12 de octubre de 2011

Deportes

Deportes. BOXEO: Como en el Far West

Las entidades mundiales de boxeo lo han prostituido. Acumulan campeones bajo cualquier título que se les ocurra para aumentar sus ya millonarios ingresos, a una caja que tiene una angurria insaciable. No sólo eso. El atractivo que tienen todos esos titulejos llamados latinos, intercontinentales, que podrían igualmente llamarse “aire y mar”, “cielo y tierra”, “ártico y antártico” o “rayos y truenos”, son para el mismo fin. La única utilidad que tienen es para recaudar y para que quién los gana compre -sí señores- compre un puesto preferencial en el ranking mundial de la entidad que sea. Ya no se necesitan más clasificadores para ser retadores a un cinturón mundialista, ¡poniendo estaba la gansa!, y el tipo como arte de magia es uno de los mejores doce o quince del mundo.
Eso pasa en los organismos mundialistas. En nuestro país, no corre ni por casualidad ese dinero ni se venden los puestos en los rankings, pero lo que sí pulula es un deporte sin ley, un campo de Agramante, un desquicio que parece que no tiene fronteras y que día a día, nos desayuna con nuevas transgresiones y otras que ya se repiten con tanta frecuencia que han pasado a ser normales y comunes acontecimientos.
¿Quién da las licencias y autoriza las peleas fuera del país? No sabría sinceramente a quién preguntarle. Porque la semana pasada Hugo Sclarandi, que está fuera del circuito por la edad, cuarenta y seis años y cuarenta y tres combates perdidos, peleó en Australia perdiendo por nocaut en cuatro rounds. ¡Por el título nacional australiano! –como si se hubiera nacionalizado- con un pibe de diez peleas, Brad Pitt. Sclarandi está suspendido definitivamente por la FAB desde el 2 de enero de 2009, ellos no fueron. Dicen que hay una especie de kioskito, avalado por la Inspección General de Justicia donde se consiguen con el solo trámite de llevar una foto de carnet. Los gerenciadores de estos repetidos desatinos están identificados, pero nada se puede hacer. Una ley no escrita y un aval rayano en la inconciencia les dejan el campo orégano a los mercaderes de carne humana.
A pesar de que muchos festivales dicen ser controlados por la FAB, si esto es cierto, más bien deberían poner “descontrol”. Todas esas entidades provinciales que se han formado al amparo de la entidad madre no tienen ningún empacho en manejar las cosas como se les ocurra. Árbitros sin capacidad, jurados ultralocalistas, provocan cada tanto, y el año pasado en seguidilla, escandalosos fallos.
En cuanto a transgresiones a la vista, no vayamos muy lejos. Ángel Casiano Giménez peleó el 10 de setiembre con Leandro Esperante y perdió por nocaut en cuatro rounds. Reglamentariamente debe descansar treinta días y presentar algunos estudioso médicos. La Federación Cordobesa fiscalizó la reunión que se realizó siete días después y peleó Angel Casiano Giménez y perdió por puntos. Nada menos que un polideportivo Municipal.
Otra historia, esta vez mendocina. ¿A quién pueden hacerle creer que la rival de Yesica Boop, Daniela Bermúdez bajó seis kilos en un mes y le hizo pelea a la Tuti? Que se lo vayan a contar a Cormillot.
El tandilense Sergio Escobar se ha prestado para el boxeo a lo que venga. Desde hacer peleas truchas para engrosar los rankins de muertos en boxrec.com, para luego, sin que él participe del tramo final, los incautos promotores sean estafados al comprarse los rankings inventados. Estafa que después le venden al público. Escobar, el 30 de setiembre perdió por puntos con Fernando Saucedo, debía esperar doce días para su próximo combate, sin embargo, la Federación Neuquina, avalada por la FAB lo dejó pelear ocho días después en esa provincia contra Bruno Godoy.
¿Estamos o nos hacemos los ciegos? ¿Alguien tiene algún control o es la ley del oeste? Esa ley que no existe, que permite todo, como en el Far West. Falta Billy the Kid para pegarle el balazo final a la escasa seriedad que le queda a este deporte.

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