9 de junio de 2008

Locales

Locales. Un abuelo muerto y muchos interrogantes sobre el funcionamiento de un geriátrico

La muerte de Juan Bruno (83), ocurrida en los primeros días del mes en curso, podría marcar la suerte de un geriátrico que, por éstas horas, está siendo investigado no sólo por las autoridades competentes en el área de la tercera edad, sino también en el fuero penal, según este Diario pudo confirmar de fuentes ligadas a las pesquisas.
Es que el fallecimiento del abuelo encierra muchos varios interrogantes que hacen al (mal) trato dispensado en esta especie de depósitos para ancianos que la vulnerabilidad con la que transitaron sus días empujaron. Vulnerabilidad no por su propia existencia que hace a su longevidad, sino por el contexto al que son sometidos: desde el desinterés del entorno familiar, al presuntamente (des) compromiso y/o atención dispensada por el personal a cargo y los profesionales intervinientes.
La trama, herméticamente investigada desde la fiscalía a cargo del doctor Gustavo Morey, contendría varias complicidades para una misma grave y delicada situación, que redunda en posibles irregularidades a la hora de velar por la salud del anciano, primero, y cómo se despacha su muerte más luego.
Por éstas horas y paralelamente a lo que investiga la justicia penal, interviene el municipio, a través de su secretaría de Desarrollo Social en consonancia con la secretaría Legal y Técnica, que precisamente para hoy su responsable, doctor Marcelo Giaconi, en representación de la comuna se estaría presentando como particular damnificado ante la fiscalía actuante.
Además, se están ultimando los pasos burocráticos para encarar un operativo montado desde el área social, especulándose que también por estas horas podría producirse una diligencia que apuntaría a imponer la clausura del geriátrico que está en la mira.
Es que además de la muerte del abuelo citado, se constató que de diciembre a la fecha otro trío de ancianos corrieron con similar suerte. Sin dejar de constatase delicadas como severas irregularidades que hacen a la salud y alimentación de los internados, como críticas situaciones detectadas en la construcción edilicia de la casa.
Paradójicamente, el escenario investigado lleva el nombre de una virgen, cuando por lo descripto por los funcionarios intervinientes allí se vive un infierno. No hay margen para demasiadas especulaciones, otra vez los abuelos (una de las prioridades que marcó la actual gestión) están en situación de riesgo. Las alarmas, denuncias y trabajos comenzados parecen no alcanzar para descomprimir una densa y delicada situación que habla del ocaso de historias solas, malcuidadas, al filo del delito calificado como abandono de persona.

EL CASO
El caso se remonta al pasado 3 del corriente mes. Aproximadamente a las 20.30 de aquel día, un equipo de funcionarios comunales (de Desarrollo Social, Bromatología e Inspección) concretaron una inspección sorpresiva en el geriátrico de calle Montevideo al 1200, que alberga una población de ancianos que oscila la docena.
Arribados al lugar, los funcionarios advirtieron cierta reticencia a recibirlos, incluso no querían que recorrieran las instalaciones para revisar el lugar como el estado de los internos.
Sin embargo emprendieron la pesquisa y se encontraron con el macabro hallazgo. En una de las habitaciones, un abuelo yacía en una cama, su cuerpo tenía todavía algo de temperatura, lo que implicaba que su deceso no había sido mucho tiempo atrás.
El hombre que estaba a cargo del lugar se excusó de dar precisiones sobre lo ocurrido, indicando que la propietaria no se encontraba porque había ido tras algunas diligencias.
Cuando estaban constatando que el fallecido no tenía historia clínica arribó al lugar un móvil de la empresa funeraria a cargo, quien había llegado con todas las intenciones de retirar el cuerpo sin más. Léase sin el certificado de defunción pertinente.
Tampoco el médico que trabaja para la casa se hizo presente en el lugar, lo que promovió otro de los grandes interrogantes para los funcionarios actuantes. Según luego constataron, el galeno en cuestión está contratado por 10 geriátricos de similares características, lo que deja un enorme margen de duda sobre su cabal seguimiento de los internos.
Con sólo hacer una cuenta cualquier profesional diría que su colega está incapacitado para atender como merecen las circunstancias. A saber: a un promedio de 12 pacientes por cada geriátrico, trabajando para 10 casas, la atención que puede dispensar a los pacientes es al menos magra.
En este contexto, la comisión comunal solicitó la presencia policial (intervino la Seccional Segunda) y la defensoría.
El estado del cuerpo del anciano no reviste demasiados análisis. Este diario tuvo acceso a fotografías del cadáver, pero resultan imposibles de publicar por su delicadísimo y crudo tenor de las imágenes.
Se trata de un cuerpo con severas heridas en descomposición. Más precisamente el diagnóstico realizado a posterior por el doctor que intervino en la pesquisa detalla sobre una herida que devino de una operación reciente, pero con llamativo estado de descomposición. También se constataron heridas como especie de escamas en distintas partes del cuerpo en evidente estado de putrefacción.
Juan Bruno, se decía, falleció en la más sola de las soledades. Con él se suma una nueva historia de vulnerabilidad, abuso y abandono que ahora la justicia intenta cuadrar como un delito. Los abuelos vuelven (al decir verdad nunca dejaron de estarlo) a estar en el foco de una delicada como tenebrosa escena, habrá que esperar si la comuna y la justicia logra encontrar los responsables.

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