14 de diciembre de 2014
Facundo se dirigió temprano por la mañana – el 27 de noviembre – a Speed Wash, ubicado en avenida Brasil 579, el lavadero al que frecuentemente llevaba su moto a lavar. En el lugar había un perro, de raza pitbull, atado con una cadena de 15 metros y sin bozal, que al verlo se puso agresivo. En estado de alerta, Facundo preguntó a Diego Palacios, encargado del lugar si mordía, a lo que el dueño respondió que no había riesgos, que se quedara tranquilo.
En cuestión de segundos, Facundo estaba tirado en el piso, con el perro encima sin poder sacárselo. Enseguida, dos hombres que trabajaban en el lugar se acercaron con la intención de retirar el perro y ayudar a Facundo, que ya se veía, por la sangre que corría que estaba herido. La víctima pudo, en la desesperación por salvar su vida, meter sus dedos en la boca del animal y provocar una arcada en el mismo lo que hizo que el animal soltara su pecho.
Era hora de escapar, cuando el perro volvió al ataque, esta vez se aferró de la zona pélvica de Facundo. No se sabía si iba a salir con vida, pero el intento de salvarse era más fuerte, Facundo resistió y lucho como si no estuviese herido. Mientras tanto los dos empleados del lugar intentaban alejar el perro arrojándole agua, pegándole en la cabeza con una pala y tironeando de la cadena.
Nuevamente, Facundo metió los dedos en la boca del animal y finalmente pudo escapar. Estaba muy herido, pero vivo. Mientras, Diego Palacios encargado del lavadero en cuestión y responsable de la presencia del perro en el lugar se quedó en su comercio “vendiendo turnos”, Facundo Fue trasladado en ambulancia al Hospital Santamarina, donde suturaron con ocho puntos su pecho y con siete su pelvis.
Las imágenes del perro sobre él, la lucha que duró unos minutos pero la sintió como eterna quedaron grabadas en la mente de Facundo, quien relata a NUEVA ERA la terrible experiencia vivienda y remarca que recuerda cómo al final del ataque, mientras los empleados solicitaban la ambulancia, el encargado del lugar seguía vendiendo turnos para lavado, como si nada hubiese pasado.
Desde Speed Wash no se volvieron a comunicar con Facundo, fue él quien retomó el contacto para pedirle haga la denuncia en bromatología: “pero no quiso ir”, aseguró Facundo a nuestra redacción. La denuncia fue radicada por la víctima en Comisaría primera, donde confirmaron que el perro tiene antecedentes por agresiones previas.
Por milagro Facundo puede hoy contar la historia, si hubiese sido un niño u otra persona tal vez no hubiese terminado igual. “El encargado del lugar no se hace cargo de nada, llevo 1400 pesos gastados y él no se hace cargo, dice tal vez lo podamos arreglar más adelante. El perro sigue ahí, en el mismo lugar, con una cadena de 15 metros y sin bozal. Nadie se dice dueño responsable del animal”, describe Facundo quien espera su total recuperación para poder retomar su vida cotidiana y volver a trabajar. Fuente y foto Nueva Era.
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