14 de julio de 2011

Deportes

Deportes. BOXEO: El hombre de piedra

Por Marcos Vistalli (mvistalli@hotmail.com)

Cuando el viernes pasado por la AM 1560 pronostiqué no sólo que la pelea no llegaba a su fin, sino que además iba a ser un peleón, no me equivoqué. Era innecesario hacer los diez o doce rounds para deleitarse con buen boxeo. Bastaron solamente unos pocos rounds donde la intensidad y las emociones hicieron subir las expectativas, colmaron la turbación y desataron los temperamentos desconocidos de los más calmos, ante una definición contundente y por momentos inesperada.

El escenario fue el más adecuado, el repleto Salón de los Bomberos Voluntarios en la ciudad de General Villegas, porque el incendio principió y terminó en el ring de esa entidad.

David Emanuel Peralta es un boxeador forjado por el recientemente fallecido Carlos Tello, allá, en su gimnasio de Rincón de Palos. Es un técnico, un boxeador con estilo, contragolpeador nato y que además subía con la fulgurante antorcha de veinte combates invicto. En el otro rincón lo esperaba el local, el campeón sudamericano interino Claudio “El Pumita” Olmedo, que sabe tanto de dar como de recibir. Inclaudicable en el ataque y con una inusual resistencia al momento de asimilar los golpes del rival.

Como dos pensantes boxeadores, estuvieron durante el primer minuto de combate sin soltar una sola mano por parte de ninguno de los dos. El Pumita buscó la brechas y cuando las encontró, lo que recibió fueron los certeros contragolpes de izquierda por dentro más los boleados de derecha que se estrellaban en su cara. Las huellas del castigo se notaron al llegar Olmedo a su rincón, un pómulo hinchado y la cara enrojecida. En el round siguiente la tónica fue similar, con el agravante de que apenas comenzado el round, la sangre comenzó a brotar de la nariz de Olmedo y su cara se iba encendiendo por los certeros contragolpes del cordobés, que había encontrado un excelente refugio en los rincones donde prevalecía por su velocidad y puntería. Hasta la mitad del tercer round la tónica no cambió, pero a partir de allí, justamente donde Peralta había encontrado la llave, el Pumita se lanzó con un arrollador ataque mano por mano donde su potencia empezó a doblegar el tecnicismo del cordobés. Con notables huellas en el rostro el local iba emparejando la pelea. Bien mandado por su segundo Valdebenito, el campeón buscó sin miedo y singular fiereza a su rival en los rincones que habían sido su refugio y carta de triunfo en los dos primeros rounds. Volvió al cambio de golpes pero ya no uno por uno, eran dos por uno a favor del local y con el doble de potencia terminando el cordobés con las piernas como un flan y con reacciones tardías y un evidente cansancio como si ya hubiera dado el resto.
Al inicio del quinto Olmedo atacó con todo, y esas pesadas manos se hicieron sentir. Se bamboleó Peralta, hizo un leve tránsito beodo y terminó en el suelo donde el árbitro Rodolfo Stella le decretó el nocaut técnico.

Ganó el hombre de piedra (no me refiero a esa horrible enfermedad) sino a la capacidad de asimilación que tiene Claudio Olmedo, a quién no es la primer vez que veo con la naturalidad que recibe los golpes para después imponer los suyos que son una especie de anestesia cruenta, si tomamos su record y encontramos que de de veintidós peleas ganadas, veitiuna son por nocaut.

Es su estilo y su idiosincrasia. Nadie se la va a cambiar porque él es como es, dueño de un superyo boxístico al que nadie le hará entender que los golpes no son vitaminas hasta que alguien lo llame a la realidad y algún día piense que en el boxeo también hay un deber que hacer y aprender que se llama defensa. Porque no sería el primer duro que termina a fuerza de recibir en un pan de manteca.

Previo a la pelea se anunció que el ganador era retado por Lucas Matthysse, ¿se hará?.

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