30 de octubre de 2010

Locales

Locales. Viaje en primera persona

Muy pocas veces los periodistas del interior tenemos la posibilidad de ver con ojos propios los grandes hechos que marcan la historia de un país y de vez en cuando algún guiño de la realidad nos convierte en protagonistas nacionales.

Debo admitir que un llamado de un colega amigo formulado alrededor de las 21.30 contándome las sensaciones que sentía el hombre más allá del periodista, despertó definitivamente mi voluntad de acudir al velatorio del ex presidente de la Nación, doctor Néstor Carlos Kirchner.

Una comunicación telefónica con el dirigente Rubén Sentís, alrededor de las 22 del jueves último, casi dio por tierra con la chance. Iba a salir un micro desde Tandil a la madrugada, aunque las noticias desde Buenos Aires hablaban de un cierre del acceso al público para las 10 de ayer.

Los tiempos no daban y los noteros de cuanto canal uno pudiese observar aventuraban de colas de 20 cuadras para ir a la capilla ardiente en el Salón de los Patriotas de América en la Casa Rosada.

Poco después de las 22.30 recibo un llamado de un desconocido, quien a su vez había conversado con Sentís, preguntando si estaba interesado en viajar.

Acordamos, sin conocernos personalmente, el encuentro en la estación de Servicio Petrobras de Colectora Pugliese y avenida Espora.

Puntualmente a las 4 estaba alli con el inseparable termo, el mate y la yerba, para degustar unos amargos y acortar los kilómetros que nos separaban de la Capital Federal.

Cerca las 4.10 apareció el auto del compañero de viaje a quien tuve la chance de conocer en las poco más de ocho horas que demandó el viaje de ida y vuelta.

El compañero de ruta es un empresario del rubro de cabañas, afincado hace varios años en esta ciudad, de profesión arquitecto y motivado por la misma inquietud que yo, presenciar, lo que sin dudas es un hecho histórico en la política de nuestro país, sin entrar en la cuestión ideológica de la que tanto se habla y se hablará.

La charla pasó primero por lo familiar de cada uno y hasta alguna bronca surgida en el seno del hogar por un viaje imprevisto, para luego dialogar de política, sin que, juro para quienes me conocen, se tocara el tema fútbol.

Las noticias de las radios porteñas aportaban datos muy poco esperanzadores para nuestras expectativas. Las matemáticas eran muy claras. No nos daba el tiempo.

Además los testimonios de los movileros daban cuenta que aquellos que ingresaban a la Casa Rosada, lo hacían luego de al menos una espera que rondaba las 7 u 8 horas. Imposible, era que nosotros pudiésemos ingresar. Cada Minuto valía oro y los movileros seguían irradiando datos muy poco alentadores. En principio el público podía ingresar hasta las 10, aunque desde Casa de Gobierno se daba cuenta que las rejas serían cerradas a las 9. En tanto el Servicio Meteorológico daba cuenta que la lluvia sería muy intensa. Definitivamente era necesario elaborar un plan “B” y para ello tenía guardado un papel con el intinerario del cortejo fúnebre desde Balcarce 50 hasta el Aeroparque Metropolitano.

No quedaba otra, era el análisis más razonable. Apenas poder ver pasar el cortejo.

Al ingresar a la autopista, los carteles marcaban demoras de hasta 15 minutos. Definitivamente el ingreso a Casa Rosada era una utopía.

Cerca de las 8 de la mañana estacionamos el vehículo en una cochera ubicada a 4 cuadras de la Plaza de Mayo. Caminamos presurosos hasta divisar la figura del Cabildo.

Estábamos en Plaza de Mayo.

Allí cambió diametralmente el panorama, la Plaza que había estado colmada exhibía apenas un 20% de ocupación.

Intentamos, sin éxito, ingresar por un acceso lateral, que allá por las 7 de la mañana un periodista de LS5 Radio Rivadavia había marcado como una alternativa a la interminable cola.

Ante la negativa de los policías, volvimos sobre nuestros pasos y cruzamos la Plaza. Ingresamos en en ese río de vallas que desde la pantalla chica siempre dejaba ver torbellinos de militantes.

Grande fue nuestra sorpresa cuando tras superar un control, las puertas de acceso al Salón de los Patriotas estaban a poco más de 80 metros.

No pasaron más de 10 minutos para que subiéramos las escaleras de ingreso a la Casa Rosada. Los ojos intentaron retener todo lo que a su paso observaban. Con el paso de los días seguramente iré recordando más cosas.

Puedo citar lo que me impresiaron cientos y cientos de coronas, miles de mensajes, ojos llorosos de jóvenes que hasta no hace mucho transitaban las aulas de una escuela primaria, y el silencio.

Caminé con inusual recogimiento los diez pasos que me separaban del pasillo a la capilla ardiente. Giré a la izquierda y ahí estaba el hombre que había cambiado la historia para muchos argentinos, los que generalmente ningún gobernante le arrancó una sonrisa.

Apenas hubo tiempo de persignarme ante el feretro que guardaba los restos del ex presidente. Hugo Moyano, Mercedes Marcó del Pont, Alicia Kirchner y Alberto Sileoni, en primera fila y con la mirada mirando la nada, sobresalían en medio de un respetuoso silencio, que fue cortado por un joven militante con la consigna Néstor... presente... Néstor... Presente.

No fueron más que unos segundos, pero valieron la pena. Las casi cinco horas de regreso con lluvia torrencial poco importaron.

Pasadas las 9.30 en pleno viaje de regreso, la radio nos ponía nuevamente en sintonía con la realidad, en Buenos Aires llovía torrencialmente y la Presidenta ordenaba que siguiera abierto el Salón de los Patriotas, porque una muchedumbre aguardaba por ingresar.

Cerca de las 13 ingresábamos a la rotonda de ruta nacional 226 y avenida Espora. Hay veces que algunos hechos no tienen explicación. Este viaje para mi tampoco. En Casa Rosada hubo miles de personas esperando por despedir a Kirchner y hasta llovió.

Aunque algunos lo duden, nosotros ingresamos en menos de 10 minutos a la Casa Rosada y en ese instante no llovía. Será que habremos viajado con alguien más sin saberlo?.

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