9 de agosto de 2011

Nacionales

Nacionales. Zaffaroni prepara un juicio contra la inmobiliaria

El ministro de la Corte Suprema Raúl Eugenio Zaffaroni admitió ayer que el escándalo con sus propiedades lo afectó "a nivel ético", aseguró que ya están siendo desalojados los cinco departamentos a su nombre en donde se ejercía la prostitución y confirmó que prepara un juicio civil contra la inmobiliaria que rentaba las propiedades.
"No me siento feliz sabiendo que en mi propiedad hay esa actividad. No estoy saltando de alegría con una matraca. Éticamente me afecta", afirmó.
Según señaló, hasta ahora emplazó a la inmobiliaria a rendir cuentas sobre las 15 propiedades suyas que administraba con vistas a iniciarle una demanda civil, mientras se están desalojando los inmuebles cuestionados.
Zaffaroni también ratificó que acercará al Congreso toda la documentación de este tema y de la cuenta bancaria que tenía en Suiza, "aunque no me lo pidan" -dijo- para terminar de cerrar el tema.
En una entrevista con radio Mitre, Zaffaroni afirmó que el caso no tuvo relación con el Gobierno nacional o la campaña presidencial ("no soy yo el que lo interpreta así", dijo), ni con el cardenal Jorge Bergoglio, el arzobispo de Buenos Aires que respalda a asociación La Alameda, impulsora de la denuncia.
Y remarcó nuevamente de detrás de estas acusaciones hay sectores perjudicados que tienen que ver con el "paco" a nivel local y el lavado de dinero a nivel internacional.
"Para que se desarrolle algo con semejante odio debe haber alguna motivación que no debe ser ideológica -dijo-. Acá hay intereses más concretos, pecuniarios, que han movido de alguna forma esto", afirmó.
En ese sentido, el juez apuntó a su campaña contra el "paco" a nivel local, donde -remarcó- "hemos logrado hacer 4 millones de secuestro de dosis de paco y hay cien personas (que van) a juicio oral por tráfico".
Y afirmó que también molesta "a nivel internacional que voy denunciando las máscaras del crimen organizado que está infectando las finanzas lícitas desde el Hemisferio Norte".
Una vez más, Zaffaroni insistió en responsabilizar a la inmobiliaria y en defender a su apoderado, Ricardo Montivero, porque -dijo- "pueden darlo vuelta" y no le van a encontrar más que "una (casa) prefabricada en Entre Ríos y un auto viejo".
Tras insistir en que el ejercicio de la prostitución no es delito y que, en todo caso, se violó el reglamento de los edificios, Zaffaroni admitió que esta situación lo afectó a nivel ético.
"No me siento feliz sabiendo que en mi propiedad hay esa actividad. No estoy saltando de alegría con una matraca. Éticamente me afecta", afirmó.
No obstante, el juez sostuvo que "lamentablemente la prostitución existe desde que el mundo es mundo y está incluida en la Biblia".
"Tenemos que convencer a las muchachas que se dediquen a otra cosa, darle mejores condiciones de trabajo, pero no tenemos que meterlas presas. Y ojo con lo que estamos haciendo (en torno a propuestas para evitarla). Persiguiendo al cliente le vamos a dar una caja más a la policía", afirmó.
Cuando le preguntaron directamente por las versiones que apuntaban a un complot en su contra por parte de la Policía Federal, el juez sostuvo que, como organismo, la fuerza "ha prestado colaboración importante, pero -dijo- es una institución compleja y puede ser que dentro o fuera haya habido gente que se vio afectada con esto".
"No se necesita tener mucha graduación ni mucho grado institucional para saber lo que pasa en cada barrio. Son fuentes de recaudación bastante menores", afirmó sin abundar más.
Por último, el juez atacó a lo que calificó como "prensa amarilla" y puntualmente criticó al empresario Jorge Fontevecchia, dueño de la editorial Perfil.
"Fontevecchia no me tiró con una bola de nieve, sino con una bola de cañón", dijo Zaffaroni, y después aclaró que no fue por la difusión de la noticia en sí misma sino por un supuesto acoso fotográfico hacia el o las personas que visitan su casa, además de la publicación sobre presuntas reuniones en Casa de Gobierno.
"Seguirme por la calle, fotografiarme a mí y a los que salen de mi casa, atiborrarme de mensajes telefónicos, llamar a mis colaboradores a la madrugada. Eso es hostigamiento, no es investigación. Es violación de normas de ética periodística", afirmó.
El jurista afirmó que "la vacuna contra eso es simple: que el periodismo serio se separe del periodismo amarillo" porque "el periodismo amarillo tiene su clientela cautiva, como la pornografía" y hay que dejarlo "aislado" para que "digan lo que quieran".

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