24 de marzo de 2008
Patricia Ratto (45) nació en Tandil. Aquí creció y vive actualmente. Es profesora de letras y escritora, y supo dictar talleres de lectura y escritura para niños en el Colegio de la Sierra y en la Sala de Lectura. Hace unos seis años, empezó a perfeccionar su pluma, a “tomarme bien en serio esta actividad”, como gusta decir ella. Para eso, se buscó un maestro escritor en Buenos Aires, trabajó, leyó y aprendió “desaforadamente”.
Hasta que en 2006, “Adriana Hidalgo Editora” publicó su primera novela: “Pequeños hombres blancos”. Su debut literario la empujó a crear un personaje, Gabriela, una profesora que se va al sur del país a ejercer la docencia, con la dictadura como telón de fondo.
El libro llegó a repercutir en diarios porteños como “La Nación” y “Página 12”, y otros medios gráficos. LA VOZ la entrevistó en esta fecha tan especial, a 32 años del golpe que enlutó a los argentinos. Aquel momento histórico que luego la inspiró a sumergirse en la tinta y el papel. La atmósfera de las botas al poder que tanta tortura y sangre trajo.
Mientras se prepara para sacar su segunda obra, titulada “Nudos”, también vinculada con nuestra historia reciente (la Guerra de Malvinas), Ratto resumió el argumento de “Pequeños Hombres Blancos”.
“Narra la peripecia oscuramente opresiva, poco definible en su cabeza pero real, que vive una profesora que llega a un pueblo de La Patagonia a enseñar matemáticas. Son los años de la dictadura y esta mujer, de nombre Gabriela, arriba al lugar por los azares del trabajo. No es una perseguida del gobierno militar ni una militante, sino una persona común, no demasiado informada”, comienza.
“Ese hecho no le impide, sin embargo, palpar el clima de exasperante tensión que envuelve al lugar, un clima que incomoda y sume a sus habitantes en el temor. Por una vía que no es la habitual en los relatos que reflejan la vida de los argentinos durante los años de plomo, Ratto obtiene un rédito narrativo y poético valiosos. Sobre todo gracias a una prosa escueta y de inquieta fluidez, que cumple con notable acierto su objetivo: transmitir esa extraña e insoportable sensación de agobio que vivió toda la sociedad en aquel tiempo”, asegura una de las críticas que recogió en la prensa nacional.
La “mayoría silenciosa”
-¿Dónde la encontraron los años de la dictadura?. ¿Militó en algún partido o formación política?
-Los años de la dictadura me encontraron aquí en Tandil. Comenzaba primer año de la secundaria en el 76, y cursaba el Profesorado de Letras en el momento en que retornaba la democracia. Mi generación creció y se educó en la época de la dictadura y eso es algo que no se sobrelleva fácilmente. Yo no milité en ningún partido o formación política. De alguna manera me considero parte de esa mayoría silenciosa que asistió a lo que ocurría en esos años sin terminar de poder “verlo” ni entenderlo. Eso fue, en mi caso, como una espina clavada en el alma, y estoy convencida de que ha sido esa herida la que me ha llevado a escribir “Pequeños hombres blancos”. Desde ese punto de vista del que no ha sido ni víctima ni victimario, pero que no por ello dejó de sentir y sufrir el clima de terror y opresión de esa época.
-¿Puede brindar una reflexión personal sobre este 32º aniversario del golpe?
-Me parece bien que exista una fecha para recordar el inicio de aquellos años de plomo. Lo que me preocupa es que hay una memoria parcial acerca de este período, que de pronto la historia se simplifica y da la impresión de que todo hubiera comenzado por iniciativa de unos locos aquel 24 de marzo, dejando afuera -en una especie de limbo secreto- los años anteriores, las complicidades de determinadas instituciones y de ciertos civiles, los cruces de intereses diversos, las causas profundas. No estoy con esto defendiendo la dictadura ni justificándola, todo lo contrario, o no me hubiera molestado en escribir una novela al respecto. Lo que quiero destacar es que las simplificaciones son peligrosas porque, a mi juicio, olvidan y recuerdan según ciertas conveniencias y con ello falsean la realidad. Por mi parte, prefiero pensar la historia desde la complejidad de los hechos, desde la multiplicidad de causas que hicieron que esos años (¡siete largos años!) de horror y muerte fueran posibles. Me gustaría que, en la medida en que crezcamos en democracia, podamos ver todas las aristas que presenta este tema.
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