Sasali era al menos conocido de alguno de los tres, cuestión que finalmente y no sin antes denodados esfuerzos indagatorios ante el par de deponentes, se logró.
Tal lo previsto, 9.15 de ayer se reanudó el juicio, con la presencia de uno de los tres testigos que completaban la nómina citada. Se trató de un médico oftalmólogo, quien precisamente cumplía funciones en la dirección de Tránsito comunal de Juárez.
El profesional, ratificó que había tenido contacto con Sasali cuando éste fue a sacar su carnet de conductor, y como consta en el documento incorporado como prueba en el expediente, el acusado presentaba una deficiencia visual que lo obligaba a usar anteojos, tal reza en el mismo carnet.
El detalle no sería menor, siendo que hoy Sasali no los usa, mientras que Belén Molina oportunamente lo reconoció como el que aquella noche del 28 de agosto de 2004 manejaba el auto Chevrolet Corsa, color gris, y usaba anteojos.

TESTIGOS TEMEROSOS
Tras el trámite concretado, se estaba a la espera del par de testigos clave que la fiscalía aguardaba sin éxito. A saber, los testigos no se habían presentado más allá de haber sido notificados oportunamente, por lo que se resolvió que fueran buscados por la fuerza pública y, de resultar necesario, declararan de forma compulsiva.
Las sospechas esgrimidas por el Ministerio Público Fiscal remitían a que ambos vecinos podrían haber sufrido algún tipo de intimidación o presión para que no se presentaran a declarar.
Con el paso de los minutos, finalmente se logró confirmar que una comisión policial había ubicado a uno de los testigos esperados, quien ya por esas horas era trasladado en un patrullero desde Juárez a Tandil, por lo que se dispuso un nuevo cuarto intermedio a la espera de su llegada.
Para el otro deponente, para las 10.30 aún su presencia resultaba incierta, dado que acusaba una dolencia de columna, incluso se había presentado un presunto certificado de salud sobre la patología que le impedía trasladarse, aunque la fiscalía insistió en ir también a buscarlo y demorar la audiencia hasta que fuese necesario.

CONTRADICCION Y CAREO
Oscar Sarghini, finalmente, ingresó a la sala de audiencia y evidenció una incomodidad notoria a la hora de tener que decir lo que rezaba en una declaración testimonial del expediente. Sus dichos referían a que había visto a Sasali junto a Espinosa, como así también a este junto a los Pugni, en un par de sitios de esparcimiento nocturno de la vecina localidad.
Sin embargo, a la hora de ratificar sus dichos frente al tribunal, se negaba a reconocer aquellos dichos, aludía a no recordarlo e incluso insinuó poner en duda la confección del importante documento concretado por el inspector Juan Carlos Lazarte, que por esos días colaboraba en las pesquisas.
A pesar de la insistente requisitoria del fiscal Echeverría, incluso alertándole que podría ser acusado de falso testimonio, el deponente se mantuvo dubitativo, eludiendo recordar aquellos dichos.
Así fue que se ordenó un nuevo cuarto intermedio y desalojar la sala, para dar lugar a que el testigo “recapacitara” y “recordara” sus dichos primeros.
Con la reserva de no contar con el público, el declarante no cambió de postura, lo que implicó entonces llamar al policía Lasarte, para realizarse un careo entre ambos y tratar de dilucidar el entuerto.
Según lo confiado por el Ministerio Público Fiscal al término del procedimiento en la sala, finalmente en el careo el testigo terminó reconociendo que los cuatro acusados juarenses se conocían, y en medio de sus dubitativas expresiones admitió que los había visto en alguna oportunidad reunidos, no los cuatro juntos, pero al menos sí en reuniones ocasionales unos y otros, especialmente Espinosa como nexo.
Antes de dejarlo liberado del controvertido trámite que debió protagonizar el temeroso testigo, desde la defensoría de los Pugni se anticipó que pedirían que se abra una causa por falso testimonio.
Así, el Tribunal conformado por los jueces José Luis Piñeiro, Guillermo Arecha y Pablo Galli, daban por culminada la audiencia de prueba, con la cita fijada para el lunes, cuando el fiscal Echeverría protagonice su alegato acusatorio. El jueves, en tanto, será el turno de los defensores.

Otro testimonio que complica a los acusados
Media hora pasadas las 13, finalmente arribó a la sala de audiencia (traído por la policía) el último de los testigos citados para el juicio, Silvio Rojas, otro vecino juarense que por aquellos tiempos del hecho fatal era propietario de un pub de la localidad vecina.
También evidenciando algunos temores pero que finalmente no le impidieron ratificar lo que oportunamente había expuesto ante los investigadores en la Instrucción Penal Preparatoria, el hombre dijo conocer a los cuatro acusados (Espinosa, los Pugni y Sasali), especialmente por haber sido concurrentes de su comercio o por haberlos visto en un club bailable de su ciudad.
Más precisamente, el testigo aseveró haber visto a Espinosa junto a Sasali en una noche en aquel boliche, en tanto que en su pub recordó que el primero era un asiduo concurrente, en tanto que el resto habrían concurrido pero con menor frecuencia.
Si bien este dato que hace a las relaciones mantenidas entre ellos sumó un nuevo elemento a la teoría fiscal, la continuidad de su relato sirvió también para acrecentar la complicada situación de Espinosa, sindicado como el autor material del homicidio.
El ex comerciante reseñó que si bien no podía certificar con fechas lo que iba a relatar, sí podía asegurar que a un mes de la apertura de su local, Espinosa le habría preguntado si no tenía un arma para venderle, lo que el testigo dijo no contar.
Aproximadamente a los cinco meses de aquella pregunta, Espinosa protagonizó un incidente en el pub. Específicamente se estaba peleando con un amigo cuando jugaba al pool y extrajo un arma de fuego. Inmediatamente hubo personas que intervinieron en el incidente y el mismo Espinosa terminó dándole el revólver al testigo en cuestión, para que luego, una vez calmados los ánimos se la devolviera, sin más.
Al ser indagado sobre características del arma, el deponente consideró que a su entender se trataba de un revólver mediano, que factiblemente podía ser de calibre 32 (en el homicidio de José Luis Gárate el homicida utilizó un mismo calibre para el disparo mortal).
Así, el hombre que acusaba un dolor de columna, se retiró de la sala de audiencia. Había cumplido con su obligación, a pesar de la primera reticencia a presentarse al juicio.

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