16 de enero de 2017
Con el acatamiento de Toyota al reclamo de Donald John Trump de invertir en
su país, los Estados Unidos de América, y dar trabajo a sus habitantes,
faltando pocos días para que asuma la presidencia, el magnate inmobiliario
ya ha logrado victorias políticas importantes en su campaña
desglobalizadora y de retorno a un proteccionismo que, a lo largo de más de
tres siglos y medio, hicieron de esa nación la gran potencia del mundo,
sólo superada en materia económica en los últimos años por China.
Precisamente cuando con un Producto Bruto Interno (PBI) por poder de compra
(PPP) de u$s 17,11 billones en 2013, contra los u$s 16,91 billones de
China, los EE.UU. vieron concluir su ciclo de preeminencia consolidado
hacia 1896. En 2014, se encontraron con que sus u$s 17,52 billones quedaron
detrás de los u$s 18,14 billones de China, para llegar a 2015 con u$s 17,95
billones contra los u$s 19,39 de la gran potencia asiática.
Ello, con el agregado de que su deuda pública alcanzaba el 73,6% del PBI,
su comercio exterior registraba un déficit del 2,9%; la agricultura
generaba el 1,1%, la industria el 19,4% y los servicios, fundamentalmente
financieros, el 79,5%.
Mientras tanto, crecía la población con ingresos por debajo de la línea de
pobreza cuya última medición dada a conocer, la de 2010, era del 15,1% en
medio de un importante nivel de desocupación.
La llegada al gobierno estadounidense de Ronald Wilson Reagan, en 1981,
puso fin de 330 años del proteccionismo histórico que se iniciara el 9 de
octubre de 1651, en tiempos coloniales, cuando el gobierno británico
encabezado por Oliverio Cromwell, mediante las “Actas de Navegación”,
desarrolló un sistema mercantilista que beneficiaba tanto a la metrópoli
como a sus colonias, ya que los habitantes de éstas también eran
“ingleses”.
Así crecieron las entonces “Trece Colonias” que fundaron los EE.UU. en
1776, donde tuvieron peso las ideas del economista industrialista, de
origen vasco, Valentín Tadeo de Foronda, y cuya independencia también
estuvo ligada, en buena medida, al rechazo de leyes posteriores que
diferenciaron a los habitantes de las islas británicas con los del resto
del Imperio obstruyendo el proceso de desarrollo, sobre todo el industrial.
A lo largo de los más de 240 años de vida independiente los diferentes
gobiernos fueron aplicando normas que favorecieron el desarrollo, llegando
a la violencia armada como cuando en 1861 los Estados industrialistas del
norte atacaron a los ruralistas del sur, dado que éstos se negaban a
entregar su algodón a los primeros ya que recibían mejores precios desde
Europa; razón verdadera de esa guerra civil.
El proteccionismo estadounidense, que se fue acrecentando con el tiempo,
generó diversos conflictos con la Argentina, incluyendo argumentos
fito-sanitarios para obstaculizar las exportaciones, lo que dio lugar a los
duros reclamos planteados por el gobierno del presidente Máximo Marcelo
Torcuato de Alvear, a través de su enviado, Honorio Pueyrredón, en el
Congreso Panamericano de La Habana en 1928.
También el “Plan Marshall”, implementado a partir del primero de enero de
1948, fue una clara muestra del proteccionismo estadounidense ya que
impidió que, salvo Canadá, por expreso pedido del Reino Unido de Gran
Bretaña e Irlanda del Norte, otros países pudiesen abastecer las
necesidades de los países europeos tras la Segunda Guerra Mundial, lo cual
generó una serie de problemas para el comercio exterior argentino durante
la primera presidencia de Juan Domingo Perón.
Los 35 años de liberalización de su economía, con predominio de las
cuestiones financieras, llevaron al deterioro de los EE.UU., ya muy lejos
de su modelo histórico y del keynesianismo que imperó durante los cuatro
mandatos consecutivos del presidente Franklin Delano Roosevelt.
Frente a estos antecedentes, Trump impulsa un retorno al proteccionismo
habiendo ya logrado que empresas como Ford, Fiat-Chrysler, Carrier, Sprint,
Volkswagen y Toyota, entre otras, hayan hecho importantes anuncios de
inversiones productivas por miles de millones en varios casos, incluso
dejando de lado otras que tenían previstas en México.
Todo ello en un marco de abandono de las alianzas Transpacífico y
Transatlántico, mientras grandes teóricos del “Orden liberal global”, como
Joseph Samuel Nye (junior), que influyera en las gestiones de William
Jefferson (Bill) Clinton y Barack Hussein Obama, afirman que Trump deberá
dar marcha atrás y sostener el proceso globalizador allanándose al “poder
blando” del sistema imperante.
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