21 de septiembre de 2026
Una verdadera odisea fue el último viaje del aurinegro para afrontar su despedida del Torneo Federal. El plantel viajó el sábado por la noche para realizar los casi 1.100 kilómetros hasta Rincón de Los Sauces, no concentró, llegó dos horas antes del partido, no completó el banco de suplentes y llevó un jugador lesionado de relleno.
Los últimos días del representante tandilense fueron bastante movidos, ya que varios de los jugadores más grandes levantaron su voz y pidieron que se ponga al día al cada día más desmantelado plantel. Algunos de los futbolistas le explicaron a la dirigencia que había compañeros que estaban casi tres meses atrasados con los sueldos.
Esta situación llevó a que recién el jueves tuvieran el primer entrenamiento de la semana. Un día más tarde, apareció un dirigente con cerca de 2 millones de pesos para repartir en el plantel y así abonar un porcentaje mínimo de la deuda. El malestar fue creciendo y varios deportistas expusieron la idea de no viajar al sur para enfrentar a Deportivo Rincón.
A partir de ese momento, volvieron a retomar las negociaciones y en todas se hablaba de la deuda y como la abonarían. Sin embargo, los dirigentes no podían asegurar cuando podrían acercar algo más de dinero. Con este panorama, puertas adentro, empezaron los debates para ver qué decisión tomar pensando en el viaje.
Varios líderes y referentes, como Nicolás Romat, Ignacio Lucero, Nicolás Igartúa y Luciano Domínguez, entre otros, casualmente no integraron la nómina de quince futbolistas que el sábado por la noche viajaron. Sin embargo, Marcos Canchi, quien se encuentra lesionado y realizando una recuperación tras haber sido operado, estuvo en la lista de los que viajaron durante casi 16 horas para llegar un rato antes del partido.
Los futbolistas vivieron y atravesaron todo tipo de situaciones a lo largo del año, donde las promesas y la falta de pago fueron una constante, y varios en el cierre de la temporada optaron por no realizar semejante viaje sin poder tener un descanso lógico.
Improvisando, quizás responsabilizando a la falta apoyo, recursos y sponsors, la dirigencia mostró nuevamente los argumentos por los cuales el club estuvo a la deriva durante todo el año. Un final acorde a la conducción que llevó a Santamarina al descenso fue este viaje sin concentración y con apenas un puñado de cambios en el banco de suplentes.
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