16 de marzo de 2011

Policiales

Policiales. “Nunca tuve en mis manos una causa tan clarita”

“De los años que llevo en narcocriminalidad nunca tuve en mis manos una causa tan clarita”, fue la afirmación frente a los jueces del policía que tuvo a cargo la pesquisa que derivó en el mega operativo Movediza blanca, que permitió una importante cantidad de estupefacientes secuestrados y una docena de detenidos, de los cuales ocho ayer volvieron a estar en la Sala de Acuerdos del Tribunal Criminal Nº 1 y oyeron de primera mano al investigador que estuvo escuchando sus conversaciones telefónicas por meses y terminó en esta causa que ahora se ventila en un juicio.

Por lo transcurrido hasta aquí en la audiencia, no hubo sorpresas de lo que ya se había informado en estas páginas. A pesar del esfuerzo de los defensores por poner en duda el trabajo investigativo, los policías que intervinieron en los sucesivos procedimientos no presentaron fisuras frente al Tribunal, quedando el interrogante (de seguro apunta la estrategia acusatoria como defensista) sobre qué reproche penal merecen los implicados. Si verdaderamente se trató de una organización de la que la conformaban todos los ahora acusados, o algunos de ellos podrán ser considerados como simples tenedores de los estupefacientes. La droga estaba, las escuchas también, y sin demasiado margen para cuestionar el accionar policial, sólo restará escuchar -el viernes- a los testigos civiles que sustentan la prueba presentada oportunamente.

“Fueron unos ocho meses de escuchas que yo desgravé, las conversaciones eran muy explícitas, prácticamente siempre se hablaba de droga. Los teléfonos eran usados cual delivery”, sería otro de los párrafos salientes del oficial Martín Horacio Pérez, quien llevó a cabo la investigación una vez recibida una información y peticionado la orden judicial para pinchar el teléfono de Temudio (uno de los detenidos), desde quien partieron las primeras sospechas y luego ramificó al resto de los implicados.

Pérez se ganó prácticamente todo el protagonismo de la segunda jornada de la audiencia de ayer, a partir de ser el mentor de la pesquisa que cerró con el operativo con las consecuencias ya detalladas.

Así, el uniformado pasaría toda la mañana y varias horas de la tarde frente a los jueces, brindando detalles de su trabajo y poniendo a consideración de las partes cómo resultó su accionar.

Luego pasaría el tiempo del perito químico de la policía, quien ratificó los informes que precisaron sobre calidad y cantidad de la droga secuestrada en la serie de allanamientos perpetrados aquel 11 de marzo de 2008. Más luego comenzaría el desfile de los primeros testigos civiles que presenciaron los procedimientos policiales aquella frenética jornada. Desfile que se retomará el viernes, con la expectativa aún puesta en otros dos testigos clave de la causa, el “amigo” de Temudio que confesó sobre la participación de los sospechosos como el modus operandi de la organización, y el remisero que llevaba al acusado a distribuir la droga y en una oportunidad le confió que vendía droga.


RECHAZO AL PLANTEO DEFENSISTA

Antes de los relatos, el Tribunal se expidió frente al planteo preliminar que había realizado el defensor oficial Diego Araujo, quien había solicitado que se excluyan los testimonios precisamente del confesor amigo de Temudio) y del remisero, por lo cual adujo que podían incurrir en la autoincriminación, siendo que de una forma u otra participaron de la organización.

Al respecto, los jueces rechazaron el planteo, considerando que dichos testigos ya fueron valorados en otras etapas del proceso. Asimismo, se reseñó que en la audiencia 308 (preliminar al juicio) ninguno de las partes se opuso a dichos testimonios.

Se aseveró que resultaba apresurada la apreciación del defensor, ya que en todo caso -a criterio de los magistrados- será valorado por el Tribunal lo que ambas personas declaren.


