13 de agosto de 2012

Nacionales

Nacionales. ¿Y dónde quedó aquello de "ni sectarios, ni excluyentes"?

por Luis Tarullo (*)

Las cartas están echadas desde hace largo rato en la cuestión de la relación entre los sindicalistas de los diversos signos políticos y el Gobierno, y ello obviamente marca el ritmo y las características del andar de unos y otros.

Por si queda algún desprevenido, vale entonces recordar que hay tres CGT (la oficialista Balcarce, de los antimoyanistas, y las opositoras Azopardo, de Hugo Moyano, y Azul y Blanca, de Luis Barrionuevo) y dos CTA (la oficialista de Hugo Yasky y la opositora de Pablo Micheli).

En los últimos días cada uno fue afianzando su relación con quien corresponde, de acuerdo con el tablero político que decidieron dibujar.

Así, el Gobierno, a través del Ministerio de Trabajo conducido por un abogado íntimamente ligado al mundo gremial por su especialización en Derecho Laboral, recibió a "gordos", "independientes" y flamantes ex "moyanistas" con el fin de sacar una nueva foto de esa alianza y planificar algunas movidas, como la convocatoria al Consejo del Salario Mínimo con el líder de los camioneros y de la CGT Azopardo en los confines del escenario o directamente fuera de él. Pero pese a las lisonjas, los actuales cortesanos de la Casa Rosada se están poniendo nerviosos porque hasta ahora lo que han recibido han sido promesas de algunos favores con cuentagotas, y encima en un contexto de complicaciones económicas y con consecuencias en lo laboral.

¿Hasta cuándo podrán poner el pie sobre el reclamo de sus propios afiliados con respecto a la erosión salarial por imperio de la inflación y el Impuesto a las Ganancias?

¿Hasta cuándo podrán garantizar las prestaciones de sus obras sociales por efecto de la deuda millonaria que la administración de Cristina Fernández de Kirchner tiene con esos entes de salud, víctimas también de las pulseadas políticas?

¿Cómo justificarán su silencio e inacción ante un crecimiento de las manifestaciones de protesta de quienes ya están en la vereda de enfrente del oficialismo?

Cuidado, los mismos interrogantes les caben a los opositores, pero en su caso tienen la comodidad argumental de que el Gobierno no está dispuesto a mover un dedo por esas organizaciones díscolas, aunque en el fondo -bien en el fondo- y detrás de los reclamos -de todos los reclamos- haya lo mismo: personas.

Siguiendo en el ámbito oficialista, con la CTA del docente Hugo Yasky pasa lo mismo: una nueva incursión por los aposentos presidenciales y la foto con la jefa de Estado que aprecian como si fuera un tesoro, pero con los mismos pesares que el sindicalismo peronista ortodoxo.

Por el lado de los "contras", la CGT de Barrionuevo sigue haciendo la "plancha", parado en el otro cordón y esperando que, así como ocurrió en tantas otras ocasiones, sus colegas coqueteen con él para inclinar el fiel de la balanza.

Y quedan la CGT de Moyano y la CTA de Micheli, que entre ellos por ahora están como esos adolescentes que van dando los primeros pasos de la tarea de seducción. Aunque en las ficciones argentinas puede darse crédito a aquello de "todo es posible", al menos en esta cuestión es difícil imaginar a Moyano y Micheli compartir la conducción de una misma central.

Pero cautelosamente han apelado a una trillada fórmula para justificar sus coincidencias: la "unidad en la acción". Hasta ahora eso no se produjo. La manifestación de Moyano en Plaza de Mayo no contó con la asistencia formal del "michelismo", pero esta mitad de la CTA confía en marchar junto al "moyanismo" en breve.

Por lo pronto, Moyano sigue avanzando, a la luz de que su relación con la Presidenta está destrozada. Igual, hay algunos escasos vasos comunicantes con el oficialismo, por ahora con escuálido flujo, por claras razones políticas y de supervivencia. Son los que lo conectan con aquellos que van sintiéndose desplazados y ven para ellos un futuro posiblemente ominoso por los cambios de humor y preferencias presidenciales.

Al mismo tiempo, ya está mostrando con algunos hechos concretos la ampliación de su radio de acción con vistas a diseñar un escenario que exceda lo puramente gremial.

En ese marco se inscribe la reunión con el titular de la Federación Agraria Argentina (FAA), Eduardo Buzzi, quien tendría intenciones similares.

Hace cuatro años el conflicto por las retenciones agropecuarias los había convertido prácticamente en enemigos. Hoy están espalda con espalda atajando los mandobles del Gobierno. Una situación análoga se da entre Buzzi y Micheli, a quien el dirigente agrario visitó el mismo día que a Moyano.

Pero en estas conflictivas circunstancias, paradójicamente el Gobierno y Moyano tuvieron una coincidencia y lograron sortear una encrucijada en la que el protagonista es justamente el número dos del camionero en la CGT anticristinista, el petrolero Guillermo Pereyra. Dirigente que, además de conducir uno de los gremios estratégicos que atañen al mundo de los combustibles, es representante gremial en el directorio de YPF.

Trascendió que Pereyra, hábilmente, habría amagado con renunciar a los puestos que ocupa en la petrolera de bandera y en la CGT donde acompaña a Moyano. Al final, ambos amagues habrían quedado en la nada. Por ahora.

Ante este panorama, aunque pueda sonar alocado, ¿podrá oficiar Pereyra, símbolo del perfil bajo, como posible "prenda de unidad" en algunos de los ámbitos en los que se dirimen estas duras pulseadas?

Nadie lo puede presagiar todavía. Por ahora, los que imperan son los intereses de cada parte en disputa. A propósito, si de axiomas peronistas se trata, lo concreto es que -y nadie puede ponerlo en duda- en el universo del Justicialismo no se está cumpliendo aquello de "ni sectarios, ni excluyentes".

(*): DyN.

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