15 de abril de 2011
Frente a un importante marco conformado por corrreligionarios de Tandil y la zona, el candidato presidencial por la UCR, Ricardo Alfonsín, dejó su estela, cargada de optimismo frente al escenario electoral que entiende favorable para el radicalismo, porque la gente busca “un cambio”.
En ese contexto, el hijo del ex presidente no dejó de reconocer también que la sociedad además reclama que ese cambio no sea un salto al vacío, por lo cual exige certezas que, hasta aquí, la oposición en su más amplio abanico aún no ha logrado cristalizar.
Alrededor de las 20, Alfonsín ingresaría al Club Gimnasia secundado por el presidente del Comité Provincia, Miguel Basse, y el senador provincial, el tandilense Carlos Fernández. Unos metros más atrás, casi auto relegadoo de laefervescenciaia, el intendente Miguel Lunghi, que se colocaría todo el tiempo a un costado -bien al costado-, dejando en claro que anoche no era su noche, era el protagonismo de otros.
Serían una 45 minutos de oratoria del candidato frente al atril (incluso pidió disculpas al eufórico auditorium por el tiempo ocupado), eligiendo distintas tonalidades, entre la reflexión y la euforia, para aclimatarrr a un público ávido por escuchar definiciones en tiempos de indeficiones y/o confusioneemanadasass de distintas especulaciones político partidarias que hacen a eventuales alianzas o frentes de cara a competir con un oficialismo que las encuestas lo señalan como fuerte, y sobre lo que el propio Alfonsín aclararía sobre su descreimiento.
El dijo preferir medir sus propias sensaciones, percepciones tras sus giras a lo largo y a la ancho del país, e insistiendo en la necesidad del pueblo argentino por un cambio que supere las falsas antinomias, la crispación, el desagravio al que piensa distinto, a cambio de más república.
En su largo discurso no dejaría de señalar algunos tópicos de lo que resultarán sus ejes programáticos a plasmar en su plataforma electoral, como el incremento a los haberes jubilatorios y, por caso, reflotar las redes viales, cabatillo de batalla que hasta aquí se lo escuchara insistentemente al candidato por Proyecto Sur, Pino Solanas.
También aludiría a un plan alimentario para terminar con el flagelo de la desnutrición, y después arremetería con la necesidad de un verdadero federalismo, para lo cual requiere de la intervención de la política, del Estado.
Así, aclararía sobre aquellas voluntades y especulaciones que instalan la idea de un frente común con distintas fuerzas políticas, incluso el Peronismo Federal y hasta el macrismo.
Al respecto, Alfonsín sentenciaría que serán todos bienvenidos en tanto y en cuanto compartan las mismas ideas programáticas y dejen de lado la falsa dicotomía entre mercado y estado. Para él ambos deben ir de la mano en forma equilibrada, y, aquellos que así lo entiendan serán recibidos en el espacio que él lidera desde la UCR. En todo caso, ironizó, si entienden que son los menos malos no tendrían problemas en que apoyen con el voto.
Después de la necesidad de instaurar la república, Alfonsín ahondaría en otros tópicos como el diálogo, el consenso y la ciudadanía, a través de la educación.
Insistiendo en los tonos discursivos y gesticulaciones que otrora supieran enaltecer la figura de su padre en la década del 80, el candidato presidencial del radicalismo pasó por la ciudad, bajo una euforia medida, a la par del perfil del que estaba en el escenario, inmerso aún en las incertidumbres electorales que deparan las posibles y eventuales alianzas a tejer para enfrentar a un oficialismo que, al entender del propio Alfonsín, se lo podrá vencer en la segunda vuelta.
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