13 de marzo de 2016

Locales

Locales. Una verdadera fiesta, de principio a fin

Escribe: Florencia Pendás

Fanáticos por doquier. Algunos eligieron pasar por El Calvario antes de salir para la 226, vestidos en su mayoría con la remera del gran show que iban a ver horas más tarde. La plaza del centro repleta de “ricoteros” que pedían a los choferes si por favor los llevaban o preguntaban que micro tomar que los dejara lo más cerca posible del gran evento del año. Pero cerca, de lo que se dice cerca....ninguno te dejaba, imposible llegar por la enorme cantidad de autos, camionetas, micros, combis, motos, carpas, puestos de comida, bebidas, remeras...de todo.
La plaza de los troncos era la antítesis, se podía ver allí una Feria Verde, niños con remeras de muchos colores, mamás persiguiéndolos entre los juegos, la calesita, color, mucho color. Mientras, por la Avenida Santamarina pasaban los autos repletos de chicos jóvenes y grandes con sus remeras negras, en su mayoría, con El Indio de fondo y las banderas colgando de los techos. Todos convivían de una manera hermosa, daba gusto ver como difrutaban de su momento, de su espacio, de su felicidad sin molestarse, permitiéndose las diferencias o los gustos, o los espacios o los momentos que cada una vivía.
Luego de la plaza el camino en micro continuó por Maipú hasta Buzón y en cada esquina era una
constante la pregunta...?Cómo llegó al Hipódromo?.
Autos y más autos, gente caminando por todas las calles, con sus remeras negras, banderas, gorros, jóvenes y no tanto, familias enteras, chicos en sus respectivos cochecitos, niños de 7 u 8 años que parecían acostumbrados a vivir este gran “Rock del país” a los que Los Redondos, primero y ahora El Indio y sus fundamentalistas, ofrecen en cada recital. Era hermoso, todo el camino hasta Falucho y Liniers, hasta donde se podía llegar.
El boulevard sobre Piedrabuena, donde hace tiempo atrás solía haber unas vías y alguna vez pasó el tren se había convertido en un camping, con estacionamiento incluído. La canchita de fútbol, mejor dicho, debajo del arco de la canchita de fútbol era la zona donde habían emplazado, improvisado, el asadito en la previa de esta gran fiesta. De ahí en adelante la constante fue la música acorde al lugar al que íbamos, el olorcito a carne y choripán, los que comieron y los que hacían para vender. Los puestos de remeras, había que caminar un poco y ver, porque los precios rondaban entre los 150 y los 200 pesos, aunque si presionabas un poquito podías obtener un mejor precio. Hasta acá, fue todo lo sucedido antes de cruzar “la 226”.

CRUZAMOS LA RUTA

Nunca fue tan fácil cruzar una ruta, no había tránsito, eran todos autos y micros estacionados por doquier, nuestro paisaje habitual estaba totalmente transformado, una constante en toda la ciudad. Humo con los más variados aromas, lo que se puedan imaginar. Los puestos no variaban demasiado de lo que ocurría antes de cruzar, pero sí había mucha más cantidad: los habia de comida que vecinos improvisaban en la puertas de sus casas y los que venían al recital y con eso solventaban el viaje, la estadía y en el mejor de los casos la entrada al show.
Los cánticos fueron protagonistas hasta la entrada, incluso durante todo el tiempo de espera hasta el comienzo del show.
A las 17 hs abrieron las puertas del predio, aun habia sol y se podía disfrutar del buen clima, que había sido una constante durante toda la jornada. Pero al rededor de las 19 la temperatura comenzó a bajar... y mucho. La brisa era cada ves más notoria y la humedad también iba haciendo lo suyo.
Gente, de todos lados, de los rincones más pequeños del país y de las grandes ciudades que emprendieron su viaje para formar parte de los que muchos creen podría ser el último recital. Vale aclarar que durante los días previos los organizadores sostuvieron que no iba a ser la última presentación de Solari, sino que todo lo contrario, las ganas del artista de seguir presentándose en dieferentes escenarios estaba intacta.
Jóvenes de Pergamino que viajaron 500 km en en una moto cc110, parejas que viajaron cientos de km en auto que salieron a primera hora del sábado solo para asistir al gran evento y volvían cuando terminaban. Algunos no consiguieron alojamiento en nuestra ciudad pero no querían dormir en carpas ni pasar la noche en el auto, decidieron buscar ciudades aledañas para pernoctar, como Azul, Rauch, Olavarría. Grupos de Mar del Plata que tardaron, luego de que culminó el recital, 5 hs para llegar a la ciudad balnearia. Todos amigos, ni siquiera sabíamos nuestros nombres, pero tampoco importaba demasiado, la idea era pasarlo bien, disfrutar y charlar y compartir historias para que la espera no se hiciera tan larga.
Entre anécdotas llegó la hora pactada, 21.30 el gran convocador, salío al escenario.

EL SHOW

Tal como lo indicaba la entrada 21.30 era el horario de encuentro, y como tantas otras veces cumplió con lo establecido. Salíó al escenario y habló. Silencio atroz, fue lo que se “escuchó” luego de esa frase que ayer fue tapa de todos los medios, gráficos y digitales de todo el país: “Mister Parkinson me está pisando los talones, pero acá estoy” aplausos y más aplausos fue la respuesta de los fanáticos y de todo el público presente.
“Nuestro amo juega al esclavo”, así empezó lo que sería una noche inolvidable para muchos, con sabor a poco para otros. Luego del primer tema fue una seguidilla de canciones que iban desde el repertorio de los Redonditos hasta los temas más actuales de Los Fundamentalistas. Aunque Solari debió interrumpir tres veces el show. La primera vez fue para retar a quienes no paraban de arrojar zapatillas sobre el escenario y su persona. Más tarde, alrededor de las 22 pidió un tiempito “para solucionar alguna cuestión que no estaba saliendo del todo bien” y por último debió hacerlo para pedir nuevamente a los “Pelot...” que dejaran de tirar cosas, no por respeto hacia él sino por respeto a todos los que estaban presentes.
Cerca del final pidió a todos lo visitantes que por favor cuidaran la ciudad, que Tandil es una “ciudad ricotera” que siempre los atendió y ha recibido muy bien y merecían los tandilenses el mismo respeto.
“Ji, ji, ji” el plato fuerte de la noche, el último plato de la noche, el pogo más grande del mundo se vivió a pleno en cada una de las cerca de 200 mil personas que allí estuvimos. Dos horas 15 minutos de un gran espectáculo.

LA SALIDA

La salida no fue fácil, sobre todo para aquellos que nos quedamos 5 minutos más para ver el show de fuegos artificiales. Paso de tortuga...sería la definición más correcta o cercana a lo que fue. Imposible lograr tener un poco de oxígeno. Más de una hora para poder salir del predio, todos muy apretados, empujones, gritos, pero en fin, nada más allá de eso.

EL DIA DESPUES

Ayer las opiniones eran encontradas. En la cola de la caja del supermercado un muchacho sostenía que a él le faltó Rock and roll, otros que les llamó la atención la forma en la que empezó el espectáculo con esa declaración y que no es algo habitual, a algunos otros les pareció una gran fiesta tal cual esperaban y así lo vivieron.
Más allá de las diferentes opiniones que se podía ver y escuchar en el antes, durante y después de la Gran Misa hay algo que fanáticos y no tanto, propios y ajenos debemos reconocer, fue encantador..., fue hermoso, y estuvimos ahi.

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