El cabecilla de la banda aguarda el juicio abreviado

Tal se está ventilando en la audiencia de debate y se había anticipado en éstas páginas, quien al entender de los investigadores resultaba el cabecilla de la banda era Félix Gustavo González, con residencia en Ingeniero Budge.

Precisamente “el gordo” González si bien fue detenido no está ahora en la audiencia, puesto que accedió a un juicio abreviado, con intervención en el Tribunal Criminal Nº 2 de Azul, que aún no ha resuelto el acuerdo de las partes, que habla de una pena de seis años y medio de prisión.

González se lo sindica como el que adquiría la droga en Buenos Aires y luego la mandaba a Tandil por intermedio de dos mulas (Reynaldo y Daniel), quienes se encargaban de repartirla a los dealers o punteros, entre los que se identifica a Temudio (el más importante de los punteros y a quien le entregaban la mayor cantidad de estupefacientes).

Gustavo, a veces, y Reynaldo y Daniel, se alojaban por varios días en Tandil, repartían a los punteros la sustancia a comercializar y luego se quedaban esperando cobrar. Su alojamiento era en distintas viviendas que Temudio y Perico alquilaban.


Los dichos del investigador policial

El oficial Pérez se extendió por horas para dar cuenta de cómo se inició la causa y los motivos que llevaron al espectacular despliegue de aquel 11 de marzo de 2008, cuando en una inusual cantidad de allanamientos paralelos concluyó con el secuestro de la droga y detenciones.

Recordó que todo se inició por una información que recibió que daba cuenta que Temudio vendía droga. Pidió la orden judicial para intervenir el teléfono del sospechoso y ahí se encontraría con una caterva de información inimaginada, que terminó de clasificar en unos ochos meses para concluir en los procedimientos mencionados.

Fue así que se dio con Gustavo González, alias “el gordo” o “el rey” que vivía en Gran Buenos Aires, como así también quienes cumplían el rol de mula (aquellos que traían la mercadería a vender a Tandil).

Pérez insistió ante preguntas del fiscal Luis María Surget pero principalmente por las insistentes inquisiciones de los defensores, que la pesquisa se basó en las escuchas telefónicas, que para el uniformado resultaban de tal contundencia que ni siquiera se quiso sumar más elementos (igual algunos hubo) como fotografías y/o filmaciones que pusieran en riesgo la investigación al ser descubiertos por los sospechosos.

A paso que era interrogado por las partes el policía fue describiendo los roles que a su entender cumplieron los ahora imputados. Desde el cabecilla (Gustavo González) hasta las mulas (Claudio Daniel Espínola y Sergio Navarro), los punteros (Gustavo Temudio, Alfredo Angel Ríos, Juan Marcelo Romero y Patricio Vélez) y quienes incluso facilitaron los domicilios para que se realizara la operación (por Sebastián Schletter y Wanda Gazzola).

Añadió más detalles a sus observaciones durante aquellos meses de escuchas. Que Temudio y Angel eran los encargados de alquilar los departamentos donde luego operaban e incluso paraban las mulas o el propio González.

Si bien no precisó sobre los montos de dinero que oportunamente se secuestraron, sí habló de un movimiento económico importante, que a su entender no se condecían con sus modos de vida. Detalló que los huevitos peruanos de cocaína de máxima pureza cotizaban a unos 150 dólares, mientras que las tizas se vendían a unos 240 pesos.

Sobre los interrogatorios de los defensores, Diego Araujo, primero, seguido de Ariel Pellegrino, Ricardo Leiva, Luciano Tumini y Gustavo Ballent, respectivamente, intentaron poner en duda sobre el accionar mismo en los procedimientos como así también en cómo el oficial fue relacionando a sus representados y sus presuntos roles, muchas cuestiones a las cuales terminaron siendo interpretaciones del propio policía y, a mayor duda, insistía en que sus afirmaciones respondían al basamento de toda la pesquisa: lo que se desprendían de las escuchas telefónicas.

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