29 de septiembre de 2009

Policiales

Policiales. Testigos y policías dejaron muy

A fines de 2007, más precisamente el 29 de diciembre, desde éstas páginas se informaba sobre un importante operativo policial que terminó con tres detenidos, quienes habían protagonizaron un raid delictivo durante unas horas digna de una noche de furia.
Hoy, a casi dos años de aquel episodio, los sujetos se enfrentan al juicio oral y público, en el que el Tribunal Criminal Nコ 1 resolverá sobre el reproche penal que le podría caber.
En efecto, ayer a las 9, fuertemente custodiados por efectivos del servicio penitenciario Pedro Arroceres (26) y Manuel Souto (21) ingresaron al recinto, donde el fiscal Luis Piotti y el defensor oficial Diego Araujo, emprenderían la audiencia para desentrañar lo ocurrido entre la noche del 28 y madrugada de 29 de diciembre de 2007.
Si bien los detenidos por los hechos a ventilar habían resultado tres, sólo se juzga la responsabilidad de los citados, dado que el restante es un menor de edad. Precisamente el ausente, resultó el autor material de los cinco atracos perpetrados en aquella madrugada de furia, mientras que los sentados en el banquillo de los acusados conducían el rodado y ayudaron a completar el raid delictivo, al entender del ministerio público.
Sobre la línea argumentativa acusatoria, el fiscal Piotti ratificó que durante el 28 y 29 de diciembre de 2007 los imputados concretaron el raid delictivo junto al menor de edad, quien bajaba a los locales comerciales portando un arma y concretaba los atracos, todos realizados entre los tres a bordo de un Ford Taunus que oportunamente fue interceptado en una frenética persecución con la policía que terminó en las respectivas detenciones.
Más precisamente en la esquina de Fugl y Tacuarí, los efectivos en sus respectivos móviles terminaron de lograr detener la marcha del Taunus. Empero, el trío siguió la huida a pie, aunque en el corto trayecto fueron capturados por policías que ayer, precisamente, formaron parte del desfile de testigos que pasaron por la sala de audiencias.
Allí mismo, se les secuestró una importante cantidad de dinero en efectivo, que al entender de la acusación resultó el botín de los cinco asaltos. En tanto que unos metros más atrás de donde fueron interceptados se recogió el arma de fuego utilizada para realizar los hechos.
Sobre la seguidilla de robos, cabe consignar que se le endilgaron los sufridos en el local de avícola Soychú de avenida Avellaneda, en un kiosco de Alvear al 50, en la estación de servicio de Bolívar y Avellaneda (YPF), como también en la de avenida Brasil (Alpamar), la de avenida Del Valle esquina Rodríguez (Shell).
Por todos los hechos, se les endilga el delito de “Robo calificado por el uso arma no apta para el disparo, tenencia de arma, agravado por la participación de un menor”.

TESTIGOS

El primero de los testigos que escuchó el Tribunal fue el joven que trabajaba en la estación de servicio de Avellaneda y Bolívar, quien en las primeras horas de aquel día fue sorprendido por el menor (al que luego identificaría en reconocimiento fotográfico), quien apuntándole con la pistola le exigió el dinero que tenía (unos 360 pesos).
El mismo modus operandi relataría el resto de las víctimas de aquella jornada. En efecto, la empleada de la estación de servicio Alpamar de avenida Brasil contó prácticamente una escena idéntica, entregándole unos 800 pesos y su celular. Su compañero de trabajo, contaría lo suyo en la misma sintonía.
Ya en horas de la mañana, alrededor de las 9.30, la mujer que trabajaba en el comercio de Alvear al 30 describiría cómo el menor la encañonó con la pistola en su cabeza para robarle el dinero que tenía. Otra mujer, del comercio de Avellaneda al 1100 hablaría de un hecho semejante por ese mismo margen horario. Allí el menor se había alzado con algo más de 500 pesos.
También otro empleado de la estación de servicio de Del Valle y Rodríguez trabajó esa noche y fue presa del mismo accionar, aunque con el detalle que éste pudo divisar a unos 100 metros del lugar de los hechos sufridos el Ford Taunus donde había huido luego el asaltante.
También aportó lo suyo otro joven, empleado de la GNC sita enfrente a la escena del delito, quien en bicicleta también divisó el auto estacionado en la gomería lindera a la estación de servicio, en lo que los investigadores presumieron se trasladaba el menor con algún cómplice, precisamente los que ayer empezaron a ser juzgados.
Todos las víctimas, en las respectivas diligencias investigativas reconocieron al menor de 15 años en fotografías exhibidas por la policía, como el arma que utilizó.

INVOLUCRADOS

A la hora de relacionar a Arroceres y Souto, se escuchó el testimonio de los uniformados que participaron de la persecución y terminaron capturándolos.
Una buena parte de los policías que intervinieron, dieron cuenta cómo sucedió la frenética carrera hasta lograr interceptarlos, aclarando que empezó la búsqueda del auto cuando los bicipolicías advirtieron el trayecto sospechoso del vehículo, por la zona y a minutos de haber sido anoticiados de uno de los atracos perpetrados.
Todos los policías reconocieron en la sala de audiencia que los allí sentados era el trío identificado arriba del auto (Arroceres manejando y Souto de acompañante, el menor en el asiento trasero).
Además, se citó al dueño del auto, vecino y amigo de Arroceres, quien declaró que le prestaba el rodado las veces que hacía falta, incluso sin necesidad de pedirle permiso para llevárselo.
Sin más testigos por escuchar, los jueces Pablo Galli, Guillermo Arecha y Carlos Pocorena, acordaron un cuarto intermedio hasta el lunes próximo al mediodía, tiempo en que se escucharán los alegatos de las partes.

Objeciones

El defensor de los dos acusados, Diego Araujo, planteó de antemano que iba a sostener la absolución de sus defendidos, considerando que los hechos descriptos no podían ser acreditados, como así tampoco la responsabilidad de los dos imputados.
No obstante, Araujo aludió sobre una cuestión preliminar a iniciarse el debate, acerca de insistir en su rechazo al reconocimiento fotográfico del menor que oportunamente se hizo durante la instrucción.
Para el letrado, dicha prueba cuestionada, resulta la columna vertebral de la pesquisa, y a su entender debía ser considerado el procedimiento como nulo, habida cuenta de las restricciones que la ley establece sobre la persecución a menores de edad, no punible.
El fiscal Piotti salió raudo a responderle, considerándolo improcedente la solicitud de Araujo, para así reseñar que el reparo defensista había ya sido resuelto en las instancias previas al juicio, y todas las posibilidades fueron rechazadas por los magistrados intervinientes.
El ministerio público añadió que las normas para un menor son para protegerlo, pero no pueden ser garantías para investigar la responsabilidad de otros mayores involucrados.

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