11 de febrero de 2008

Locales

Locales. Todo listo para un juicio que promete mucho debate en torno a la investigación

A nueve días de la anunciada audiencia oral y pública en la que se juzgará la responsabilidad penal de los cinco imputados por el crimen de José Luis Gárate, crece la expectativa ya no sólo en familiares y allegados que pugnan por el esclarecimiento del hecho ocurrido el 28 de agosto de 2004, sino en la sociedad toda y, especialmente, en la comunidad judicial, que confiesan que se trata del juicio más esperado, comparable en su tenor y repercusión a lo que sucedió con la causa por el homicidio de los custodios y un poco más aquí en el tiempo con la condena a las autoridades policiales de la Seccional Primera, con el comisario José Luis Nápoli en primer plano.
Expectativa no sólo por las connotaciones mediáticas que tuvo el caso, sino también por sus ramificaciones y pormenores de lo que se presenta como un presunto atraco finalmente frustrado en el que perdió la vida un reconocido vecino.
También el interés en los actores judiciales deviene en el tenor del debate que se iniciará el 19 del corriente con la audiencia presidida por el Tribunal Criminal N° 1 (integrado por los jueces Guillermo Arecha, José Luis Piñeiro y Pablo Galli), en la que promete ventilarse los alcances de una investigación que en su momento tuvo sus reparos por parte de los defensores de uno y cada uno de los acusados, con un nudo central a desandar a lo largo del juicio, la confesión de María Belén Molina, testimonio clave para lo que fue el avance de la pesquisa y la consiguiente detención de todos los integrantes de la gavilla que, al entender de los investigadores, actuó en el hecho ocurrido en las puertas del supermercados Monarca, de avenida Colón al 1100.
Es que también generará polémica la situación de Belén Molina, quien en la primera parte de la investigación prestó declaración como imputada, y allí brindó detalles de lo sucedido y entre quiénes se protagonizó. Luego, con el curso de la pesquisa y el expediente, Molina ya presta declaración como testigo, a la hora de identificar en rueda de reconocimiento a los imputados (ella sólo conocía a los hermanos Pugni).
Cabe reseñar que por el hecho, están imputados Román Espinosa, Santiago y Esteban Pugni, Daniel Sasali y la propia Belén Molina.

LOS TESTIGOS Y LAS PRUEBAS
Sobre lo que comenzará la semana que viene, vale consignar que se trata de un expediente de 14 cuerpos y 9 cuerpos de legajos fiscal. Aquí radican los primeros reparos de los defensores, siendo que se trata de las pruebas que el fiscal fue recabando a lo largo de la investigación en secreto, sin dar cuenta a los actores involucrados. Dichas pruebas, igualmente fueron expuestas en la audiencia preparatoria, y allí los defensores tuvieron oportunidad de plantear sus objeciones. Se trata básicamente varias escuchas telefónicas de los sospechosos, elementos que sirvieron a la investigación para ir hilvanando indicios sobre la relación de los involucrados y cotejar con la declaración de Molina.
Primeramente para la audiencia están pautados 252 testigos, entre aquellos policías que intervinieron en el caso, peritos, médicos y deponentes.
Cabe consignar que el caso no cuenta con testigos presenciales (más allá de los dichos de Molina). Sólo hay testimonios que alimentan la teoría del fiscal y que de alguna manera fueron cerrando el círculo de sospechas para con los acusados. Especialmente un comerciante de la vecina localidad de Juárez, quien habría vendido los proyectiles utilizados por el arma nunca encontrada que habría utilizado Román Espinosa (acusado del homicidio), como así también otro juarense, propietario de un bar de la localidad quien confió que los cuatro involucrados (Espinosa, los hermanos Pugni y Sasali) se juntaban en el local, dejando por sentado que se conocían con antelación al hecho.
Otra de las pruebas sustanciales de la causa que se ha incorporado al debate, es la campera hallada a metros del escenario del crimen. Dicha prueba generará también discusión, siendo que a priori podrían plantearse ciertas desprolijidades de los uniformados a la hora de su secuestro (fue encontrada a días del suceso por un llamado telefónico de un vecino).
Otra de las aristas que generará suma atención versará sobre las imputaciones que revestirán para cada uno de los acusados.
En lo que respecta a Belén Molina y Daniel Sasali (contarán con la defensa de los Defensores oficiales, Carlos Kolbl y Diego Araujo, respectivamente), hoy están bajo prisión morigerada (arresto en sus domicilios) por el delito caratulado “Robo agravado por el uso de arma cuya aptitud para el disparo no se acreditó, en grado de tentativa”.
Para los hermanos Pugni (defendidos por el doctor Dino Dátola), hoy pesa la imputación de “Robo agravado por el uso de arma cuya aptitud para el disparo no se acreditó, en grado de participación”, una acusación levemente superior a los dos anteriores aunque también recientemente recibieron la prisión morigerada, aunque no se hizo efectiva por que no hay cupo para obtener las pulseras magnéticas.
Para Espinosa, en tanto, es el que a priori presenta la peor situación del proceso, quien quedó acusado de Homicidio. El juarense será defendido por la doctora Patricia Stadler, conocida en estos pagos por su defensa para con uno de los condenados en el juicio por los dos custodios.
Obviamente, durante la audiencia, la fiscalía de juicio, integrada por el doctor Gustavo Agustín Echevarría y en este caso particular será acompañado por el propio fiscal Gustavo Morey (fue quien llevó adelante la pesquisa), buscará que la acusación sea más severa que la que hasta el curso de proceso tuvo, mientras que seguramente y, principalmente los defensores de los Pugni, Sasali y Molina, como mínimo intentarán mantener la carátula y así especular con una pronta liberación.
Sobre porqué los jueces intervinientes en el proceso consideraron que no se acreditó que el arma estaba apta para el disparo, cosa que efectivamente ocurrió y terminó con la muerte de Gárate, se desprende que si se creyó en un todo lo dicho por la imputada Molina, entonces debe aceptarse que ella no sabía que el arma en cuestión estaba cargada, sino todo lo contrario según le habían asegurado los Pugni.
El martes 19, entonces, comenzará el esperado juicio en el que se intentará develar lo ocurrido aquella fatal noche de agosto de 2004, y especialmente la responsabilidad penal de los cinco acusados, todos signados por lo confesó la primera de los involucrados, Belén Molina, cuya declaración (ver aparte) sirvió para descubrir la trama que los investigadores sospechaban y ahora llevarán a debate.

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