16 de noviembre de 2011
Primero está el negocio y nadie necesita explicárselo a Bob Arum. El promotor de la pelea entre Manny Pacquiao –que se vislumbraba como cómodo ganador- y Juan Manuel Márquez ha sentido que a sus pies temblaba el esperado enfrentamiento entre el filipino y Floyd Mayweather Jr. Gracias a la deshonestidad de los jueces, la mayoría veteranos de encuentros mundiales, a los que no les importa andar sin careta, le dieron la victoria al “negocio” de Arum y no a quién había ganado la pelea.
A través de los doce rounds, se pudo ver a Márquez como el boxeador que mejor hizo las cosas sobre el ring. Su derecha, ante los ataques de Pacquiao produjo los mejores impactos y los más poderosos de todo el combate. El estilo contragolpeador de Márquez, lo convirtió en un "agresor en retroceso" neutralizando la potencia de los golpes que le tiró el filipino, dando primero el paso atrás y luego atacando cuando el rival tiraba sus manos. Márquez hizo eso durante todo el combate, y el resultado fue que la efectividad de su agresión fue incluso superior a la de sus peleas anteriores ante Pacquiao, donde, también el fallo de los jurados dio para sinfines de controversias.
El campeón filipino no fue el de otras veces, ahora que es diputado o algo similar en su país, tal vez se haya aburguesado, como los nuestros, que de comer guiso en una fonda, antes de cobrar el primer sueldo ya pueden ir degustar shushi a Puerto Madero. Tampoco se encontró con la lentitud de sus otros rivales o directamente con la inacción como ocurrió con Clotey. Acá se enfrentó por tercera vez, con la sangre mejicana, que sabe de resistencia, que sabe de corazón y que además, por si fuera poco, sabe boxear.
Nacho Berestain, en cada round le decía a Márquez: vamos ganando. Error, debió incentivarlo aún más, pues comprobado está que es una equivocación dejar el fallo en manos de los jueces. Y no solamente allá.
Mucho más se esperaba de esta pelea, no hubo momentos explosivos, mucho menos por parte de Pacquiao. El vaticinio de José Sulaimán: “sería un milagro que ganara Márquez” no se cumplió por el manejo absurdo de las matemáticas de los jurados, para los que deberían reabrir Alcatraz y ponerlos en la misma celda que Al Capone. Pero si superar a Pacquiao como lo hizo Márquez es un milagro, pues Sulaimán acaba de presenciar uno.
La mayoría de las tarjetas extraoficiales imparciales tenían entre dos y cinco puntos para Márquez. Los filipinos: empate.
Para colmo, cuando se tuvo acceso a las tarjetas de los jurados oficiales, ninguno de los rounds dados a uno y otro boxeador coincidían. Las apreciaciones fueron totalmente dispares en cuanto a qué round ganó cada uno, pero eso sí, aunque uno le salvó la ropa con un empate, los demás fueron más lejos, dieron ganador al que perdió.
El abucheo fue tan grande que la palabra de Pacquiao al ser entrevistado sobre el ring no se pudo escuchar, ni tampoco interesó.
Ahora Arum, quiere hacer una cuarta pelea. Márquez piensa en el retiro. Al promotor los tiempos lo están apurando con lo que sería la pelea más taquillera, Mayweather-Pacquiao, porque ya está demostrado que el filipino no es el mejor libra por libra. Y lo peor que le podría pasar es que el mito del ídolo filipino se le caiga definitivamente.
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