1 de abril de 2011

Espectáculos y sociales

Espectáculos y sociales. Cabezada y Riendas

Rincón Tradicionalista
por Ernesto R. Sangineto
“Un país que no respeta sus costumbres y tradiciones condena a muerte su nacionalidad”
En las muchas descripciones que he hecho en varias notas de esta columna, referentes a los diferentes componentes del recado criollo en todas sus etapas de evolución he hablado de cabezadas y riendas en forma elíptica (por arribita) y no en detalle de estás tan importantes piezas, diría que fundamentales, porque de su manejo obtenemos nada y nada menos que la conducción de nuestro montado.
Como sabemos, al tomar el criollo ejemplo del español en la forma de ensillar y no contando obviamente con la existencia de talabarterías especializadas y a pleno campo se las ingenio confeccionando con tiras de cuero crudo que pasadas por detrás de las orejas del animal, las cuales tenían una presilla provistas de un botón en cada extremo prendiendo de las mismas a las argollas del freno en su parte superior,que se regulaban al igual que hoy en muchos modelos sobre todo antiguos, por medio de una hebilla de hierro o plata sobre el tuse del caballo en la nuca de este. Luego se agregó una tira por sobre la frente para afirmar la cabezada a la que se llamo “frentera” o “testera”.
Estos juegos de cabezada con el tiempo y el gusto del gaucho por vestir más lujosamente a su montado se realizaron (como se realizan hoy) con diferentes adornos, como ser: esterillados de tientos, trenzas patrias (trenza rectangular plana) o trenzas redondas de “8”, todos trabajos de fina soguería, exclusiva de nuestras pampas u orientales, que también fueran copiadas en sus comienzos de los trabajos de trenza cuerda o cáñamo que realizaban los marinos españoles del Mediterráneo.
En los juegos de lujo, más avanzada la historia ecuestre de la colonia, que fueran realizados por orfebres plateros de la época, en su mayoría venidos desde Europa, las cabezadas se confeccionaban en chapones de plata de ahí la denominación “chapeado”, canebones (canutillos prendidos entre si), mallas de plata de 16 o 32 hilos adornadas con rosetones y terminadas en elegantes presillas para prender al freno, también de plata y por último los pasadores que se encanutaban a los tientos, siendo los más largos y con soajes en sus extremos, redondos (de carretel) o chatos los más antiguos. Los denominados de anillo y “barrilito” son los más modernos, los cuales confeccionados en pura plata o plata baja o alemana (alpaca) se importaban al país desde Europa en grandes cantidades, lo que permitió al ser comercializados estos en los boliches de campo, que el gaucho pudiera por su propio y proverbial ingenio confeccionar sus propias prendas de lujo, orgullo de fiestas camperas, desfiles y toda ocasión donde lucir su caballo.
La cabezada con bozalejo, también denominada medio bozal, fue muy usada junto al fiador (collar o anilla llamado “jaquima” por los árabes) elemento que dejara de usarse, al ser reemplazado por el bozal como hoy lo conocemos por ser este más fuerte y seguro. El bozalejo cruzaba sobre la frente del caballo en forma de “X” o con travesaño central que iba de la testera a la hociquera, generalmente con adornos tanto en los de tientos como en los de plata, uniendo la hociquera a los travesaños laterales por medio de una argolla a la cual se prendía el freno.
Entre los juegos de cabezada de bozalejo de lujo, se destacan los realizados en cadenilla o el de canebones de plata, generalmente de origen mesopotámico por ser muy vistosos en su confección tarea en la que los plateros de antaño como los de hoy volcaban todo su talento y buen gusto en la realización de los mismos, cumpliendo con las exigencias de los futuros dueños.
Las riendas en la equitación gaucha o criolla, siempre fueron en número de dos confeccionadas en cuero crudo, de una sola lonja o dos cosidas entre sí con esterillados u otro adorno como trenzas patrias o redondas siempre haciendo juego con la cabezada, lo mismo para las de plata de puro metal en los chapeados de lujo, tejido de malla, o combinadas con cuero, luciendo pasadores de plata, con bombas o medias bombas de diferentes tamaños y de acuerdo al diseño. Se dividen en tres partes: la primera a la salida de la pata del freno a través de una presilla de soga o metal según sea el juego de 25 centímetros rematada en una argolla que la unirá al cuerpo principal de más o menos un metro de longitud para unir con una segunda argolla la llamada “yapa” o “azotera” de un largo similar al cuerpo central, terminando esta en dos, tres o más colitas, tramo que puede ser usado para dar un azote al caballo al animarlo.
El uso de dos o más argollas en todo el largo de las riendas, tendrá que ver con el gusto personal de su dueño, puesto mucho distaban los de lujo y de complejos diseños a una rienda de domar, mucho más gruesa y de una sola lonja o dos cosidas que deberían soportar los brutales tirones del potro en la primera ensillada y los que vendrían después hasta que ya “hecho en la boca” y “aflojado el cogote” obedecería dócil al mandato de unas riendas de mucho menor porte y mas lujosas arrollando su cuello y escarceando , haciendo sonar la coscoja del freno ,como le gusta a nuestros paisanos.
En la foto que acompaña la nota, vemos un hermoso juego de bozalejo y fiador realizado en trenzas patrias con adornos de moñitos en el travesaño central, las maneas colgando del fiador como era de uso, freno de candado de hierro y riendas trenzadas terminadas en varias colitas en la punta de la azotera.
Bueno amigos espero que la nota haya sido de su gusto un saludo y hasta la próxima

Correo de Lectores abierto.

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