21 de julio de 2011
Por Marcos Vistalli (mvistalli@hotmail.com)
Alguna vez el ex campeón del mundo del los plumas, el cubano Ultiminio “Sugar” Ramos me dijo: “Yo creí que siendo bueno, le podía ganar a los más grandes. Me equivoqué, me pasé a los ligeros y me fue mal”.
Traigo esto a cuento porque Hernán “Pigu” Garay, ex monarca de los mediopesados, habrá pensado lo mismo con respecto a Marco Huck, un serbio-alemán, campeón del mundo de los cruceros y allá fue a Münich a tratar de quitarle el título.
Huck no es un gran boxeador, no sobresale de entre los euroasiáticos que afincados en Alemania muestran nada más que un simple boxeo lineal, repetitivo, pero agresivo y todos ellos con una resistencia notable para el castigo. Casi diríamos que su boxeo se basa en potencia y resistencia.
El argentino subió muy gordo, su categoría es medio pesado y los ocho kilos de más repartidos como una pareja pella sobre su tórax, desdibujaron un físico otrora atlético. En un principio se lo notó más movedizo, pero falto de distancia y algo atropellado, como si quisiera terminar pronto la faena, pero en un retroceso, en ese primer round, dos manos en directo sobre la frente lo enviaron a la lona. Siguió igualmente Pigu con el plan trazado y se generó un buen combate donde el campeón era más efectivo y el retador más efectista. A partir del tercero –donde le descontaron un punto al campeón por infracciones reiteradas- Garay atacando constantemente logró vulnerar varías veces a su rival con combinaciones al rostro, mientras Huck trataba de pararlo golpeando en la zona baja. Las ventajas que había obtenido el local se iban diluyendo round tras round y en el quinto, la fatiga en el serbio era evidente poco acostumbrado a un acoso permanente, pidiéndosele a Garay desde su rincón que apurara el trámite pues parecía que su contrincante había dado el resto, ya que solamente respondía con tímidos golpes.
Cuando todo hacía suponer que Huck iba a terminar apaleado, en el octavo round salió un hombre casi nuevo, que se llevó por delante a Garay y le conectó muy fuertes impactos en la cara, que iba tomando un color rojizo.
Hasta que llegó el décimo asalto. Con el argentino más cansado y el serbio renovado. Luego de unos cruces y abrazos Huck erró un uppecut de izquierda y seguidamente mandó un swing de derecha que dio pleno en el rostro de Garay, conectó un cross de izquierda y cuando el argentino se iba dando vuelta, rumbo a la lona, acertó con otro swing de izquierda. Todo terminó allí. Huck reteniendo por nocaut el título que, atraco mediante le sacó al argentino Víctor Ramírez y que sigue siendo campeón porque en un fallo insólito también le regalaron la pelea que había perdido con Denis Lebedev.
A fin de cuentas Ultiminio tenía razón.
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