10 de diciembre de 2011
Tradicionalmente Tandil ha sido una ciudad muy tranquila, un lugar donde muy pocas cosas han podido alterar esa paz, un lugar donde muy pocas cosas han hecho que su mansa gente se manifestara públicamente. En general, siempre los motivos para estas manifestaciones llegaron de la mano de algún logro deportivo, protagonizado por alguno de nuestros famosos representantes nativos o por el triunfo de algún equipo de los favoritos de nuestra gente en tal o cual campeonato.
Parecía que esa mansedumbre era un sello de nuestro pago, que la serrana gentil, apodo con la que se la conoció en otros tiempos y lugares, también lo era con su propia población; parecía que en Tandil nunca pasaban cosas graves o importantes como para provocar la reacción de nuestros vecinos; que nos parecíamos al paisaje que nos rodea, a nuestras piedras, duras, gastadas, silenciosas, inmóviles.
Pero solamente parecía, porque nuestras piedras viven. Una, no la de cartón, todavía late con fuerza en su lecho, la otra vigila, el resto nos rodea y nos muestra sus heridas y por allí comenzó nuestra gente a sangrar, por allí comenzó nuestra gente a gritar, por allí comenzó nuestra gente a manifestarse. Ejemplo de perseverancia y de lucha que se transformó en contagioso. Comenzaron a aparecer así otros grupos de personas planteando públicamente sus necesidades, sus intereses, en problemáticas tan serias y básicas como vivienda a los que se sumaron reclamos salariales en distintas actividades, o por injustos despidos de alguna empresa o tan sensibles, latentes y actuales como la pobreza, como la salud.
Y es acá, específicamente en este tema, la salud, donde quiero hacer hincapié, porque en estos días nuestro “médico pediatra de cabecera” dijo con respecto a nuestro Hospital de niños y en respuesta al reclamo concreto del grupo de padres que se está movilizando para que funcione la terapia intensiva, el quirófano, que haya oncólogo, nefrólogo, que no sea solamente un pabellón pediátrico de lujo, que en esta materia hay que hacer política en serio y nuevamente como en todos los temas pendientes puso la determinación de su solución en manos de otros, en este caso del gobierno provincial. Habló que los números no justifican que todo esto funcione en relación con la cantidad de casos mensuales que tenemos, que por eso el gobierno de la provincia determinó que somos de media complejidad y por lo tanto y en consecuencia no recibimos apoyo económico del mismo y los casos más graves debemos trasladarlos a Mar del Plata. Números, estadísticas, que relegan una vez más al aspecto humano, a nuestros hijos.
Hace poco más de tres años que se inauguró este Hospital de niños con todas las salas preparadas y con equipamiento pagado por el gobierno de Scioli, por lo tanto hace poco más de tres años que nuestro Intendente sabe que para poner todo en funcionamiento no iba a contar con ninguna ayuda de afuera y que debía hacer algo para conseguir los recursos económicos necesarios. También sabe, porque esto no es ningún misterio, que este hospital presta servicios a Tandil y a toda la región que nos rodea como Juarez, Rauch, Ayacucho. Es entonces que se nos ocurre preguntar: En todo este tiempo, no se le ocurrió juntar esfuerzos con sus pares de estas localidades vecinas para comenzar a conseguir esos recursos? No se le ocurrió hacer público las limitaciones presupuestarias para ese fin y pedir a la ciudad, incluidos sus opositores políticos, la colaboración necesaria para que entre todos lo logremos? Es que acaso pensó que le daríamos la espalda a tan noble propósito? O es que por su orgullo y egoísmo prefirió ocultarlo hasta que nos elevaran la categoría de complejidad y presentarlo como un logro propio? Era necesario esperar a que un grupo de padres, de ciudadanos comunes preocupados por la salud de sus hijos comenzara a reclamar para enterarnos lo que él hace tres años ya conocía? Es por desidia? O es que pensó que nadie se daría cuenta?
Se nos ocurre un sinfín de preguntas las que, por respeto a la inteligencia y sensibilidad de nuestros vecinos, no debieran ser contestadas con números o con estadísticas, porque nada de esto justifica el riesgo que se corre en los traslados de los pacientes graves, nada de esto justifica la posible muerte de algún paciente, nada de esto justifica la angustia y la inseguridad que provoca saber que quien debiera estar al frente de estos reclamos haga la vista gorda y al mejor estilo Poncio Pilatos, se desligue de semejante responsabilidad.
Ud. pensó en un Tandil soñado creyendo que nuestro pueblo dormía, pero nuestro pueblo está despierto, nuestro pueblo reclama, nuestro pueblo pide, nuestro pueblo cuestiona, nuestro pueblo exige.
Señor Intendente, es hora que se despierte, nuestro pueblo está trabajando…y Ud?
HUGO BASUALDO
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