6 de marzo de 2010
De talla menuda y lenguaje que va al grano el doctor en ingeniería agronómica Javier García Gómez agregó en estos días a Tandil en su extensa lista de viajes internacionales dedicados a pregonar la necesidad imperiosa de saber educar para la defensa del medio ambiente, el tema que lo apasiona.
Es español, más precisamente valenciano, y se doctoró en la Universidad de su pago natal. Hasta él, llevada por reconocidos méritos en su especialidad, llegó la convocatoria establecida con la facultad de Ciencias Humanas de la Unicen para dictar en el Campus local un taller sobre “Educación ambiental”, dirigido en especial a graduados y alumnos de la licenciatura en Diagnóstico y Gestión Ambiental.
“Debido a la gruesa afluencia de gente hemos dividido las clases en dos partes; la mitad vino el jueves 4 a un taller acerca de estratégicas didácticas, y el resto el viernes 5 a otro sobre cómo incorporar la Educación, tanto en el proceso formal como en el no formal”, detalló el especialista.
“De la Educación Ambiental se habla mucho, pero quizá la gran pregunta es cómo se trabaja, cómo se sensibiliza y cómo se gestiona hacia el aspecto educativo. No debe olvidarse que muchos procesos de gestión fracasan porque van dirigidos a la población que no tiene la sensibilidad preparada, educada”.
“Se trata de ver hacia adónde dirigimos los esfuerzos para que no se dispersen. Si lo que se persigue es aumentar la tecnología, el consumo es una fórmula, pero si lo que queremos es educar a las personas tenemos que hacer un esfuerzo también en ese sentido”.
Su calidad de viajero incansable por Latinoamérica da pie a una aseveración. “Argentina, tradicionalmente, tiene una buena base educativa que hoy se está perdiendo un poco. Con respecto a otros países, proporcionalmente, ha hecho poco esfuerzo en educación ambiental”, opinó.
RELACION DOCENTE – ALUMNO
“ソQué se dice frente a un joven vapuleado por la falta de preocupación suficiente en la materia de parte de gobiernos y la mayoría de las instituciones? Le diría que muchos de los problemas, como el del agujero en la capa de ozono, se están mejorando gracias a la desaparición, en muchos países, de la producción de los fluoro-clorocarbonados, de manera que no todo es tan negativo”.
“Además, cuando hablamos de Gobierno parece que habláramos de algo extraterrestre, que no tiene nada que ver con nosotros. En países democráticos como el nuestro el Gobierno ha sido elegido por los ciudadanos; es nuestro”.
“Lo que pasa es que quizá éstos no están educados, o preparados, para votar a ciertas opciones políticas. Hace falta, entonces, que la ciudadanía tome conciencia sobre la necesidad de proteger el medio ambiente y, a partir de ahí, que los candidatos que elijan tengan cierto interés por el tema”.
Cree García Gómez que la solución del problema parte de cada persona. “Sí; el tema del consumo es importantísimo porque dependiendo de lo que consumamos afectamos, o no, al medio ambiente”.
CIUDADANO VERSUS SOCIEDAD
El Doctor valenciano comparte una extraña dicotomía: al ciudadano, en su fuero íntimo, le importa el cuidado del ambiente; no obstante, se desinteresa cuando se comporta dentro de una sociedad agresiva.
“Creo que a través de la Educación va mejorando su percepción del medio ambiente y se da cuenta del valor que tiene cada individuo. Siempre pongo el ejemplo de una playa, que es la suma de incontables granos de arena; entonces, si no hay granos no hay playa. De ahí parte la importancia que tiene el comportamiento de cada ciudadano”.
NECESIDAD DE ALTERNATIVAS
“También es importante, al mismo tiempo, la tecnología, porque si no hay un sustituto de los flouro-clorocarbonados no podrían dejar de utilizarse. Si hay alternativas que no son contaminantes, gracias a la tecnología, el comportamiento humano es bueno”.
“No debe creerse que la Educación es “la” solución, sino una de las soluciones, ya que todo es importante: la política, la economía, la tecnología y la Educación”, sintetizó el especialista invitado.
El hombre…en fin…el hombre
La Naturaleza, madre si se quiere del tema abordado en los talleres y del contacto periodístico con el experto español, puso en el tapete a una de sus clásicas manifestaciones físicas: los terremotos, y con ellos los recientes en Chile.
“Obviamente, la culpa de ellos no la tiene la Naturaleza, la culpa la tiene el hombre que no sabe adaptarse a ella. Los desastres naturales no existen; existen fenómenos naturales que pueden originar desastres humanos, como el chileno, cuando se sitúa una ciudad en un lugar que no es el adecuado”.
“Y esto no ocurre solamente en los terremotos – acotó García Gómez – pues también sucede cuando construimos una ciudad en una zona inundable o demasiado cerca de un volcán. La culpa, por lo tanto, no es de la Naturaleza sino del hombre que se ha ido a meter en la boca del lobo”.
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