11 de noviembre de 2014
Una inusitada reacción tuvo el reconocido músico Bernardo Moroder cuando habría ordenado expulsar de la Iglesia del Santísimo Sacramento a un niño con capacidades diferentes que desde el público disfrutaba del concierto que brindaba el Coro Estable de Tandil.
El lamentable episodio sucedió el último viernes y será denunciado en el Inadi por los papás del pequeño de 7 años que padece la enfermedad conocida como TGD, trastorno vinculado con el autismo.
Durante el fin de semana largo se desarrolló el 41º Festival de Coros de Tandil, en el templo católico de Belgrano 531.
Carlos Martínez, padre del menor, relató su indignación y ante los micrófonos de AM 1560, dejó trascender que pasaron los días y "no puedo salir de mi asombro, como ser humano y cristiano".
"Esperamos con muchas ganas este festival porque mi hijo, que resultó blanco de esta acción, tiene el Síndrome de Williams y ama la música, los entendidos dicen que posee oído absoluto", narró.
Al ingresar a la Parroquia "buscamos un lugar al costado izquierdo, donde no había mucha gente, así se sentaba el nene con tranquilidad. Veníamos disfrutando maravillosamente del Coro Estable, hasta que Moroder se acercó a mi señora pidiendo que retiremos al chico. Mi mujer se quedó congelada, luego me lo dijo a mi. Esperamos que termine el segundo tema y mi señora, para preservar a la familia, decidió irse. Esa noche estábamos con los otros nenes, uno que padece Glaucoma congénito, el pequeño de 2 años y mi madre".
Martínez expresó que "nos sentimos muy mal, se trata de la casa del Señor y me está discriminando, le dije que como católico estaba profanando el templo, porque ahí somos todos bienvenidos hasta que apareció él con esto".
Añadió que la actitud de Moroder "me pegó como padre y cristiano, nunca pensé ser discriminado en mi segunda casa. En el medio del segundo tema me dijo que retirara el chico porque deslucía el espectáculo, y la gente en vez de mirar al coro lo miraba a él, cuando la filmación que tengo no muestra eso", dijo el papá.
Transcurrido el mal momento, "afuera de la Iglesia lo hablé con algunos coristas y el padre Fernando, que al otro día me llamó por teléfono para pedirme disculpas".
"No tengo una explicación real, el nene estaba a un costado, tranquilo, con una hilera vacía, no hay justificación de nada porque es un lugar público, y nosotros como fieles nos consideramos dueños del templo", exteriorizó el damnificado.
Y reiteró que "al otro día me llamó el padre Fernando pidiendo disculpas, él quedó congelado como yo, es un sacerdote joven, que nunca había pasado una situación así adentro de la Iglesia".
Luego Martínez reconoció que "lloré como un niño, entré en un conflicto espiritual e intelectual, no podía ni conducir el auto".
También reportó que a raíz de la enfermedad del chico, afrontó "problemas con la medicina prepaga, donde te tratan como un número, pero socialmente jamás tuvimos un inconveniente, siempre fuimos bien recibidos. Esto me agarró con todas las defensas bajas, en un lugar que lo sentimos como propio".
Al parecer, "Moroder intentó dar una explicación y el concierto siguió, la gente se quedó en su lugar, y los comprendo porque seguro que se quedaron congelados. Hoy intento redactar lo que pasó y se me aflojan las manos, no lo puedo redactar", esbozó.
Por último puso de relieve que "estoy buscando gente para que sea testigo y seguir el caso en el Inadi", Instituto Nacional Contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo, "para que este señor aprenda la lección y que no se vuelva a repetir", culminó Martínez.
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