26 de octubre de 2008

Locales

Locales. Trabajador rural fue mordido por una yarará

El miércoles pasado un joven trabajador rural fue atacado por una yarará y debió ser hospitalizado rápidamente a raíz del potente veneno del réptil. El empleado salvó su vida al recibir el correspondiente suero antiofídico y tras permanecer internado tres días en el Hospital Municipal Ramón Santamarina, el viernes último recibió el correspondiente alta médico.
De acuerdo a lo averiguado por este medio, el trabajador rural estaba efectuando tareas de jardinería en un establecimiento cercano a la ciudad. Se encontraba con una cortadora de césped y en una de las pasadas con la máquina inquietó sobremanera al réptil que lo mordió a la altura del tobillo. El ofidio era de un tamaño considerable y le dio muerte el perro del jardinero atacado.
No trascendieron los datos del joven de unos 25 años, que fue trasladado de manera urgente al Hospital Municipal Ramón Santamarina, donde lo recibió el doctor Guillermo González quien rápidamente le aplicó suero antiofidíco, cuando ya los efectos del veneno se hacían notar en el organismo del joven.
El réptil fue llevado al Hospital Municipal Ramón Santamarina y quedó para su estudio correspondiente en el laboratorio del centro asistencial público.
En diálogo con LA VOZ, el doctor Jorge Gentile expresó que anualmente se registran entre seis y siete accidentes de esta índole en el partido de Tandil.
Respecto del stock de antídoto para el veneno de réptiles expresó que se reponen de acuerdo a los casos que se reportan.
Por otra parte, indicó que estos animales no se van de sus respectivos hábitat, por eso a medida que se sigue construyendo en las sierras los incidentes se incrementarán considerablemente.

Características de la yarará
La yarará es considerada una especie típica de regiones del sur y centro del Brasil, sur del Paraguay, Uruguay y Argentina, siendo portadora de un fuerte veneno, lo que la hace sumamente temida.
Su vista y oídos no le resultan demasiado confiables, pero cuenta con una lengua vibrátil que no tiene relación con los mecanismos de envenenamiento y le resulta imprescindible para recibir información acerca de lo que la rodea.
Esta víbora sale a cazar especialmente cuando cae la tarde, hora en la que abundan sus presas favoritas, los roedores (lauchas de campo, ratas, conejos y cuises), a los que puede rastrear mediante su olfato. Periódicamente la yarará se desprende de su piel y esa época suele ir seguida de un incremento en la actividad de caza.
Debido a sus hábitos crepusculares y nocturnos evita los rigores del calor y durante el día permanece oculta en refugios naturales, debajo de piedras, en huecos y hendiduras. En zonas templadas, donde el invierno es bastante riguroso, recurre a la hibernación, ese modo de suspender en una especie de largo sueño todas las actividades vitales, reduciendo la vida a sus umbrales más bajos para así resistir el invierno.
La yarará es de color amarronado o grisáceo, presentando pupila vertical, foseta loreal (órgano termosensible ubicado a ambos lados del hocico, entre el ojo y la nariz), y manchas arriñonadas (en medialuna o cuadrangulares), aunque hay variaciones como la yarará crucera (o de la cruz), que mide unos 150 cm y presenta sobre la cabeza líneas formando una cruz blanca. La yarará chica es como la descripta, pero un tanto más pequeña: La yarará ñata es de hocico respingado y vientre amarillo con manchas marrones.
En todos los casos los dientes inoculadores son retráctiles, guardados dentro de vainas mucosas y parecen dos agujas hipodérmicas. Su veneno destruye tejidos, provoca hasta incoagulabilidad sanguínea y hemorragias por lesión de vasos sanguíneos.
Fuente: Semanarioelmundo.com.ar

Comentarios

0

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.

Cargando comentarios...

Subscribite para recibir todas nuestras novedades

data fiscal  © 2026 | La Voz de Tandil | Av. del Valle 1220 - Tandil