14 de julio de 2010

Policiales

Policiales. Tres años y ninguna pista por el homicidio de José Mesquidas

A mediados de febrero de 2009 desde éstas páginas se informaba sobre un presunto avance en la causa que investigaba el homicidio de José Mesquidas, ocurrido el 14 de julio de 2007. Al decir de fuentes judiciales de aquel entonces, un testigo de identidad reservada había aportado datos sobre el crimen. Mientras se aguardaba el resultado de las pericias por los rastros encontrados en las uñas de la víctima, se recibió una declaración en sede judicial. El testimonio ponía en el centro de la escena a un nuevo sospechoso. Los dichos fueron convincentes para el fiscal Piotti quien pidió la detención, aunque la jueza de Garantías Stella Maris Aracil no valoró la declaración de la misma manera.
De aquella información a la fecha, las diligencias se sucedieron sin solución de continuidad, empero el desenlace de las mismas cayeron en el mismo interrogante, frustración. Nada sirvió finalmente para cimentar aquella hipótesis de presunto avance en el expediente. Todo lo contrario, ni el testigo ni los resultados periciales aportaron para un posible esclarecimiento.
A la fecha, podría sintetizarse en que la causa está estancada, sin sospechosos a la vista y pocos indicios para encaminar la pesquisa hacia otro carril de los hasta aquí ensayados.
El o los asesinos del jubilado José Luis Mesquidas, son toda una incógnita, transformándose el caso en uno de los hechos más graves que el nuevo funcionamiento judicial (con la puesta en funciones de fiscales) no pudo resolver, en la misma lista de crímenes impunes contemporáneos a la reforma penal como la mujer sin nombre hallada en el camino de ingreso a Gardey y el de la jubilada Margarita Herrera en los monoblok de avenida Perón.
Si bien la instrucción por éstas horas se mantiene abierta al aguardo de algunas diligencias procesales que el fiscal Piotti ha ordenado, los investigadores confiaron en que la pesquisa del crimen naufraga, habida cuenta de los escasos avances que el expediente denota a pesar de los esfuerzos por intentar dar con los responsables.
Se insiste, las últimas novedades ventiladas (que finalmente resultaron un fiasco) ocurrieron hace un año, cuando apareció un testigo de identidad reservada quien aportó datos sobre un individuo, poniéndolo en el centro de la escena en esta causa aún sin resolverse.
Lo cierto es que por esas horas, el testigo dio detalles que fueron valorados positivamente por el agente fiscal, doctor Luis Piotti, quien directamente elevó al Juzgado de Garantías el pedido de detención para este sujeto, que cuenta con diversos antecedentes y reside en nuestro medio.
No obstante, aquellos elementos valorados por el fiscal no merecieron idéntica percepción por la parte de la jueza de Garantías, doctora Stella Maris Aracil, quien desestimó el pedido formulado desde el Ministerio Público.
Asimismo a estar de los datos que pudo recoger este medio por aquellas horas, se concretaron allanamientos en la búsqueda de un efecto que pertenecía a la víctima aunque no lograron dar con dicho elemento que podría tratarse de una prenda gauchesca.
Mientras tanto, se aguardó con expectativa los resultados de las pericias efectuadas en rastros ubicados debajo de las uñas de la víctima para cotejarlos con la sangre tomada a dos personas que estaban detenidas por otros hechos.
Sin embargo, los resultados del ADN de las muestras hemáticas no tuvieron coincidencia con el patrón genético hallados en el cuerpo del jubilado asesinado.

EL HECHO Y EL MOVIL

El crimen de José Mesquidas, ocurrió en la casa de la víctima, Vicente López 817, el 14 de julio de 2007, y murió como consecuencia de los traumatismos sufridos durante el presunto intento de asalto.
Mesquidas recibió una golpiza con un elemento contundente que desencadenó en su muerte y se dejó de lado lo que se había barajado en un principio, respecto a que el deceso había sido producto de un golpe en la nuca al caer.
Se presume que los delincuentes que ultimaron a Mesquidas tenían el convencimiento sobre una importante transacción inmobiliaria de la víctima, quien había vendido una casa producto de una herencia por el fallecimiento de un familiar directo.
Una parte de ese dinero el hombre la había utilizado para adquirir un auto nuevo a un vecino, mientras que el resto de la plata la había depositado en un banco y no la guardaba en la casa, como seguramente ha creído el matador.

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