5 de enero de 2009
Otra vez una muerte en una pileta, y nuevamente pesados interrogantes que hacen a las medidas de seguridad que los espejos de agua cuentan para prevenir lo que hoy enluta a la comunidad. Un pibe de apenas 13 años, ayer murió ahogado en un escenario que parece signado por la fatalidad, la pileta del Club Hípico, hoy regenteada actualmente por el Deportivo Santamarina.
Producto de una luctuosa casualidad, apenas hace un mes, se conocía desde éstas páginas el desenlace del último juicio que llevaba adelante la justicia penal local. Precisamente se ventilaba el caso sobre la muerte de una mujer en el mismo espejo de agua y se falló sobre la responsabilidad de lo que se consideró uno de los responsables de aquella muerte que fue caratulada como Homicidio culposo.
Esta podría ser una historia similar o no, dependerá también de la investigación. Empero, el final trágico y el lugar los coloca en el mismo paradigma acerca de los cuidados y las responsabilidades individuales y/o colectivas que se ejercen a la hora de preservar la seguridad de las personas que asisten.
Ayer era un domingo espectacular en materia climática. Así se demostró en cada uno de las piletas que la ciudad ofrece a propios y extraños para paliar las agobiantes temperaturas. Pero la demanda a veces resulta tal, que todos los cuidados parecen pocos, y se limita a la conducta individual de aquellos que deciden pasarla en una pileta.
LA VICTIMA
Desde la administración del club en cuestión, dentro de la consternación y dolor que inducía la fatalidad, deslizaban sobre los cuidados que en el predio se imponen, con profesionales destinados en la materia y un piletero preparado para tal fin. Asimismo, se aclaraba que poseían la poliza de seguro ante cualquier eventualidad.
Sin embargo, todos aquellos cuidados no alcanzaron para salvarle la vida a Roberto Darío Montero, de apenas 13 años de edad, quien junto a familiares acudió como otros cientos de vecinos a la pileta en cuestión para disfrutar un domingo a pleno sol.
Alrededor de las 18.30, la policía tomó conocimiento del hecho, y por los testimonios recogidos, se aludió a un joven que se sumergió en la pileta junto a su tío, que a la vez llevaba en sus brazos a una beba de un año. Juntos (no sabrían nadar), se habrían introducido hacia lo más profundo del espejo de agua sin posibilidad de volver sobre sus pasos.
El piletero, que estaría a unos dos metros de ellos y, según cuentan el centenar de personas que acudió al club, está permanentemente atento a lo que sucede en el borde de la pileta, cuando advirtió sobre lo que sucedía, socorrió primero a la beba, luego al hombre mayor para después sacar al pibe.
Una vez socorrido fuera del agua, le practicó tareas de reanimación, respiración boca a boca para revertir lo que parecía a esas alturas inevitable.
Paralelamente arribó al lugar una ambulancia del hospital Santamarina, cuyos enfermeros hicieron sus tareas en pos de salvarle la vida, pero antes de llegar al centro asistencial su cuadro era irreversible.
Según alguno de los testimonios del entorno a la joven víctima, era oriundo de San Manuel y estaba residiendo en la casa de su abuela, en calle Beiró 627. Profunda congoja e impotencia se vivió en las puertas del Hospital, cuando familiares y allegados al pibe fueron anoticiándose de lo que sucedió, esperando al cierre de esta edición que la justicia dispusiera los pasos burocráticos pertinentes para entregar el cuerpo y brindarle cristiana sepultura.
LA AUTOPSIA
Uno de los datos relevantes que se aguardaba anoche tenía que ver con el resultado de la autopsia que practicó el doctor Roberto Leitao. Es que la ola de rumores y versiones cruzadas fueron tantas que llamaban a la confusión de aquellos que de alguna manera u otra formaron parte de una tarde trágica.
Al cierre de esta edición finalmente desde la comisaría Tercera, que intervino por jurisdicción, se precisaba que el informe del médico policial refirió a una muerte por un “Paro cardíaco respiratorio traumático, a consecuencia de asfixia por sumersión”. Detalles que le servirán al fiscal actuante, doctor Egusquiza, para caratular la Instrucción Penal Preparatoria, de lo que a priori se especulaba como un Homicidio culposo.
El antecedente
Como se informó desde éstas páginas, ya la misma pileta cuenta con un luctuoso antecedente, cuando Marisa Bravo falleciera en el mismo mes de enero de 2004, en una colonia municipal.
Producto de aquella muerte, la justicia culminó en un juicio oral y público que terminó condenando al piletero por coautor de homicidio culposo, sentenciándolo a la pena de dos años de prisión condicional e inhabilitación para ejercer el oficio por seis años.
El Tribunal criminal el pasado diciembre arribó a un veredicto condenatorio para con uno de los imputados por la muerte de una joven en la pileta del Club Hípico. “De haber sido guardián Salinas –el imputado-, de haber puesto el mínimo cuidado atinente a su tarea, cual era fundamentalmente mirar el espejo de agua, hubiera evitado la muerte de Marisa Bravo”, detalló el fallo.
Más precisamente aquel hecho se registró el 26 de enero de 2004, en perjuicio de Marisa Bravo, joven que integraba uno de los contingentes de la colonia municipal de vacaciones.
Los jueces Guillermo Alberto Arecha, Pablo Galli y Eduardo Uhalde, dictaron un veredicto condenatorio para con Fernando Javier Salinas, quien fuera el piletero en aquellas circunstancias.
Sobre la tarea específica del piletero, se detalló que “era cuidar la pileta, es decir todo el espejo de agua, en relación a la gente que se sumergía en ella, para que no ocurriera ningún accidente. Que para esto el deponente posee un curso de piletero que lo habilita”.
En ese sentido, los jueces entendieron que “hay un reconocimiento expreso de su cargo y de los deberes inherentes al mismo”.
Los jueces dijeron en su veredicto que tanto la violación de un deber de cuidado por parte del imputado, la previsibilidad, el resultado muerte y el nexo de evitación, han sido reunidos dejando integrados plenamente todos los elementos del homicidio culposo.
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