6 de enero de 2016
Huenchual se autodefinió como “una víctima del sistema” y contó que “en abril (del año pasado), me dirijí a la Comisaría Tercera para hacer el trámite de verificación de un auto Ford Falcon que había comprado tres meses antes”. La intención del vecino era la de regularizar la documentación del vehículo para que figurara a su nombre.
“Cuando el perito revisa el motor, me dice que parecía estar modificada la numeración. Adulterada. Yo le dije que no podía ser, pero insistió y me dijo que el auto desde ese momento quedaba secuestrado”, rememoró el damnificado.
A partir de allí, Huenchual sufrió el mal funcionamiento del sistema burocrático policial, que trasladó el vehículo a la Cava Judicial de Cerro Leones ( “sin avisarme nada”, aclara) y lo dejó abandonado allí, hasta ayer, que finalmente recuperó su auto.
“Hace unas semanas hicieron el peritaje los especialistas que tienen que venir de Azul y yo me acerqué. Fue un domingo y los alcancé a ver cuando ya se iban y uno de ellos me dijo que el auto estaba bien, que el test había dado negativo y que la numeración no era irregular”, recordó Huenchual, quien pensó que recuperaría su vehículo a los pocos días, pero tuvo que esperar bastante tiempo más, hasta que la justicia dispuso la devolución.
Ese peritaje se demoró porque en una oportunidad hubo un inconveniente para llevarlo a cabo y hubo que esperar varios meses hasta que los peritos pudieron regresar a ealizar el estudio metalquímico sobre el block del motor.
“Pasaron ocho meses en los que yo me ví afectado, porque uso el auto para mi trabajo. ¿Quién me reconoce a mí lo que me perjudicaron? ¿El lucro cesante? Hago público esto para que no vuelva a pasarle a otra persona, o para que el sistema cambie. No puede ser que por una sospecha, se perjudique a alguien asi”, reclamó el hombre.
Tras firmar la devolución del automóvil, en un acta en la que no se especifica que la policía cometió un error el auto no estaba adulterado, Huenchual pudo retirar ayer su Falcon de la Cava, ayudado por una grúa, dado que el mismo se encontraba muy deteriorado tras varios meses abandonado en el lugar. “Ni disculpas me pidieron”, ironizó e insistió en que “fui una víctima más de este sistema”.
El hombre encontró que a su rodado, en su estadía en la cava, le había sido roto el vidrio de la puerta delantera izquierda, le habían sustraído el estéreo, le cambiaron el asiento trasero, los amortiguadores sueltos, el capot roto, llantas y ópticas rotas; además de la VTV y la oblea del GNC vencidas. “Hay gente que entra a robar y creo que no están los medios y las herramientas para proteger el predio, que es muy grande y que sufren todos los autos que están abandonados ahí”.
“Esto me ocasionó pérdidas en lo económico y en lo personal”, lamenta Huenchual, quien luego de preguntarse “¿quién se hace cargo?” de lo que le pasó, asegura que “no pienso en hacer alguna medida judicial, sino que quiero que se sepa para que cambien el sistema y si hay una sospecha sobre un auto, el trámite se pueda hacer más rápido. No estoy en contra del trabajo policial, pero quisiera que los ciudadanos estemos más protegidos en nuestros derechos y que estén más capacitados para el secuestro de autos. La cosa no puede ser llevarlos y tirarlos ahí durante meses o años. Son propiedades de la gente, que cuestan mucho y más a los que somos trabajadores”.
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